Publicidad
 
21/07/2025

De Sabato y Benedetti: recuerdos de un fotógrafo

Entrevista exclusiva con Eduardo Longoni.
Una de las imágenes que atesora Sabato, libro de Longoni recientemente reeditado (imágenes gentileza).
Una de las imágenes que atesora Sabato, libro de Longoni recientemente reeditado (imágenes gentileza).

El fotógrafo Eduardo Longoni, reconocido por haber captado en imágenes momentos significativos de la historia argentina de las últimas décadas (la “mano de Dios” de Diego Maradona y el copamiento de La Tablada, por ejemplo), acaba de reeditar, a través de LP Editores —donde una de las personas a cargo es el barilochense Jorge Piccini—, Sabato, libro que, con los años, para los amantes de la literatura, se ha transformado en mítico.

Lee también: El fotógrafo de la mano de Dios: “Más que de un acierto, nació de un error”

Originalmente, la obra había salido por Seix Barral en 1994. “Nació un poco por casualidad”, cuenta Eduardo, desde Buenos Aires, para luego evocar: “De un suplemento de cultura, me encargaron fotografiar a Ernesto Sabato en 1991, porque cumplía ochenta años. Así que fui a hacerle fotos y nos quedamos charlando toda la tarde en su casa de Santos Lugares”.

“Las imágenes que se publicaron le gustaron, y me pidió si le podía copiar alguna… Estamos hablando de una época de fotografía analógica”, explica, y continúa: “Le preparé un álbum y se lo llevé. De esa manera, comenzamos una relación amistosa. Empecé a visitarlo. A veces, lo fotografiaba; en otras ocasiones, sólo charlábamos. Para él, yo era una especie de compañía. Fue durante la etapa donde Matilde, su mujer, empezó a enfermarse, y él estaba un poco solo”.

Sabato, en la intimidad de su hogar.

“Conversábamos de todo… política, su experiencia como físico, su estancia en París en el Laboratorio Curie, un poco de la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas)… Así estuvimos como dos años. Para mí, Sabato era algo así como 'el autor' de mi adolescencia. En la escuela secundaria había leído sus novelas —El túnel, Sobre héroes y tumbas, Abaddón el exterminador—, y el de Alejandra y Martín (personajes de Sobre héroes y tumbas), de adolescente, era el ideal de un amor turbulento”, relata.

De tal forma, dice que aquellas charlas con Sabato derivaron en una propuesta para que el escritor retornara a los sitios que habían sido escenarios de aquellas obras. “Le daba un poco de nostalgia, pero finalmente fuimos a Parque Lezama, Barracas, La Boca… Caminamos por esos lugares donde, en algún modo, estaban sus personajes más queridos”, recuerda Eduardo, quien apunta que, de esa forma, fue reuniendo varias fotos y, en determinado momento, Sabato le propuso hacer un libro.

Las páginas de Sabato muestran diversas facetas del escritor.

“Un día me citó en su casa y estaba la gente de la editorial. Ahí firmamos el contrato. Fue mi primer libro. Él se encontraba muy lúcido y lo pudimos presentar juntos, en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, en Buenos Aires”, rememora.

Se hicieron cinco mil ejemplares que se agotaron, pero el libro nunca se había reeditado. “Laura Lavergne y Jorge Piccini, de LP Ediciones, tuvieron la idea de sacarlo nuevamente, y eso hicimos”, apunta Longoni.

La nueva edición fue presentada recientemente en Santos Lugares. “La casa de Sabato ahora es un museo. Yo había vuelto este año. Los sábados a la tarde hay una visita guiada que hacen los nietos, Luciana y Guido, a quienes yo había fotografiado cuando eran chiquitos. Además, en la casa hay varias fotos que tomé yo, y sobre la máquina de escribir de Ernesto está la primera edición del libro… Me dio un poco de nostalgia. La presentación la realizamos enfrente, en el Club Defensores de Santos Lugares, que tiene un centro cultural con el nombre de Sabato”, indica.

La primera edición del libro de Longoni, sobre la máquina de escribir de Sabato, en su casa, ahora museo, de Santos Lugares.

—¿Cómo definiría al Sabato que usted conoció?

—En aquel momento era, junto a Adolfo Bioy Casares, el escritor vivo más importante de la Argentina. Él, obviamente, lo sabía. Pero además tenía un gran mérito por la responsabilidad de haber sido presidente de la Conadep, lo cual resultó, verdaderamente, un viaje al infierno, porque quienes la integraron fueron los primeros en escuchar los testimonios de familiares de desaparecidos, o de aquellos que habían sobrevivido… Eso, si bien había sucedido diez años antes, creo que lo había sumido en un mundo bastante oscuro. En ese momento estaba escribiendo un libro que contaba con un título que no era precisamente optimista, Antes del fin. Después vivió muchos años más, pero ya enfermo. Estuvo a punto de cumplir cien… Para mí, resultaba increíble estar con ese maestro; yo había llegado a sus letras a los catorce o quince años... Hay algo que siempre sentí con la fotografía: ha sido un pasaporte para estar en lugares donde, de otro modo, no hubiera logrado llegar.

—Luego trabajó con otro escritor, Mario Benedetti, ¿cómo fue esa experiencia?

—Cuando salió el libro de Sabato, pensé que el otro gran escritor que había atravesado mi adolescencia era Benedetti, sobre todo con la poesía, en sus dos vertientes, la de amor y la política. Entonces, le propuse a la gente de la editorial Planeta hacer con Mario un libro similar al de Ernesto. En aquel momento, Benedetti venía mucho a Buenos Aires. De hecho, tenía un departamento acá. Finalmente, la gente de Planeta me lo presentó y yo le propuse ir a Montevideo para realizar un recorrido parecido al que había hecho con Sabato. Benedetti era más joven que Ernesto y, sobre todo, en esa época se lo veía más luminoso. Había vuelto hacía un tiempo del exilio y estaba redescubriendo su país; le gustaba estar en las calles, recibía mucho reconocimiento. Era casi imposible caminar con él por Montevideo, porque todo el mundo lo abrazaba, le querían hacer firmar ejemplares… Mirándolos a la distancia, el libro de Sabato tiene tonos oscuros, mientras que el de Benedetti es más brillante, más claro…

—Incluso cuando ambas obras son en blanco y negro.

—Sí, los dos libros son en blanco y negro, pero en el de Benedetti hay una cuestión luminosa del paisaje, su sonrisa, de cómo él vivía aquel momento… Con Mario tuvimos un acercamiento muy grande. Terminó transformándose en una especie de abuelo paterno de mi hija, el abuelo que no tuvo, porque mi papá había muerto antes de que ella naciera. Mantuvo una relación muy potente con mi familia.

Benedetti, a través de la cámara de Longoni.

—¿Cuántos años tiene?

—Sesenta y seis.

—Y en este momento de la vida, ¿qué es la fotografía para usted?

—Más allá de que me gusta escribir, la fotografía es el lenguaje con que más cómodo me siento. No así el de la fotografía periodística, que es con el que nací en esto, pero estoy retirado y veo con cierta lejanía lo que los medios hacen ahora con las imágenes. La cuestión de la digitalización llevó a que la fotografía documental perdiera ciertos vestigios de credibilidad, y la inteligencia artificial está realizando estragos. Pero, para mí, la fotografía sigue siendo mi lenguaje. Hago fotos cuando viajo, cuando estoy en la calle… A veces las publico en las redes sociales y, en otras ocasiones, solamente forman parte de algo que nunca he abandonado.

Longoni, según la mirada de su amigo Fredy Heer, quien falleció en julio de 2024.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?