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PALABRAS PARA UNA DESPEDIDA

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21/11/2024

Julio Maroa: una voz entre la tierra y el sol

Un adiós al conductor y locutor que marcó a la radio barilochense.
Con su clásico "A 8 minutos del sol", Maroa brilló en la radio de Bariloche.
Con su clásico "A 8 minutos del sol", Maroa brilló en la radio de Bariloche.

En 1977, Luis Alberto Spinetta dio a conocer A 18 minutos del sol, su propuesta discográfica más jazzera.

El nombre, en realidad, debería haber sido A 8 minutos y 18 segundos del sol, que es el tiempo real que tarda la luz del astro en llegar a la tierra.

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Un matemático amigo le habló al Flaco de la cuestión y surgió la idea de denominar de ese modo al disco... pero hubo una diferencia notable en cuanto a lo que dicen los estudiosos. “A todos los expertos les doy mis excusas, por suerte no hemos enunciado una ley matemática sino que simplemente le dimos título al álbum”, bromeó Spinetta, quien se había dado cuenta del equívoco, pero optó por continuar con la idea del nombre “erróneo”. “La fascinación de A 18 minutos del sol pudo más que la ciencia, en este caso”, escribió en el sobre interno del disco.

Todo esto viene a cuenta de que, en su momento, Julio César Maroa bautizó a un programa radial, que se transformaría en emblemático para Bariloche, con una cifra más cercana a la real. Es decir, A 8 minutos del sol. Solo dejó afuera a los segundos.

La idea de tomar ese concepto como denominación para su espacio, según le contó al periodista Daniel Pardo en alguna ocasión, provino de un eslogan que había propuesto un amigo suyo, Javier González, para una radio en la provincia de Buenos Aires. “Me gustó mucho, se lo pedí prestado y me lo regaló”, contó Maroa.

A 8 minutos del sol tuvo su bautismo en Radio Nacional durante 1994 y luego pasó por diversas emisoras.

La despedida –sin saber que lo sería– fue el jueves 7 de noviembre de este año, en El Cordillerano Radio.

Al día siguiente, un accidente cerebrovascular determinó el final que llegó este jueves 21.

“Tristeza não tem fim, felicidades sim”, reza A felicidade, la composición de Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes. Y suele ser cierto. Aunque no del todo. Porque es verdad que la tristeza ante la noticia de la partida de Maroa resulta infinita, pero hay felicidades que, más allá de concretarse en un momento determinado, logran perpetuarse en la memoria, y así podemos revitalizar un recuerdo cuando acudimos al ambiente del cerebro en el que lo mantenemos a salvo de una cotidianidad que se empeña en amargar la existencia.

Quien suscribe, al momento de escribir estas líneas, se dirige al 19 de mayo de 2023, cuando Daniel Pardo tuvo la gentileza de reenviarme un audio de Julio, con palabras elogiosas en relación a una columna radial que aún me brinda el placer de navegar por aguas sonoras, cada viernes por la mañana, en El Cordillerano Radio.

No nos conocíamos. Y, después de aquel mensaje, solo nos vimos una vez, en los pasillos de la radio, donde, al menos, en la brevedad del encuentro, pude estrecharle la mano.

Fueron apenas unos segundos, porque justamente era la hora de mi columna, así que no le dije lo importante que fue, para mí, oír su voz hablando bien de mis navegares radiales, misma voz que me acompañó en tiempos añejos, desde la radio, siempre en sociedad con buenas canciones.

Y ahora, ante el vacío ronco que deja escapar el dial –como aquel que se siente cuando se busca una emisora que no se encuentra–, me pregunto: ¿dónde se escuchará esa voz ahora?

Es probable que aún resuene en algún lugar, entre la tierra y el sol. 

Descanse en paz.

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