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EL FUEGO QUE ARRASÓ AL PARAJE LAS GOLONDRINAS

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02/10/2024

Una película muestra “retratos íntimos de gente que lo perdió todo”

Una película muestra “retratos íntimos de gente que lo perdió todo”
Una película muestra “retratos íntimos de gente que lo perdió todo”

El documental “Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia”, sobre las llamas que azotaron la zona de Lago Puelo, El Hoyo y Las Golondrinas en marzo de 2021, se exhibirá el jueves a las 22, con entrada a la gorra, en el centro cultural Casa Macacha, Pasaje Gutiérrez 890.

Lee también: El hombre al que se le incendió su casa… en dos ocasiones

La película cuenta con un trabajo conjunto de dirección de Luciano Nacci y Axel Emilien.

Luciano Nacci.

Precisamente, Nacci estará presente durante la proyección.

El cineasta es rionegrino y la actualidad lo mantiene deambulando sin un punto fijo (“Estoy sin patria, voy y vengo”, bromea), aunque los sitios donde más permanece son Viedma, de donde es oriundo, y Buenos Aires, sobre todo por cuestiones laborales.

Antes de dedicarse al séptimo arte, Luciano tuvo un paso breve por el estudio de la fisiatría, una especialidad de medicina que ayuda a las personas a recobrar funciones corporales que perdieron debido a enfermedades o lesiones.

Pronto se dio cuenta de que eso no era lo suyo y, quizá porque su padre le había transmitido un gusto particular por el cine, decidió instruirse en la materia.

Lo cierto es que ese camino todavía no lo convencía… hasta que se quebró. Literalmente. Una lesión de tibia y peroné lo obligó a permanecer recluido un tiempo largo y su casa se inundó de películas. Así se terminó de consumar el amor cinematográfico. “Fue como si hubiera ido descubriendo la vocación”, dice.

También, por aquellos días donde debió quedarse dentro por los huesos fracturados, se le dio por rasgar la guitarra.

El instrumento aún lo acompaña, ya que de manera paralela a las filmaciones, ha mantenido una carrera como músico. Hasta el momento, tiene dos discos publicados, "Puertas y ventanas" y "Cruzando el río", donde canta y toca la guitarra en interpretaciones de historias personales que, desde lo sonoro, combinan folklore, pop y rock.

La música, para él, no es un hobby. En cierto período de su vida, que se estiró durante tres años, vivió de lo recaudado por tocar en el subte.

Junto a un amigo ciego, Diego Stanley, hacían canciones de rock nacional en la línea D porteña.

Bautizaron al dúo Sin lunes, porque al inicio de la semana la gente no les daba bolilla, con las caras largas por el eterno retorno al trabajo, pero, para el jueves y viernes, ante la cercanía del “finde”, la cosa cambiaba radicalmente. Había otro humor y plata en el bolsillo para dejar caer en los estuches de los instrumentos.

El primer largo fílmico de Luciano (tiene en su haber una gran cantidad de cortos) también se vinculó, en cierta manera, con la música.

La película se llama “Los caminos de Cuba”.

Viajó a la isla en 2016.

“En principio, la idea era ir a filmar una película sobre la Revolución, pero fue mutando”, cuenta.

Así, el filme habla “de música, del campo” y, sí, “un poco de la Revolución”, como reconoce el propio Luciano.

Una imagen de la película que se verá en Bariloche el jueves.

En cuanto a “Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia”, el proyecto surgió casi sin querer… “En el momento del incendio vivía en Buenos Aires. Axel Emilien, el codirector, es de Neuquén, pero también estaba viviendo allá. Vi por televisión que era un hecho catastrófico, y me agarró una especie de impotencia por lo que sucedía. Hablé con Axel y le pregunté si quería ir a hacer un registro de lo que pasaba. No lo pensamos demasiado. Agarramos el auto, pedimos los permisos –porque todavía estábamos en pandemia– y fuimos. Dedicamos un par de semanas a preparamos, investigamos y partimos”, relata.

La gente patagónica los ayudó mientras permanecieron en la zona. “Habíamos salido sin plata”, recuerda. En El Bolsón hubo personas que se interesaron en el proyecto, porque lo consideraron "noble”, y colaboraron en diversas cuestiones. De esa forma, solucionaron temas como el alojamiento y la comida.

El filme retrata el desasosiego.

“El fuego destruyó más de quinientas casas, mucha gente quedó sin hogar. Se quemaron alrededor de catorce mil hectáreas y fallecieron tres personas…”, evoca Luciano, con desazón.

“¿Qué es lo que pasa cuando se pierde todo?”, se pregunta ahora, y ese cuestionamiento es el que, en gran medida, impulsó la película.

Frente al interrogante aquel que movilizó la filmación, la respuesta vino de los propios protagonistas.

Por eso, en las imágenes, precisamente, “surgen retratos íntimos de gente que lo perdió todo”.

La película retrata el vacío después del horror.

Además, figura la el testimonio de gente que le ganó la pulseada al fuego. Por ejemplo, Luciano destaca: “Una persona crucial en la película es Juan Chávez, que se escondió en una pileta Pelopincho. Tenía cuatro, porque las usaba a modo de tanque australiano, ya que en esa zona suele faltar el agua. Logró llegar ahi con una vecina con dos hijos y sobrevivió de milagro”.

La historia no terminó ahí… Los directores escribieron a la empresa Pelopincho, contándole lo que había sucedido. “La fábrica se encuentra en Merlo, San Luis, y nos invitaron a presentar la película allá. ¡Y y le dieron una pileta a Juan!”, exclama.

