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24 DE MARZO

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24/03/2024

Pañuelo blanco

Pañuelo blanco
Pañuelo blanco

El pañuelo blanco es un emblema.

Si alguien que lo portaba se equivocó fiero en alguna declaración lejana, eso no embarra la sustancia.

Emulando al Diego del saludo final como futbolista, el pañuelo no se mancha.

Así lo entiende la gente que, año tras año, cuando llega el 24 de marzo, siente la necesidad de pintar uno.

En un día así, pero de 1976, se instauró la dictadura más sangrienta que la Argentina conoció. 

Y, sobre todo, cruel. 

Desde todo punto de vista. 

En aquello vinculado a “cuestiones físicas” –por llamarlas de algún modo–, basta con escuchar a quienes fueron torturados y vivieron para contarlo. Sí, tuvieron “suerte”, lo pudieron transmitir. Pero su interior quedó chamuscado para siempre. Porque aunque están vivos –así lo evidencia la respiración, el pulso, un corazón que bombea la sangre no derramada– algo de ellos murió en alguno de aquellos sitios siniestros que pasaron a la eternidad del averno humano como “centros clandestinos de detención”.

En cuanto a la crueldad verbal, de características siniestras, sólo basta ir a los archivos y desenterrar a Jorge Rafael Videla –figurativamente, por favor–, militar que fue un excelente dictador –porque, en caso de que hubiese existido, hubiera cumplido al pie de la letra el decálogo de máximas lúgubres–, quien en diciembre de 1979 expresó: “Es un desaparecido, no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido”.

* (Nota: en futuros diccionario de sinónimos, incluir Videla como opción para la palabra perverso).

Está claro que en el mundo hubo otros gobiernos que “desaparecieron” personas, pero en el denominado Proceso se ve que hicieron “bien” los deberes y pusieron empeño en el asunto, porque, desde entonces, el término “desaparecidos” está tristemente ligado a la Argentina.

El país quedó herido.

Y el dolor persiste.

También la esperanza.

La necesidad de Justicia carece de fecha de caducidad.

La Verdad no tiene remedio. Es cierto. Pero, en este caso, resulta imperioso conocerla.

A fin de cuentas, todo se trata de Memoria.

Eso, y mucho más, encierra un pañuelo blanco.

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