Publicidad
 
25/06/2025

Para una reconocida educadora, “el cien por ciento de los niños deben aprender a leer en primer grado”

Victoria Zorraquín escribió un libro titulado "No aprendimos nada", donde pone el acento en las dificultades que se observan en las escuelas argentinas con respecto al modo en que se encara la enseñanza en lo referido a la lectura.
La situación de gran cantidad de alumnos que no saben leer aun estando en grados avanzados de primaria conforma un tema que preocupa (fotos gentileza).
La situación de gran cantidad de alumnos que no saben leer aun estando en grados avanzados de primaria conforma un tema que preocupa (fotos gentileza).

Victoria Zorraquín se define como “madre, abuela, educadora, investigadora y escritora”. Es licenciada, profesora y magister en Educación, y publicó recientemente su segundo libro, titulado No aprendimos nada, que habla sobre la problemática que se observa en el modo en que los niños aprenden a leer, teniendo en cuenta que abundan los casos de aquellos que llegan a tercer grado sin saber hacerlo.

Lee también: Las posibilidades turísticas que ofrece el hallazgo del barco hundido en el Nahuel Huapi

“Hace un tiempo, por una cuestión fortuita, estuve en un congreso internacional donde una neurocientífica dijo la frase: ‘Nuestro cerebro no viene cableado para leer’. Toda la vida, en el profesorado, en la universidad, nos habían dicho que se aprendía a leer por estar en un contexto alfabetizador, por ver a otras personas hacerlo, por escucharlas, pero no es así. Nuestro cerebro tiene que hacer una transformación gigante para aprender a leer”, explica.

El encuentro al que hace referencia Victoria es el de la asociación Learning & the brain (Aprendizaje y el cerebro), de Estados Unidos. “En ese marco, se llevó a cabo un taller que se llamaba ‘Cómo hace el cerebro para aprender a leer’. Nunca me había involucrado específicamente en la alfabetización, me dedicaba a otros temas educativos, pero, tras escuchar la exposición, surgió un interés que empecé a compartir en las redes sociales. La verdad es que noté que había mucha gente interesada por el tema”, indica la educadora, quien advierte que incluso existen “docentes preocupados pero a la vez asustados, porque el sistema, durante mucho tiempo, les ha impedido hacer cosas como colgar un abecedario, enseñar sonidos y letras… Se decía que era ‘autoritario’, que el niño tenía que descubrir todo eso solo”.

“Nuestras leyes no dicen que la escuela tiene que enseñar a leer. Creímos que había que esperar a que los niños maduraran para que pudieran hacerlo, que iban a construir solos ese tema, y lo que está demostrado es que apenas un cinco por ciento puede”, señala.

De tal forma, si bien detalla que “hay niños con mejor oído y capacidad de observación, que se dan cuenta de que cuando hablamos coarticulamos, para los cuales el tema es más fácil, la realidad es que no se aprende solo”.

“Nuestras leyes no dicen que la escuela tiene que enseñar a leer", dice en referencia a un tema controversial.

“Necesitamos que se nos enseñe explícitamente, porque cuando el sistema empieza a decir: ‘No hagas nada, dejá que el niño construya’, nos encontramos con esta tragedia”, asevera, en referencia a escuelas donde predominan niños de tercer grado o incluso instancias superiores con problemas severos de lectura. Así, expresa: “Para que se pueda leer, hay que enseñar los sonidos y las letras, lo que se llama la conciencia fonológica. O sea, el cerebro se tiene que dar cuenta de que eso que está en un papel no es un objeto, no es una cara, sino una letra que posee un sonido”.

Igualmente, la profesional aclara que enseñar de nuevo ciertas cosas que quedaron en el baúl de los recuerdos no implicar retrotraer a la escuela como institución, ni fomentar una enseñanza rígida. “Lo que hemos avanzado, lo que han logrado los docentes presentando una escuela afectuosa, resulta genial, pero se deben enseñar los sonidos y las letras. El español es un idioma casi transparente. Lo que muestran los especialistas en alfabetización es que con una enseñanza correcta, de dos fonemas por semana, en tres meses los niños conocen nuestro lenguaje escrito y comienzan a leer”, dice.

“Esto es ciencia. Ponerse en contra es como no estar de acuerdo con la BCG (vacuna para prevenir la tuberculosis)”, afirma.

“Hay una gran variedad de cuadernillos, de material para enseñar los sonidos y las letras. Debemos dárselos a los docentes. En pandemia, las escuelas se cerraron, pero cada institución se ocupaba de que llegaran alimentos a las casas. ¿Y si además de alimento y de la tarea escolar se hubiese arribado con un modo fácil para que las mamás y los papás pudieran ayudar a sus hijos a leer?”, cuestiona.

En tal sentido, remarca: “El humano es el único ser del reino animal que necesita de otro humano para ingresar al parque humano. O sea, no entramos solos, como hacen los animales, sino que precisamos de otro que nos dé la mano. Desde que existe la escritura, que es algo reciente en nuestra evolución, parte de eso es: ‘Te voy a mostrar el universo letrado, porque nuestro mundo funciona en torno a las letras’”.

“El cerebro de un analfabeto es distinto que el de un lector. Si se pone un resonador magnético funcional, el cerebro, físicamente, se muestra diferente. Es algo que se puede ver. El de un lector forma nuevas redes neuronales, es más evolucionado. Es cruel dejar a los niños sin esa posibilidad, cuando resulta tan fácil hacerlo”, reflexiona Victoria, quien llegó a la ciudad (donde brindó una charla en el Instituto Primo Capraro) por una iniciativa de la agrupación Convocatoria a la Participación Ciudadana (CPC) y la Fundación Civilitas.

Antes de aquel congreso en Estados Unidos, que deparó un interés por la problemática de la lectura en la Argentina, Victoria, según cuenta, se dedicaba a cuestiones relacionadas con “la forma en que un docente puede trabajar en un aula heterogénea, temáticas de evaluación y liderazgo directivo, entre otras cosas”. Justamente, a partir de esos factores nació su primer libro, Esperanza en la escuela. En tal sentido, aclara que son temas que aún considera fundamentales, pero… “Cuando, casi por casualidad, me topé con las palabras de la neurocientífica en el congreso de Estados Unidos, descubrí que, como Argentina no enseña a leer, esconde el tema”, asegura. Así, desde entonces, para ella, que se comprenda que aprender a leer es hablar de ciencia resulta una cruzada. Justamente, resalta que, con No aprendimos nada, busca “que los ciudadanos comunes se preocupen por el tema”.

Portada del libro No aprendimos nada.

A su entender, la directiva que tendría que existir con respecto al tema debería ser clara y expresar que “el cien por ciento de los niños deben aprender a leer en primer grado”.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?