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VIA CRUCIS EN BARILOCHE

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18/04/2025

Viernes Santo: cuando el silencio habla más fuerte

Un recorrido de silencio y oración volvió a unir a creyentes en la memoria viva del sacrificio de Jesús por toda la humanidad.
Una ceremonia que sigue convocando creyentes / Fotos Facu Pardo
Una ceremonia que sigue convocando creyentes / Fotos Facu Pardo

La fe mantiene sus tradiciones más allá del paso del tiempo y para quienes viven la religiosidad cristiana, el Viernes Santo no es un día de festejo, sino todo lo contrario: es una jornada de introspección, de recogimiento y de silencio. Es el momento para recordar el sacrificio de un hombre por toda la humanidad.

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A las tres de la tarde, la hora en la que la Biblia ubica la muerte de Jesús en la cruz, los fieles de nuestra ciudad se reunieron en la Iglesia Catedral, convocados por la parroquia Inmaculada Concepción, para participar del tradicional Vía Crucis en pleno centro de Bariloche.

Personas de todas las edades acompañaron la procesión.

Aunque en años anteriores el otoño patagónico se hizo sentir con su frío y alguna que otra lluvia, esta vez el sol acompañó durante todo el recorrido. Cada estación fue seguida con respeto, hasta llegar a la Celebración de la Pasión dentro del templo.

Cada estación planteaba preguntas para reflexionar.

Vecinos de Bariloche y turistas de distintos países caminaron por la calle Beschtedt, reviviendo paso a paso los últimos momentos de Jesús en la Tierra. Entre todos formaron, casi sin proponérselo, el corte de tránsito de calle Mitre y Moreno más dulce y pacífico que se pueda imaginar. Algunos automovilistas, distraídos o ajenos a la fecha, miraban con sorpresa la escena, sin saber quizás del todo qué estaba ocurriendo.

La cruz en las calles de nuestra ciudad.

Fueron los jóvenes quienes llevaron la cruz hasta la última estación: “Cuando Jesús es puesto en el sepulcro”. A partir de ahí, el silencio ocupó todos los espacios. Un silencio que decía mucho más que las palabras y que hacía sentir la profundidad de lo que estaba pasando.

Dentro de la misa, uno de los sacerdotes tomó la palabra y compartió un mensaje que tocó el corazón de muchos:

“Cuando nosotros creemos que el mal domina el mundo, Jesús con su sacrificio único en la historia destruye al mal definitivamente. El mal no tiene la última palabra.

Lo único que nos pide es poner la mano en el corazón y reconocer aquellas faltas que no nos atrevemos a entregar a Dios. Aquellas faltas, aquellas cosas que no perdonamos, que no soltamos, que no queremos reconocer, que no justificamos, que no nos animamos a decir.

Tenemos que dejarlas para que Dios las pueda convertir así como lo hizo con la cruz. Recuerden que la cruz en ese tiempo era un signo de muerte. Jesús lo transformó en un signo de salvación.

Ofrecemos nuestra vida, ofrecemos nuestro corazón, todas nuestras debilidades para que Dios, confiando en él, transforme de una cruz de muerte a una cruz de salvación.”

La ceremonia concluyó como empezó: en silencio, junto a una reflexión íntima que cada uno se lleva consigo. Cada quien se fue con la palabra de Dios guardada en el corazón y ese sentimiento, simplemente, no se puede poner en palabras.

Es un silencio que abraza, que consuela, que deja espacio para la esperanza, que invita a mirar hacia adentro y a renovar la fe, no solo en Dios, sino también en el poder del amor, del perdón y de la entrega. Porque, incluso en medio del dolor, la cruz nos recuerda que la última palabra no es la muerte, sino la vida.

Los jóvenes pusieron el hombro.

Las actividades continúan este Sábado Santo y culminarán con la celebración del Domingo de Resurrección.

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