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PROCESIÓN EN BARILOCHE

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07/08/2024

San Cayetano, una figura que llama a la esperanza

San Cayetano, una figura que llama a la esperanza
San Cayetano, una figura que llama a la esperanza

En el barrio El Frutillar, cada 7 de agosto la cotidianidad se ve interrumpida.

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Durante ese día, una figura religiosa sale de su domicilio habitual, en Charcao y Chocorí, y recorre la zona.

Los devotos parten en peregrinación.

La imagen de Cayetano, el santo en cuestión, es trasladada por los fieles.

El patrono del pan y del trabajo se mueve en andas por las arterias con piso de tierra.

Los que creen están convencidos del aura iluminadora de la efigie.

Por otra parte, la particularidad de San Cayetano está dada por la gente que aglutina. Es decir, quienes sostienen su fe en él no necesariamente son parte del catolicismo, sino que muchos se consideran seguidores del santo más allá de credos.

A Cayetano, además, recurren los desesperados, los que necesitan llevar comida a sus casas y se sienten marginados por un sistema que no sabe de sentimientos. En épocas de capitalismo extremo, el lado humano suele quedar a un costado. Entonces, hay muchas personas que van a pedir por una entrada económica que les permita subsistir.

Y, claro, están los que asisten para agradecer, porque, si cuentan con un empleo, piensan que el santo tuvo que ver en la cuestión.

Por eso, lo que resalta en las peregrinaciones es la mirada de los convencidos, de los creyentes que no dudan en que Cayetano los ayudó o los ayudará.

Es cierto, también están los ojos desorbitados de esos a quienes los guía el espíritu de “perdido por perdido”… Pero hasta ellos, lo que no saben si el asunto tiene un sostén o no, en ese momento eligen creer, y también adquieren en los ojos el brillo de los que no dudan.

Por ahí, durante el trayecto, se escucha a alguien que afirma: “Yo, que no creo en nada, en San Cayetano creo”.

En Bariloche, la peregrinación arranca por la calle Charcao hasta la avenida Juan Herman, para luego retomar por Neneo hasta Chacarí y así regresar al templo.

En el frente va el párroco, Enrique Lapadula, que de vez en cuando se detiene para comentar fragmentos de la vida de San Cayetano, que nació en el siglo XV en Vicenza, Italia.

Mientras transcurre el caminar, se cantan canciones religiosas, como Dulce doncella (“Dulce doncella, te seguiré; eres mi estrella, te alcanzaré”), con el respaldo del sonido de una guitarra, y también se reza el Ave María.

Entre los presentes –la mayoría, mujeres–, como parte del todo devoto, se encuentra el obispo de Bariloche, Juan Carlos Ares, quien expresa: “La jornada de fiesta de San Cayetano es el día del pueblo de Dios”.

El padre Enrique Lapadula, en tanto, dice: “Tenemos la suerte de contar con un tiempo precioso”. De tal manera, señala que le contaron que en 2022, cuando todavía no había llegado a la parroquia, el estado de las calles –repletas de barro, con algo de nieve y unos orificios que hacían temer– impidió la peregrinación.

Antes de reingresar a la iglesia, Lapadula comenta que le preocupa la situación de los jóvenes. “No es fácil, en este momento eclesial y social, llegar bien a ellos”, indica, aunque resalta que en el último tiempo se incrementaron los asistentes a catequesis.

“En esta sociedad sistémica, si no buscamos la forma de protegerlo y defenderlo con sabiduría, lo religioso desaparece, como pasa con la amistad, la vocación… es decir, aquello que no se enmarca en valores económicos o de poder”, reflexiona el cura.

Luego, entra en la parroquia. Ya todo está preparado para la misa de la tarde, a cargo del obispo. Por la mañana hubo otra celebración religiosa, previa al almuerzo comunitario, con guiso de lentejas.

La gente colma la iglesia. Hay personas que siguen la ceremonia desde el pasillo de ingreso, porque dentro no cabe un alfiler.

Agua bendita, estampitas, espigas de trigo… El sentimiento conjunto de ilusión, basado en la fe en San Cayetano, llama a la esperanza.

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