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04/04/2025

La nueva edición de Ronda combina muñecos de apego con… ¡figuras vudú!

Propuestas innovadoras.
Alternativas originales para los pequeños y los no tanto (fotos: Facundo Pardo).
Alternativas originales para los pequeños y los no tanto (fotos: Facundo Pardo).

Como si fuera una especie de sortilegio contra lo que la cultura popular suele cargar sobre el trece, en la décima tercera edición de Ronda, donde se reúnen emprendimientos creativos para los más pequeños, en un rincón del Salón Cultural de Usos Múltiples municipal (SCUM), de Moreno y Villegas, se ven oscuros muñecos de estilo vudú… Pero a no asustarse que tales figuras, en su presunto horror, en realidad, ofrecen una cuota de ternura.

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Esas creaciones en paño, cosidas a mano, atraen particularmente la atención de los niños, quienes al ingresar al salón suelen marchar hipnotizados hacia el stand de Magia de hilo, puesto en el que se encuentran.

La hacedora de esas invenciones es Morena Chavol, de veintidós años, quien desde pequeña admiraba el mundo artístico del director de cine Tim Burton, en especial por sus filmes de animación gótica en stop motion.

Ahí está, a modo de ejemplo, El extraño mundo de Jack, que, a decir verdad, Burton no dirigió, pero ideó y produjo (contó con la dirección de Henry Selick).

También se puede citar El cadáver de la novia, película que sí fue codirigida por Tim Burton (junto a Mike Johnson).

Es decir, esas influencias calaron desde temprano en la vida de Morena, que en las criaturas cinematográficas que pueblan esos filmes no encontraba nada terrorífico, sino, más bien, el encanto de lo extraño.

Así, un día que su papá, Federico, llegó a la casa con una bolsa repleta de retazos de paño que había quedado tirada en el barrio por una mudanza, con la fuerza del impulso de su mamá, Paola “Pauli” Mena, decidió brindarle vida a las criaturas que deambulaban por su cabeza.

El vudú "tierno" de Morena.

De esa forma, nacieron sus muñecos vudú, hechos a mano, que, asimismo, cargan con una característica particular: los botones que llevan a manera de ojos pertenecieron a su abuela paterna, Isabel, quien le dejó una lata repleta de ellos. Algunos tienen más de sesenta años.

“Cada puntada cuenta una historia, y cada muñeco es un reflejo de dedicación, creatividad y amor por lo artesanal”, se lee en la etiqueta que acompaña sus creaciones, donde también se señala. “Nuestra misión es transformar simples materiales en piezas llenas de encanto, ideales para quienes buscan un regalo especial o un detalle que conecte con lo mágico”.

Brindando apego...

Y junto al puesto de Morena, en el SCUM, se encuentra el de su mamá, Pauli, ya que ella también cuenta con un emprendimiento, Apapachos, con “almohadones de apego para todas las edades”.

“En un momento decíamos que era para pequeños exclusivamente, pero me di cuenta de que, en realidad, todos tenemos un niño interno y necesitamos dar un abrazo en algún momento de la vida”, cuenta Pauli, para luego añadir: “Es un error pensar que haya una edad para esto; todos precisamos un fuerte apapacho”.

Ronda ofrece gran cantidad de propuestas.

Apapacho, según la Real Academia Española, significa “palmadita cariñosa o abrazo”. Pero los mexicanos tienen una definición que cala más profundo. Para ellos, apapachar es “abrazar o acariciar con el alma”.

Se trata de un término cuyo origen lleva al náhuatl, lengua indígena de la zona de México.

Y en algunas de las invenciones de Pauli pueden hallarse ecos mexicanos. Por ejemplo, en los almohadones con la silueta dibujada de Frida Kahlo.

Una buena alternativa para barilochenses y turistas.

Pero, más allá de esa particularidad, ofrece otras creaciones con forma de conejos, dinosaurios, osos… Incluso algunos donde figura el signo zodiacal.

“Se trata de dejar volar la imaginación”, dice Pauli, que hace dos años, como ella señala, se tiró "a la pileta" para abordar el proyecto.

Hasta aquel momento, era empleada en una farmacia. Tras catorce años de esa labor, dio un volantazo para dedicarse a Apapachos. “Soy una persona que me gusta abrazar, contener y, cuando se puede, brindar apoyo. Así que me dije: ¿qué mejor que ponerle Apapachos?”, apunta sobre el origen del nombre.

La cita es en el SCUM; luego, Ronda se mudará al Puerto San Carlos.

En cuanto a su vínculo con la costura, explica que se trata de algo que se desarrolló a lo largo del tiempo: “Cuando tenía dieciséis años, mi mamá me mandó a hacer un curso, y fui apenas a dos clases”, sonríe, advirtiendo: “Solo aprendí a hacer un chaleco y un pantalón”.

“Después, cuando fui mamá (del mayor, Lucas, que ahora anda por los veintiocho años), le empecé a confeccionar ropa a mi hijo”, señala Pauli, quien remarca que, en la actualidad, cuando se sienta frente a la máquina de coser para darle vida a sus apapachitos su mente se dispara hacia lo lúdico y consigue un estado de paz. “Me olvido de que tengo que cocinar y lavar”, ríe.

Un viaje a lo lúdico.

Cabe destacar que esta edición de Ronda, hasta el 11 de abril, se desarrollará en el SCUM, pero a partir del 12 se mudará al Puerto San Carlos, donde podrá visitarse hasta el 20, siempre de 10 a 20.

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