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06/04/2025

Kevin Johansen y Liniers en Bariloche: pequeño y “macanudo” milagro de música dibujada… ¡y tántrica!

Cuando el arte ataca.
Liniers y Kevin Johansen, un collage indescriptible y bello.
Liniers y Kevin Johansen, un collage indescriptible y bello.

En tiempos donde predominan los gestos adustos, mayormente a causa de las preocupaciones diarias de un presente en el que la economía suele jugar para un difuso equipo contrario, es de agradecer que una propuesta cultural de calidad invite a sonreír. A divertirse. Porque lo lúdico incumbe también a los adultos, no debe estar restringido a los más pequeños. Y lo que se vivió la noche del sábado en un repleto gimnasio María Auxiliadora, con el show del músico Kevin Johansen y el dibujante Liniers (quienes, como parte del “juego”, en determinado momento del espectáculo cambiaron de rol), fue justamente una invitación a que los rostros se permitiesen la inclusión de sonrisas de las grandes, es decir, de esas que no dejan lugar a dudas y apuntan a reflejar algo así como: “¡Qué bien que la estamos pasando!”.

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Dos artistas sobre un escenario. Uno toca y canta mientras el otro se inspira en el sonido y las letras para realizar dibujos que se transmiten en vivo por una pantalla detrás de ellos.

Ese es el núcleo que mueve el espectáculo que están llevando por diversas partes del país.

En Bariloche, era la primera vez que Kevin (quien ha actuado varias veces en la localidad) llegaba junto a Liniers. Y no quedan dudas de que el show se ubicó en el podio de sus presentaciones por estos pagos.

Resultó evidente que, en esta experiencia conjunta, la transmisión de sensaciones “juguetonas” los envuelve a ellos también.

Dicho sin eufemismos: se nota que la pasan bien. 

Ahí, claro, tiene mucho que ver que sean amigos. Porque lo que se ve, como espectador, deja en claro que esos dos tipos, sobre las tablas, se mueven en una complicidad de quienes se conocen mucho abajo. Es decir, la propuesta muestra el encanto de lo verdadero, de lo que no resulta forzado.

Liniers brilla poniendo en imágenes lo que Kevin canta. En ocasiones, acompañando fielmente lo que las letras impulsan; otras veces, trazando alguna figura que exagera lo que las estrofas dicen, o bien rompiendo en un esbozo el sentido de lo que el músico entona, para llevar lo perfilado en el papel hacia una latitud irónica.

Incluso, el historietista se permite hacer alguna seña con las manos, sabiendo que es reflejado por la cámara. Por ejemplo, lanzando “cuernitos” rockeros metaleros en momentos donde el espectador menos lo espera.

En Bariloche, Liniers se bajó del escenario en el último segmento del concierto para encabezar un “trencito” con gente del público, llevando luego a esas personas arriba de las tablas, para que siguieran con el “dance”.

Desde lo musical, el concierto fue impecable.

El inicio fue con Road movie y siguieron Baja a la tierra, Es como el día, El palomo, el Modern Love de David Bowie, No voy a ser yo, McGuevara´s O CheDonald´s, La hamaca, El círculo, Tú ve (en la que se sumó la artista residente en Bariloche Ine Güemes), La chanson de Prévert (de Serge Gainsbourg), un segmento juguetón de Liniers con un ukelele doble (incluida una particular versión de Creep, de Radiohead), Amor finito, Desde que te perdí, Sur o no sur, S.O.S. tan fashion, Anoche soñé contigo, Guacamole (la “anticanción”, como la define Kevin), Cumbiera intelectual y el colofón perfecto con Fin de fiesta

En el medio hubo tiempo para diálogos imperdibles (incluida una charla acerca del tipo de mucosidad que se tiene en Bariloche durante el día y sus cambios por la noche), una definición del show un tanto extraña (“Este es un recital tántrico”), dibujos impensados (ET, Nahuelito…) y un homenaje al mítico baterista Enrique “El Zurdo” Roizner, quien fue parte de la banda de Kevin durante un largo periplo, además de su amigo.

El bonus track llegó con el lanzamiento de aeroplanos de papel hechos con las ilustraciones de Liniers, que aterrizaron en espectadores más que agradecidos.

Y, como si fuera poco, a la vieja usanza, tras el show, en vez de escaparse rápido, los artistas se acercaron a saludar a quienes los aguardaron, firmar libros y discos, tomarse fotos y conversar.

En definitiva… ¿quién dijo que la alegría es sólo brasilera?

Acá, en la Patagonia, también se ríe.

Sur o no sur…

Sur.

A no dudarlo.

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