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UNA MAESTRA QUE HIZO ESCUELA

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24/11/2024

Falleció Raquel Bethy Fernández de Cejas, docente de la vida

Por su elegancia, le decían “la Mirtha Legrand de Bariloche”
Adiós a una mujer muy querida.
Adiós a una mujer muy querida.

Raquel Bethy Fernández de Cejas tenía noventa y cuatro años.

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El viernes se comunicó con sus seres queridos.

Habló por teléfono, realizó videollamadas y charló con los que estaban a su lado.

De alguna manera, fue un modo de despedirse.

Sentía que el final estaba cerca.

En ningún momento pareció asustada.

Se durmió.

Falleció el sábado, durante el sueño.

Había nacido en Pichileufu, en la estancia del mismo nombre, propiedad de la familia.

María Malaspina, su madre, de orígenes italianos, era hija de quien trajo la mayor cantidad de ganado ovino a la Patagonia.

Su padre, Augusto Fernández, era portugués y había arribado a la zona en 1911.

Bethy, criada en ese marco, demostró ser una docente de alma.

Comenzó a dar clases en Pilcaniyeu.

Era, como suele decirse, una de esas “maestras de antes”, que guiaba a los niños con sus enseñanzas en un ámbito campestre.

Luego continuó con la docencia en Bariloche, en escuelas como la 16 y la 185.

Se casó con Hugo Cejas, con quien tuvo tres hijos, Cristina, Horacio y Hugo.

Con el tiempo, vinieron esos regalos que suele dar la vida en forma de nietos –cinco– e incluso tres bisnietos.

Quienes la conocieron cuentan que trabajaba sin parar, siempre pensando en el futuro de sus hijos.

Tras muchos años como maestra, fue secretaria en el viejo Colegio Nacional, como así también en el Centro de Educación Física.

Cuando se jubiló, puso un comercio en Moreno entre Otto Goedecke y Onelli: Mafalda (bazar, perfumería y regalos).

“Siempre fue una mujer muy activa, dinámica, de trabajar y trabajar, pero nunca descuidó el hogar y a sus hijos. De hecho, siempre 'nos marcó un poco la cancha', en cuanto al comportamiento y la formación; estamos enormemente agradecidos”, resaltó Cristina, su hija, quien expuso que Bethy mantuvo “el respeto y la educación como símbolos y emblemas de la familia”.

Con un grupo de amigas.

Lo curioso –o no tanto para quienes conocían su personalidad– fue verla en el rol de comerciante, ya que, en ese papel, también mostraba un espíritu docente y, así como quienes fueron sus alumnos aún hoy la evocan con cariño, sus clientes de Mafalda igualmente la reconocen como una maestra de la vida. 

“Ese amor que puso en el negocio, un ámbito distinto tras la docencia, le ayudó muchísimo para construir algo nuevo y continuar cultivando amistades”, señaló Cristina.

Lo cierto es que le costó abandonar el comercio; a pesar de la edad, quería seguir trabajando.

Y un punto a remarcar tiene que ver con su elegancia. “Muchos le decían que era la Mirtha Legrand de Bariloche; siempre fue prolija, cuidaba mucho la imagen”, sonrió Cristina.

Junto a Cristina, su hija.

En el último tiempo, al ver cómo se acercaban muchas personas a saludarla, tanto exalumnos como quienes habían sido clientes en Mafalda, Bethy comentaba: “Trabajé mucho, pero ahora es tiempo de cosecha”.

“Siento un orgullo muy grande por mi mamá y todo lo que nos dio y enseñó”, expresó Cristina.

Reingresando al aula.

En agosto de este año, Bethy tuvo una especie de nuevo acercamiento a la docencia que, a la vez, sirvió como una despedida de las aulas.

Con motivo del aniversario número setenta y cinco de la escuela 185, brindó una charla en esa institución acerca de la importancia de la educación.

Con sus noventa y cuatro años, volvió a recibir besos y un cariño inmenso por parte de los chicos, que la rodearon para abrazarla.

Para ella, fue maravilloso.

Recibiendo el cariño de los niños, en la escuela.

Descanse en paz.

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