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EL ÚLTIMO GRAN VIAJE

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20/12/2024

Julio Maroa, a mucho menos de ocho minutos del sol: una empresa enviará archivos suyos al espacio

A partir de la iniciativa del dueño de la firma que manda “al cielo” cenizas humanas y de mascotas, como así también registros digitales diversos, varios programas del conductor partirán “al infinito y más allá”
La voz de Julito ahora se integrará al cosmos.
La voz de Julito ahora se integrará al cosmos.

Para estas cosas no hay tiempos… Una pérdida puede doler muchos años después de acaecida. Pero es cierto que, cuando hablamos de una muerte reciente, suele pasar que nos refiramos a la situación como algo difícil de digerir.

Lee también: Julio Maroa: una voz entre la tierra y el sol

Por ejemplo, si nos puntualizamos en el locutor y conductor Julio Maroa, es factible que, intentando creer que la cuestión fue un sueño, que en realidad todo se trató de un mal espejismo colectivo, busquemos en el dial el 93.7 para encontrar su voz…

Pero resulta vano, porque sí sucedió: Julio murió el 21 de noviembre.

Como todos aquellos que lo escuchábamos sabemos, generó un estilo único, en especial con su clásico A 8 minutos del sol (en referencia al tiempo que, si le sumamos 18 segundos, es lo que la luz del astro tarda en llegar a la tierra).

Y, en el summum de la originalidad, Julio nos tenía una sorpresa guardada, un as en la manga.

Porque si el spinettiano capitán Beto viajaba por el cosmos con un anillo extraño, con el que ahuyentaba los peligros, resulta que Maroa, desde vaya saber dónde (lo más probable es que desde algún paraíso donde solo se escuchan buenas canciones), decidió que su voz debía sobrevivirlo en el espacio.

Por eso, pronto partirán registros suyos hacia el infinito.

De alguna manera –quizá mediante alguna transmisión desde ese Olimpo musical en el que es fácil imaginarlo–, Julio se debe haber contactado con un amigo para posibilitar que, con la mejor tecnología posible, pero con alma de casete, su A 8 minutos del sol nos sobrevuele largamente.

El amigo en cuestión es Federico Brito (él cree que la iniciativa fue suya, pero lo cierto es que el asunto tiene que haber sido ideado por Julito en un más allá todavía cercano). Y es un amigo especial… Porque, a fuerza de ser sinceros, debemos señalar que no todos conocemos a alguien que mande cosas al espacio.

Pero eso es lo que Federico hace. Siempre fue un amante del cosmos. Sabiendo eso, Eduardo, su papá, que era médico, en 2021, al percatarse de que su final estaba cerca a causa de un cáncer impiadoso, le comunicó su última voluntad: “Quiero que me cremen y manden las cenizas al espacio”.

Y claro, perdón por el exabrupto, pero con las últimas voluntades no se jode…

El módulo y su creador.

Federico siempre estuvo, de alguna u otra manera, vinculado a la temática espacial.

Más allá de que es licenciado en Enseñanza de la Biología, lo suyo se relaciona con mirar hacia las estrellas.

Por ejemplo, desde muy joven ha trabajado en sistemas de desarrollo de propulsión para cohetes.

Entonces, tras el pedido paterno, se planteó generar una empresa dedicada al tema. 

Así surgió Last trip (último viaje), la firma con la que lleva adelante una propuesta fuera de lo común: el envío al espacio de cenizas –tanto humanas como de mascotas– y archivos digitales.

El primer viaje fue el 3 de enero de 2023. Un cohete partió de Cabo Cañaveral con un satélite que llevó, en un módulo, cenizas de cinco seres humanos –ente ellos, de Eduardo, el padre de Federico– y una perra.

“El espacio, que es inabarcable, quizá le dio a mi papá una sensación de seguridad, una forma de seguir permaneciendo, desde ese lugar, junto a sus seres queridos”, conjetura Federico.

La cápsula que partió al espacio en 2023.

Con cincuenta y un años, la actualidad lo encuentra pensando en invenciones que posibiliten poder seguir en tiempo real la ubicación de los módulos e incluso, por qué no, fabricar sus propios satélites. También está abocado a vincularse con casas funerarias, para que incluyan su propuesta como una oferta más.

Y, mientras tanto, falta poco para que una nueva cápsula de Last Trip parta hacia “el cielo”.

De todo ir bien, saldría a fines de enero de 2025, con un añadido. Además de las muestras simbólicas de cenizas (en celdas individuales), Federico lanzó una campaña denominada Phoenix Flight Celebrating Life!, para reunir en una memoria digital archivos vinculados al ambiente, la salud, el arte, el deporte y la educación.

En tal sentido, detalla: “Después del lanzamiento, los archivos se van a exponer en una especie de galería virtual en nuestra página web (www.lasttrip.net) y en las redes sociales (en Instagram, la firma se encuentra como @lasttrip.yourstarinthesky)”.

Momento del ensayo de la integración al satélite.

Federico, en la segunda mitad de los noventa, vivió durante un período de dos años y medio en Bariloche, sitio al que llegó, desde Buenos Aires, para estudiar en el Universidad del Comahue.

En la ciudad se hizo oyente de A 8 minutos del sol, pero, además, fue vecino del hacedor de ese programa radial, Julio Maroa.

De esa forma, nació entre ellos una relación de amistad.

Federico lo recuerda como “alguien muy alegre, buen cocinero y siempre con un criterio político acertado”. 

“No tenía miedo de decir las cosas como las pensaba”, añade, destacando también su “cordialidad”.

“Era macanudo”, sintetiza, para luego expresar: “Ni bien me enteré de su fallecimiento, creí que debía mandar la voz de Julio al espacio”.

“Hablé con sus allegados y me dieron la autorización, entonces me puse a recopilar archivos, enlaces, fotos, audios… Puse todo en la memoria”, cuenta.

“De alguna manera, se trata de llevar algo de Julio al espacio y acercarlo al sol”, concluye.

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