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CONTINÚA EL CONFLICTO

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30/11/2024

Fracasó el plan de Milei: el consejo directivo del INTA no autorizó el desguace del organismo

Ni las entidades ruralistas aprobaron el brutal ajuste que Manuel Adorni llamó “plan de modernización”.

En una jornada de intensos debates y tensiones, el consejo directivo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) rechazó aprobar los polémicos ajustes propuestos por el Gobierno Nacional.

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La reunión, llevada a cabo en una sede sitiada por un nutrido despliegue policial, tuvo como agenda un ambicioso "plan de modernización" que implicaba la venta de propiedades y el despido masivo de trabajadores. Sin embargo, esta propuesta no logró avanzar ante la férrea oposición de diversas entidades que componen el ente autárquico.

El consejo directivo está compuesto por representantes del Poder Ejecutivo y de múltiples sectores acuindes, incluidos miembros de las entidades ruralistas más influyentes del país, como la Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), la Sociedad Rural, la Federación Agraria, así como universidades públicas. Este conglomerado de opiniones diversas resultó en desacuerdos que imposibilitaron que el plan fuera puesto a votación, dejando a los oficiales proponentes sin el respaldo necesario para impulsar su iniciativa radical.

Afuera, una multitud de trabajadores se agolpaba en las inmediaciones, mostrando su disconformidad con pancartas y cánticos: "el INTA no se vende", se escuchaba resonar a lo largo del día. La tensión palpable en el ambiente se hacía eco de la combativa postura de los sindicatos que apoyaban a los empleados del INTA, fortaleciendo el bloque opositor a la "modernización" del organismo.

En declaraciones a la prensa, algunos de los consejeros señalaron la necesidad de estudiar a fondo el impacto y las implicancias de lo que señalaron como un "virtual desguace" del INTA. Manuel Adorni, el vocero presidencial y mente detrás de los cambios propuestos, había subestimado las capacidades del instituto, llamándolo un "aguantadero". Sus comentarios no hicieron sino acrecentar la preocupación y el escepticismo de aquellos comprometidos con el futuro de la institución.

El INTA, con sus más de 6.450 empleados, representa un pilar estratégico para la investigación y el desarrollo agropecuario del país. La intención de modificar radicalmente su estructura y operación genera, por ende, un franco recelo. No solo se teme por el destino de sus profesionales, sino también por el impacto que esto tendría sobre el avance tecnológico y el bienestar rural en Argentina, subrayando la importante misión histórica para la cual fue creado el organismo en 1956.