Publicidad
 

DE LA MANO DE BERNASCONI

|
01/09/2024

El Principito aterrizó en Bariloche

El Principito aterrizó en Bariloche
El Principito aterrizó en Bariloche

De repente, una librería barilochense se transformó en el asteroide B 612.

Lee también: Pablo Bernasconi: “Bariloche es mi lugar, un planeta al que siempre vuelvo”

Cabe recordar que, según las sospechas de Antoine de Saint-Exupéry, de ese lugar provenía El Principito.

El Principito… ¿Qué decir de un libro que es mucho más que un libro?

Con un hombrecito que, desde aquellas páginas, con “una extraña vocecita”, aún nos pide que le dibujemos un cordero.

Porque todos, al leerlo, nos transformamos en el narrador. 

Y a todos, aun años después de haber viajado al desierto de Sahara de la mano de Saint-Exupéry, por las noches, nos gusta escuchar a las estrellas, que “son como quinientos millones de cascabeles”.

Y todos, todavía, mantenemos la preocupación de si “el cordero, sí o no, ha comido a la flor”. Ya saben, la rosa que El Principito ama.

Decía, entonces, que, por un rato, el jueves, la sucursal de Yenny en Bariloche, ubicada en San Martín 189, se transformó en el asteroide B 612, con flor incluida, dentro de un globo de vidrio.

Y hasta hubo un aviador…

Pablo Bernasconi –que realmente es piloto de avión– aterrizó, atravesó a tooodos los niños y adultos, y se sentó en un sillón para hablar de la creación del escritor francés, ya que recientemente la editorial Catapulta editó una nueva versión que él ilustró.

Pero, antes de adentrarse en la obra de Saint-Exupéry, realizó una intro con el mundo de Burundi, la colección en la que los animales le permiten hablar de cosas que considera “que hace falta decir”.

“Lo hago metafóricamente”, explicó, para luego señalar: “Todo tiene una relación con el humor”.

De tal manera, detalló que suele referirse a cuestiones relevantes, pero siempre con una sonrisa.

Además, expresó que, en definitiva, en las páginas de los distintos libros que conforman la colección, se ven modelos de personas. Es decir, el comportamiento que muestran esos animales dibujados y dirigidos por Bernasconi nos hacen acordar, indefectiblemente, a seres que conocemos. De esa forma, tal vez, alguno nos llama a pensar en un tío; el otro, en un amigo… y así hasta el infinito y más allá.

“Me encanta jugar con Burundi”, afirmó el artista, para dejar en claro el porqué de su reincidencia en ese universo.

Ahora bien, más allá del preámbulo burundiano, el punto fuerte en Yenny (convertida ya en el asteroide B 612) vino con El Principito.

Metido en la atmósfera principesca, Bernasconi contó que, al liberarse los derechos de la obra de Saint-Exupéry, a los setenta años del fallecimiento del creador, le habían llegado varias ofertas para intervenirla con su arte, pero él se había negado, hasta que finalmente dio el sí, pensando en que hasta ese momento sus negativas habían respondido al miedo de meterse con un libro perfecto, pero dándose cuenta de que, quizá, resultara interesante, con sus ilustraciones, intentar atraer –desde lo visual– a las nuevas generaciones.

Claramente, el texto del autor francés permanece intacto, porque, como afirmó Bernasconi, “se mantiene actual a sus casi ochenta y dos años”.

Las palabras que surcan esas páginas, señaló, “hacen comprender el mundo”.

El ambiente en el asteroide B 612 (o sea, Yenny) fue mágico.

Nenes sentados en el suelo, interactuando con Bernasconi al preguntarle las cosas más curiosas, o bien soltando algún comentario del tipo: “Un compañero de escuela te conoce”, brindaron una cuota refrescante frente a la realidad que, dura como siempre, aguardaba en el exterior.

Entre las escenas que se vivieron, hubo un pequeño vestido de Batman que se acercó al artista sólo para mostrarle que sus zapatillas tenían luces.

La inocencia infantil estuvo presente en su máximo esplendor, lo que se vio reflejado, asimismo, en otro nene, que, como si el dato hubiera emergido de una enciclopedia académica, sostuvo que El Principito se había conocido cuando unos pescadores sacaron de su red varios peces dorados y entre ellos estaba la obra… El comentario dejó perplejo y sonriendo a Bernasconi.  

Hubo otros momentos que se salieron de libreto, como cuando el autor tuvo que pedir anteojos prestados a alguien del público porque había olvidado los suyos, detallando la graduación para poder leer correctamente algunos pasajes.

En fin, todo se desarrolló como “en familia”, tal como indicó que se sentía el artista, quien recordó que vive en Bariloche, sitio al que llegó de muy pequeño, para luego partir y después volver.

En ese sentido, evocó su paso por la escuela 298 de Melipal, como también la etapa secundaria en el colegio Ángel Gallardo.

Al salir de la librería, ya de noche, a muchos se nos dio por mirar hacia el cielo, tratando de escuchar el sonido de las estrellas, como cascabeles, con el deseo de rastrear el hogar de un muchachito con “cabellos de oro”.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?