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06/06/2025

La importancia del Hospital Garrahan en la vida de una familia rionegrina: "Jamás nos dejaron solos"

La institución pediátrica, referencia nacional en salud infantil, atraviesa hoy un conflicto de gran escala. En este contexto, una vecina de la región compartió su historia.
Personal del Hospital Garrahan con banderas y carteles de reclamo por mejoras laborales. Foto (archivo).
Personal del Hospital Garrahan con banderas y carteles de reclamo por mejoras laborales. Foto (archivo).

Ariana vive en Roca, es mamá de Julián Roca Reyes, un joven que hoy tiene 19 años y que desde que cumplió un año fue paciente del Hospital Garrahan. En medio del conflicto que atraviesa el principal centro pediátrico del país —con reclamos por salarios, condiciones laborales y presupuesto—, ella se refirió a la situación y expresó: "A mí el Garrahan me dio un diagnóstico muy jodido, pero también me dio alivio. Me dio humanidad", en diálogo con el medio ANRoca.

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Julián fue diagnosticado con atrofia muscular espinal tipo II en ese hospital. Antes, Ariana había recorrido otros centros de salud en Roca, Neuquén y Córdoba, pero fue en Buenos Aires donde finalmente lograron ponerle nombre a la enfermedad. Desde ese momento y hasta los 17 años, la familia viajó cada seis meses a Buenos Aires. “Era ir al Garrahan y que lo vieran todas las especialidades. Nunca faltó un estudio. Jamás nos dejaron solos. Siempre nos buscaron una vuelta para que Juli tuviera mejor calidad de vida”, describe.“La primera vez que fuimos, Juli se enfermó en el viaje. Tenía fiebre muy alta. Lo recibieron como en las películas, con médicos de guardia por todos lados, todos trabajando en equipo. Me contuvieron a mí, lo contuvieron a él. Esa fue nuestra primera vez”, recuerda.

Ariana y Julián cuando él iba a la primaria, Hoy tiene 19 años. Su vida es una historia ligada al Garrahan. Foto (ANR)
 

Para Ariana, el Garrahan es un lugar único, y no solo por la excelencia médica, sino la mirada humana. “Saben que están tratando con chicos con historias muy duras. Más allá de la medicación, dan contención, dan tranquilidad. Eso es algo que no se aprende en ningún manual, y ahí lo tienen todos”, expresa.

La familia guarda cada una de esas vivencias con afecto. Pero hay algo más: el lazo que perdura. “Hasta el día de hoy tengo el teléfono de su neumóloga, de su pediatra, de una kinesióloga. Me escriben para saber cómo está. Eso no se olvida más”, cuenta. Y cierra con una reflexión: “Los médicos del Garrahan merecen sueldos dignos, pero también un reconocimiento enorme de toda la Argentina. Porque lo que hacen, lo hacen con el corazón”.

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