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EL VETERANO SUÁREZ Y LOS CUCHILLOS DE MALVINAS

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05/04/2025

Armas con historia: el cuchillo argentino que cautivó a coleccionistas tras la guerra de Malvinas

Las armas blancas también tuvieron su protagonismo en la recuperación de las islas Malvinas Argentinas. El veterano Edgardo Suárez contó dos interesantes historias.
El protagonismo de las armas blancas en la guerra de Malvinas.
El protagonismo de las armas blancas en la guerra de Malvinas.

Los cuchillos de los paracaidistas argentinos fueron confeccionados en 1948 por la Escuela de Aerotransportados con asiento en Córdoba. “La idea se plasmó luego que muchos paracaidistas sufrieran accidentes al quedarse enganchados al momento de lanzarse de los aviones, por eso se los dotó de las mencionadas armas para que puedan cortar las cuerdas y salvar sus vidas”, contó el veterano de guerra Edgardo Suárez.

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Reveló el forjador e historiador de armas blancas que el cuchillo “se creó con el fin de servir para combate y, como se explicó, cortar las cuerdas del paracaídas, ya sea de los aviones al quedarse enganchados o en un árbol cerca de tierra”. El arma tiene hoja de dos filos y empuñadura tipo manopla para la protección de las manos. Posee estilo romano y el gavilán tipo hacha. Con empuñadura de madera para los oficiales y empuñadura plástica para suboficiales. En un principio algunos llevaban la inscripción 'hasta la última gota de sangre', en su hoja”.

En su canal de youtube edgardosuarez1213 refiere que “los cuchillos se usaron mucho en Malvinas porque se vendían en armerías particulares. A fines de los 70 o principios de los 80 se compraban en armerías de Buenos Aires porque quedaban muy lindos exhibidos en las vidrieras. Lo podrían adquirir tanto civiles como militares”.

Suárez hizo mención a la historia el decir: “en las Malvinas Guillermo Corbella, hoy ciudadano barilochense, se retiró como teniente coronel, pero fue a Malvinas como subteniente, cuando él estaba en cuarto año como cadete se anotó como paracaidista y allí le entregaron su primer cuchillo. Con la inscripción 'Colegio Militar de la Nación' y el nombre del cadete”.

Corbella combatió en Malvinas y el último día, de la rendición, “lo palpan de armas y un enemigo observó que por debajo del capote sobresalía un metal”. Levantó el abrigo, vio el cuchillo y expresó: “que lindo, me lo llevó”. Pasaron los años y Corbella se olvidó totalmente de ese cuchillo, y luego un coleccionista inglés que escribe libros, tuvo algunos cuchillos que se habían llevado desde Malvinas a Inglaterra somo souvenirs, posteó el cuchillo. Luego un escritor argentino, Abel Domenech, publicó en un libro ‘El cuchillo Táctico’ con la inscripción (Guillermo Corbella). Entonces el comisario Nieto de la provincia de Santa Fe investigó y encontró a Corbella. Domenech se puso en contacto con el escritor inglés por el cuchillo. El escriba argentino ofreció el cuchillo más caro de su colección para cambiárselo al inglés por el cuchillo de Corbella, con el fin de devolvérselo. El coleccionista inglés se negó porque los ingleses le pusieron un valor muy elevado”.

También el veterano Rubén Pablos encontró un cuchillo como estos en un galpón. Sin vaina. “Pablos me comentó que desarmó el cuchillo, la parte del mango lo uso como si fuera un amuleto en su cuello y la hoja la escondió en la pierna con una venda, como se tuviera una herida. Cuando lo revisaron no le encontraron nada raro y Pablos me contó que en la última revisión, en un buque, los desnudaban para revisarlo, allí le agarró un poco de miedo. Entonces lo llamó a un inglés, con el que estuvo 30 días, con el cual ya no había esa enemistad de ‘enemigos’”, señaló Suárez y agregó: “entonces se desenrolló la venda, quedó al descubierto la hoja del cuchillo, se sacó ‘el amuleto’, armó el cuchillo al mismo tiempo que le dijo al inglés “tomá, te lo regalo”. Me dijo Pablos que el inglés abrió los ojos sorprendido, porque no podía creer que aquel soldado argentino había pasado tantos controles con el cuchillo escondido”.

Al respecto Corbella reseñó: “me encantaría poder hablar con el oficial que me lo sacó, pero no para confrontar sino para intercambiar experiencias, charlar de la guerra y de cómo él la vivió. Aunque desde ya que recuperar el puñal coronaría esta historia que aún a mi me sorprende. Es muy reciente lo que pasó y sucedió en muy pocos días”, siempre tiene la ilusión de algún día volar hasta Gran Bretaña y por qué no, por lo menos, volver a ver su tan preciado cuchillo.

Navaja marinera

Dicha arma blanca la usan los marinos de todo el mundo, las hojas varían entre los 5 a 10 centímetros. “Tiene la punta cortada, mocha, porque en épocas antiguas el capitán del buque le cortaba la punta, ya que los marineros tomaban mucho ron y los hombres del buque ante una reyerta, si bien se podían cortar, no se podía apuñalar. Cuestión de seguridad”, sostuvo Suárez.

La navaja que mostró el historiador barilochense en su sitio de youtube salvó 23 vidas en el hundimiento del crucero Belgrano (2 de mayo de 1982). Hizo mención a aquel trágico momento: “Me contó mi amigo y camarada el ‘Tincho’ Avalos (cabo segundo mecánico) que ese día estaba en el sollado (dormitorio de los buques), allí había unas 70 personas. Al momento del impacto se cortó toda a la luz, se paralizaron las máquinas, el buque se sacudió para todos lados. ‘Era una boca de lobo’, en la puerta donde está el tambucho había un muchacho que tenía una linterna chiquita prendida y todos se guiaban por esa linterna. Siguieron esa luz y salieron a la cubierta principal, recibieron orden de abandono del buque, se colocaron los chalecos salvavidas”.

Cuando el buque ya estaba escorado sobre uno de sus lados “el grupo llegó a una balsa salvavidas, se cortó la cuerda de esa balsa y se fue a la deriva. Encontraron que había una balsa atada, se tiraron a ese bote y allí había unas 23 personas. El buque se hundía y se llevaba la balsa que estaba atada. Hubo desesperación ya que sabían que cuando el buque se hundiera los iba a arrastrar hacia el fondo. Quisieron cortar las sogas con un peine, incluso mordían las sogas, también con un alicate de uñas muy chiquito, pero no lograban cortar las sogas. Hasta que un marinero se tocó y encontró en su bolsillo la navaja marinera”.

Con dicha arma “cortaron la soga, que son unos cabos de una pulgada un cuarto, se separaron del buque y surgió la nobleza del Belgrano que luego de ese suceso se hundió, pero antes dio tiempo a que se salvaran esos hombres”.

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