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COMERCIANTE DENUNCIA HOSTIGAMIENTO DE BORRACHOS E INACCIÓN DE LA POLICÍA

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27/02/2024

“A uno lo mandé al hospital, ¿pero qué pasaba si iba a parar al cementerio?

“A uno lo mandé al hospital, ¿pero qué pasaba si iba a parar al cementerio?
“A uno lo mandé al hospital, ¿pero qué pasaba si iba a parar al cementerio?

Está sentado en una mesa ubicada al final del salón de su restaurante, junto a la barra.

“Cuanto más pasa el tiempo, el problema es peor”, rumia el propietario del establecimiento gastronómico ubicado en Moreno y Urquiza.

Enrique Vitale habla de un escenario que se repite noche tras noche, e incluso, en ocasiones, también a la luz del día, con personas beodas que ingresan al local e insultan a las camareras, generando, además de momentos incómodos, situaciones violentas. 

“Me canso de llamar al 911… No te dan bolilla… Vienen, pero tres horas después… Y cuando llegan, se ponen a pelotudear… Tardo más yo en contestar sobre mis datos que ellos en actuar”, protesta, al referirse a la acción –o inacción– policial.

“La última vez, dos hombres con los que había tenido un inconveniente de ese tipo estaban en la esquina de enfrente. Yo se los señalaba, y en vez de ir a buscarlos me tomaban los datos. Cuando fueron, ya se habían ido…”, ejemplifica.

Ante el incremento de los problemas nocturnos, Vitale decidió contratar un servicio adicional en la Policía. “Pero el primer día ya fallaron”, se indigna, al referirse al faltazo de la noche anterior.

El empresario gastronómico cuenta que los inconvenientes aumentan en situaciones especiales, tales como fechas donde hay partidos, en especial si uno de los equipos es River o Boca. Como en un bar cercano los televisan, cuando parten de ese lugar, algunos bastante entonados, suelen desembocar en su restaurante y provocar algún que otro escándalo. 

Pero, más allá de esos momentos puntuales, Vitale se queja de que las complicaciones suceden a diario: “Siempre vienen borrachines que insultan a las mozas”, expresa.

“Los mismos policías te dicen: ‘No haga la denuncia, señor’. Te avisan que los jueces tienen que ver que un tipo fue denunciado muchas veces para que esté, como máximo, dos días en cana”, afirma el propietario del restaurante.

“Los borrachos te putean porque no les das comida, pero yo dono cien raciones semanales para los comedores… Lo que pasa es que, si les decís que vayan a esos lugares, te contestan que ahí ellos no quieren ir”, detalla.

Vitale cuenta que se están por cumplir seis años desde que se puso a cargo del establecimiento. En tal sentido, especifica que siempre se vieron situaciones como las que describe, pero que su preocupación va en aumento porque ha notado que, en los últimos meses, las escenas se están tornando más comprometidas.

Una camarera, por ejemplo, comenta que hace poco un individuo alcoholizado le hizo el amague de sacar un cuchillo de entre su vestimenta.

El propietario narra un altercado que terminó mal pero podría haber culminado aún peor: “A uno lo mandé al hospital, ¿pero qué pasaba si iba a parar al cementerio? Se había metido al local y, cuando lo estaba llevando afuera, ya en la puerta, me pegó una piña que me cortó el ojo… Me defendí y le di una paliza”. Según afirma, esa no fue la única vez que llegó a los golpes con quienes ingresan en estados alterados a su negocio. 

El restaurante funciona desde las 10 a las 3, es decir que abre a la mañana y cierra por la madrugada.

Pero, si el panorama durante la tarde y, en especial, por la noche es cada vez más peligroso, Vitale, al referirse a lo que sigue tras que bajan las persianas, se torna apocalíptico: “Después, es tierra de nadie”, sostiene.

A todo esto, cabe señalar que a tres cuadras del establecimiento se encuentra la comisaría Segunda.

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