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21/06/2025

Vino a Bariloche buscando naturaleza y terminó liderando una investigación internacional

Marina Arbetman instalada en la ciudad, enfrentó barreras personales y del sistema científico para impulsar un proyecto de impacto global.
Una historia bien patagónica / (Foto: gentileza Marina Arbetman)
Una historia bien patagónica / (Foto: gentileza Marina Arbetman)

Desde hace años, Bariloche no solo se reconoce por sus paisajes, sino también por ser el punto de partida de investigaciones científicas que buscan proteger el equilibrio natural. En esta ciudad andina se consolidó el trabajo de Marina Arbetman, una bióloga que detectó el impacto ambiental de especies invasoras de abejorros en la Patagonia y cómo afectan a los polinizadores nativos. Su investigación, nacida en los valles y bosques barilochenses, fue reconocida y financiada por National Geographic.

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Marina llegó desde Buenos Aires hace más de una década. Buscaba un lugar más conectado con la naturaleza y encontró en Bariloche su espacio. “La vida en la ciudad me saturaba. Me vine a Bariloche, donde vivía mi papá, y encontré que acá se dictaba la carrera de Biología con un enfoque ecológico. Eso me abrió un mundo”, cuenta.

Estudiando en la sede andina de la Universidad Nacional del Comahue, y luego como investigadora del Conicet, Marina comenzó a recorrer los paisajes cercanos con una mirada científica. Fue en el Valle del Challhuaco, a pocos kilómetros del centro, donde notó por primera vez una población de abejorros invasores y cómo los nativos desaparecían.

“Íbamos con mi compañera Carolina Morales a un lugar que parecía un mar de flores amarillas, lleno de amancay. Pero empezamos a notar que los abejorros locales se veían cada vez menos”, recuerda. Aquella observación disparó su tesis doctoral y la convirtió en referente en el estudio de polinizadores.

Un descubrimiento desde Bariloche con impacto global

El hallazgo más importante fue detectar que una especie de abejorro introducida en Chile, usada con fines comerciales, traía consigo un parásito intestinal que enfermaba a los polinizadores nativos. Desde su laboratorio en Bariloche, Marina logró secuenciar el ADN del parásito y demostrar el riesgo para los ecosistemas. El impacto fue tal que su trabajo fue citado en libros internacionales sobre especies invasoras.

Mientras tanto, el monitoreo continúa desde la región, con una innovación tecnológica desarrollada por su equipo: pueden identificar especies de abejorros a través del sonido de sus zumbidos, gracias a grabadoras colocadas en los bosques barilochenses.

También impulsan el proyecto de ciencia ciudadana “Vi un abejorro”, que invita a personas de todo el país a enviar fotos o registros de abejorros a través de redes sociales o en la web abejorros.ar. Desde Bariloche se organiza toda la base de datos y se coordina la investigación.

La investigadora en plena actividad / (Foto: gentileza Marina Arbetman)

Superar barreras personales y científicas

La vida de Marina también estuvo atravesada por obstáculos. En plena cursada universitaria fue diagnosticada con cáncer de cuello de útero y los médicos le dijeron que no podría tener hijos. Contra todo pronóstico, fue madre de Jazmín poco después. En paralelo, enfrentó trabas laborales: por tener más de 35 años, no podía acceder a una beca del Conicet, pero logró hacerlo tras una modificación en los requisitos.

“Cuando mi hija era bebé, se despertaba cada 45 minutos. Y en esos momentos me ponía a pensar cómo mejorar el proyecto”, recuerda. La maternidad, la enfermedad y la pasión por la ciencia convivieron en su día a día, muchas veces desde su casa en Bariloche, entre herramientas de laboratorio, redes de captura y juguetes.

Con el tiempo, su proyecto recibió apoyo internacional. Hoy coordina estudios junto a investigadores de Chile y Estados Unidos. La base sigue siendo la misma: Bariloche. Desde aquí se planifican salidas al campo, se revisan muestras y se impulsa la protección de los polinizadores nativos, según publicó el sitio TN.

Cuidar lo pequeño para proteger lo esencial

“La amenaza no se frenó. Las empresas siguen vendiendo abejorros con parásitos, y eso afecta la biodiversidad y la producción de frutas en la región”, alerta. Marina insiste en que cuidar a los polinizadores no es algo menor: su desaparición afecta directamente la alimentación humana.

Por eso, desde Bariloche, sigue dando pelea. En las aulas, formando nuevas generaciones con compromiso ambiental. Y en los senderos, con sensores y grabadoras, escuchando el zumbido de cada abejorro que aún sobrevuela los bosques patagónicos.

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