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13/04/2025

Plantas comestibles no tradicionales: ¡pueden usarse hasta como un sustituto del café!

Un tema que tiene una relevancia especial en Bariloche.
Muchas veces estamos rodeados de plantas que no sabemos que se pueden consumir (fotos: Facundo Pardo).
Muchas veces estamos rodeados de plantas que no sabemos que se pueden consumir (fotos: Facundo Pardo).

En el marco de la semana de la ciencia, en el Puerto San Carlos se realizó un taller denominado “Entretejiendo saberes: las plantas alimenticias no convencionales de Bariloche”.

La propuesta fue llevada adelante por un grupo del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Inibioma), entidad de bipertenencia (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas –Conicet– y la Universidad Nacional del Comahue).

Pero… ¿qué es esto de las “plantas comestibles no tradicionales”? “Son las que no encontramos en las verdulerías ni cultivamos en las huertas, aquellas que crecen de manera silvestre, que nosotros no plantamos, pero, sin embargo, pueden usarse como alimento”, explicó la investigadora Ana Ladio, una de las personas que expusieron sobre el tema.

En tal sentido, a manera de ejemplo, nombró al diente de león, la rosa mosqueta, la zarzamora, el llantén, siete venas… “Hay más de doscientas especies, principalmente exóticas, pero también nativas, que están a nuestro alrededor, en los jardines, en las plazas, al borde de caminos, en los bosques, en nuestras huertas, y casi un setenta por ciento son comestibles y casi nadie lo sabe”, señaló la profesional.

Refiriéndose al diente de león, apreció que se trata de una planta de la que “se usan todas las partes”, y profundizó: “Las hojas se comen, pero también la inflorescencia, lo que llamamos normalmente flor amarilla, que se consume cruda o cocida. Además, se pueden hacer mieles”.

“Lo más interesante para esta época del año, es que el diente de león tiene raíces como si fueran zanahorias, blancas, que si se tuestan y muelen son un excelente sustituto del café”, resaltó, para luego añadir: “Es una planta que posee altos contenidos de vitamina C y A, y las raíces tienen inulina, una sustancia que favorece a bajar la insulina, así que se la recomienda para la gente que es diabética”.

Por otra parte, contó que las flores de la retama, planta que suele verse mucho en primavera, pueden consumirse. “Y los botones florales sirven para hacer pickles”, remarcó.

En tal sentido, Ladio expresó que la retama suele aparecer en guías de plantas europeas comestibles porque, justamente, de allí es su origen.

La investigadora que se desempeña en el Inibioma es etnobióloga. “Estudiamos la relación entre los seres humanos y la naturaleza; en particular, en este caso, hablamos del vínculo de las personas con las plantas”, contó.

“Es una interdisciplina que tiene un poco de biología y otro tanto de ciencias sociales”, amplió, remarcando que, precisamente, la cuestión toma importancia en la actualidad, ya que “existen estudios que muestran que la gente que vive en la ciudad se está distanciando de la naturaleza”, lo que se transforma en una preocupación.

Sobre la semana de la ciencia, apreció: “Para nosotros fue muy importante participar, porque tenemos la convicción de la importancia del aporte de la ciencia al desarrollo de nuestro país, y creemos que es muy importante visibilizar lo que hace cada uno de nosotros en los grupos de investigación, para que la gente pueda apreciar nuestro trabajo y, de alguna manera, ver si podemos ser oídos por el gobierno, ya que nos está desfinanciando y parece que no valora nuestro trabajo”.

En tal sentido, manifestó: “En el Inibioma, como todos los institutos del Conicet, estamos sin subsidios de investigación y con los sueldos atrasados. La situación impacta de manera negativa y  se desincentiva a los jóvenes que quieren apostar por el trabajo científico. Existe una fuga de cerebros, con gente que ha decidido irse al exterior. El Estado nacional ha solventado que se formen como doctores, pero su trabajo es visto como valioso en otros lugares del mundo y acá no”.

La investigadora consideró que el tema es particularmente preocupante en Bariloche, localidad a la que definió como “una de las ciudades con mayor promedio de científicos en relación a la población en general”.

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