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HACIENDO CAMINO

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29/11/2024

El Cordillerano cumple treinta años

De la mano de sus lectores, el medio de comunicación de Bariloche sopla velitas con un número redondo.
La primera tapa del diario de papel, aquel 29 de noviembre de 1994.
La primera tapa del diario de papel, aquel 29 de noviembre de 1994.

Festejar...

Resulta difícil hablar de festejos en estos tiempos, los que nos tocan, una etapa con sus complicaciones a cuestas.

Aunque, en realidad, no existe momento en el que celebrar sea del todo cómodo, ya que siempre hay gente que la pasa mal.

Entonces, exhibirse con una sonrisa de oreja a oreja y brindando en público da “cosita”.

El asunto es que, en este caso, el festejo consiste en poder contar la realidad, incluso lo referido a quienes atraviesan momentos duros –entre los que, quizá, podemos estar aquellos que, justamente, ofrecemos un panorama de la existencia–, y de ese modo impulsar que tal contexto, en definitiva, mejore, con el fin de augurar –para todos– el mejor escenario posible.

Uno quisiera poder teclear a diario noticias positivas.

Lamentablemente, la vida nunca deja de ser una balanza que, de manera constante, oscila entre lo bueno y lo malo, y en ocasiones pareciera que el peso de lo desfavorable predomina de forma persistente .

En este espacio nos empeñamos en mostrar lo que sucede, o recordar lo que pasó… Inclusive, a veces, tratar de avizorar lo que vendrá.

Con esa intención, hace treinta años nació El Cordillerano.

Y en ese propósito insistimos.

Es cierto, la época es otra. Hasta desde lo tecnológico.

Pero aquellos pliegos entintados aún perduran en computadoras y móviles, como si se tratara de un acto de alquimia.

Porque el espíritu del papel se conserva.

Seamos claros: aquí no es cuestión de mentir, el que probó el “sabor” de las páginas en mano difícilmente pueda olvidarlo y mantendrá en su memoria –in aeternum– el “gusto” de aquel manjar.

Para los lectores “de antes”, enmarcados en varias generaciones, el tacto sobre el material impreso iba unido al acto de leer.

En cuanto a los cronistas, hacedores de los artículos que ocupaban aquellas hojas, por un instante se sentían –nos sentíamos – demiurgos modernos, ante la posibilidad de estar frente a algo que nacía en el interior de la cabeza y pasaba a ser palpable. 

No por vanidad, sino por el hecho mágico de acariciar, en aquel barquito de papel que transitaba por la ciudad, el pensamiento hecho palabra.

Pero el hechizo continúa... En otro formato, persiste.

Quienes nos inclinamos sobre una máquina para arremeter contra las teclas, en pos de contar una historia, tenemos en claro que la mejor definición de periodismo no es la del diccionario, sino la de san Gabriel García Márquez, quien lo calificó como “el mejor oficio del mundo”.

“Año 1 – N° 1”, rezaba la primera tapa del diario, el 29 de noviembre de 1994.

“Un nuevo medio de comunicación circula desde hoy por todos los ámbitos de San Carlos de Bariloche”, señalaba la portada, a la vez que prometía: “Será eco de sus problemas, compartirá sus penas y sus alegrías, y en cada mañana vivirá con el lector la ilusión de hacer entre todos un Bariloche mejor”.

Y en eso seguimos, con el mismo ímpetu. A pesar de todo. Por todo.

Es cierto, es inevitable que las nieves del tiempo plateen la sien, como inmortalizaron Carlos Gardel y Alfredo Le Pera en Volver, aunque quizá la mención no sea la mejor, en cuanto a eso de referir a un tango que habla del retorno, cuando, en verdad, desde su nacimiento, El Cordillerano, de un modo u otro, no ha dejado de estar presente. Así que, para contrarrestar cualquier equívoco, tal vez convenga remitir a Nocturno a mi barrio, de Aníbal Troilo, donde Pichuco, sobre un suave acompañamiento musical, desgrana versos en los que, entre otras cosas, expresa: “Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio… ¿Cuándo?, pero… ¿cuándo? ¡Si siempre estoy llegando!”. Y así es con El Cordillerano, siempre está llegando. Cambian las formas, pero no el fondo.

Y en cuanto al avance de la edad, a lo que se apuntaba con aquello de “la nieve del tiempo”, los años pueden traer experiencia y, en algunos casos, sabiduría.

Aquí no nos consideramos sabios, pero tratamos de pensar la realidad y ofrecer, desde Bariloche, una visión de la ciudad, del país y el mundo.

Asimismo, las nuevas tecnologías permiten que esa mirada pueda ser apreciada desde cualquier rincón, ya no se depende de los límites geográficos. En tal sentido, debe destacarse que personas que estiman a la localidad, pero no viven en ella, así como barilochenses que residen en otros lugares, entran a diario en la web del Cordi, para estar al tanto del panorama que se vive en esta zona de la Patagonia.

El nuestro es un sendero que se va forjando al transitarlo, y lo hacemos de la mano de ustedes, lectores, quienes –en el mejor de los sentidos– resultan cómplices de este andar. 

Gracias a su confianza, podemos seguir haciendo camino.

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