También relata que, cuando exhibieron el filme, todos los trabajadores de la empresa acudieron a verlo. De alguna manera, desde Pelopincho, con su labor, habían salvado cuatro vidas.

Una Pelopincho salvadora.

En la producción también se habla de lo que pudo haber causado ese desastre, aunque aún en este momento, a tres años y medio, aún no haya certezas al respecto. Luciano indica: “La causa quedó sin resolver, a pesar de los pedidos de los vecinos. Se habla de que fue deliberado”. 

Al respecto, señala: “Hay una realidad que indica que, en el noventa y nueve por ciento de los incendios que se generan, de alguna forma, ya sea de manera intencional o no, detrás hay una mano humana”.

“Se habló de megaminería y de negocios inmobiliarios, se les echó la culpa a los mapuches –que no tenían nada que ver–, se dijo que todo partió de un tendido eléctrico en mal estado, es decir, de un abandono estatal…”, enumera el cineasta, quien a la vez recuerda que “hubo varios focos simultáneos”, y recalca: “Se trata, hasta el momento, del incendio periurbano más grande que se produjo en Argentina. Hasta hace poco también era el mayor de Latinoamérica, hasta que sucedió lo de Chile”, en referencia a las llamas que, en la región de Valparaíso, dejaron un saldo de más de ciento treinta fallecidos.

Después del fuego...

En lo que hace a “Tormenta de fuego, incendios en la Patagonia”, tras recorrer –y obtener distinciones– en diversos festivales internacionales, se estrenó en el cine Gaumont de Buenos Aires en marzo de este año.

En la actualidad, el filme recorre salas de diversas ciudades argentinas.

El jueves será el turno de Bariloche.

 

RECUERDO PERIODÍSTICO... Y HUMANO

En ocasiones, un reportaje depara imágenes particulares en la cabeza de un periodista, porque, por ejemplo, el cronista puede haber sido testigo de algo que relata un entrevistado.

A quien suscribe le tocó ir en dos ocasiones a la zona donde las llamas se esparcieron.

La primera, cuando el incendio acababa de pasar por la zona urbana.

“Menos la solidaridad de la gente, que se arrima a ayudar, y acerca abrigo, alimentos e incluso medicamentos, todo es triste. El paisaje devastado y la angustia de los damnificados se retroalimentan en el desconsuelo”, escribí en una de las crónicas.

Foto: Matías Garay.

Yendo por la Ruta 40 con el reportero gráfico Matías Garay, observamos hacia un costado y vimos a un hombre gesticular junto a un cementerio de autos calcinados.

Nos detuvimos. Quien movía los brazos juntos a la escena cadavérica vehicular era el chapista Marcelo Rubén Cárdenas, quien, más allá de la desesperanza, soltaba: “Hay que resignarse, hermano… Esto supera a cualquiera”.

Foto: Matías Garay.

“Yo veía el incendio, que estaba arriba, en el cerro, pero no le daba mucha importancia, porque en el taller tenía varias cosas para hacer. Pero vino un vecino y me gritó: ‘¡Vamos!, que se viene el fuego’. Y ahí noté que, del otro lado de la ruta, una casa ya estaba ardiendo”, narraba.

“Alcancé a sacar del galpón una agujereadora y una amoladora, y me fui… No se podía estar… Las llamas que estaban enfrente cruzaron la ruta”, continuaba.

Foto: Matías Garay.

Logró salvar dos vehículos. Los doce restantes yacían a un lado, como víctimas mecánicas.

El chapista, al señalar un muñón de lo que hasta hacía poco había sido una pequeña casa,  suspiraba: “Acá también tengo mi vivienda… bah, tenía...”.

Foto: Matías Garay.

No muy lejos de allí, al otro lado de la ruta, el brigadista Ángel Oyarzo caminaba alrededor de las cenizas de lo que hasta hacía poco era su casa.

En el instante en que su mujer lo llamó para avisarle que las llamas se acercaban, él estaba combatiendo el fuego en otro sector, viendo perecer edificaciones, pero, a la vez, contento de haber salvado que dos de ellas se convirtieran en la nada misma.

Cuando Ángel llegó a su casa, vio que el fuego alcanzaba el techo. Fue imposible controlarlo. “No nos dio tiempo a nada”, expresaba.

Foto: Matías Garay.

Un mes después, regresé a Las Golondrinas. Esa vez, con el fotógrafo Facundo Pardo.

Foto: Facundo Pardo.

El chapista Marcelo decía que aún recordaba “el ruido” del fuego. “Esas cosas no se olvidan; las llamaradas ‘caminaban’ por el medio de la ruta”, afirmaba.

Pese a todo, se lo veía con un impulso por sobreponerse. Señalando una pared de ladrillos que se iba perfilando en medio del suelo quemado, contaba: “Quiero armar el galpón, para seguir laburando”.

Foto: Facundo Pardo.

Ángel Oyarzo, en tanto, estaba ilusionado, levantando una nueva construcción.

Gente a la que conocía se había acercado a darle una mano. También aparecieron rostros que nunca había visto, pero igual se sumaban a poner el hombro.

Lo que nunca supo fue si, entre esos desconocidos, estaban los propietarios de las casas que él salvó del fuego en el mismo momento en que ardía la suya…

Foto: Facundo Pardo.

Como ya se dijo, a veces una entrevista puede deparar recuerdos periodísticos, imágenes que se salvan del olvido porque remiten a escenas que llegaron al corazón.

Foto: Facundo Pardo.

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