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ENTREVISTA ACERCA DE LAGO ESCONDIDO

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14/02/2024

Rodolfo Aguiar: “Vamos a tener que desalambrar nosotros, porque no lo harán ni nuestros jueces ni los políticos”

Rodolfo Aguiar: “Vamos a tener que desalambrar nosotros, porque no lo harán ni nuestros jueces ni los políticos”
Rodolfo Aguiar: “Vamos a tener que desalambrar nosotros, porque no lo harán ni nuestros jueces ni los políticos”

Yo pregunto a los presentes

si no se han puesto a pensar

que esta tierra es de nosotros

y no del que tenga más.

 

Yo pregunto si en la tierra

nunca habrá pensado usted

que si las manos son nuestras

es nuestro lo que nos den.

 

¡A desalambrar, a desalambrar!

Que la tierra es nuestra,

es tuya y de aquel,

de Pedro y María,

de Juan y José.

 

Los versos son del cantautor uruguayo Daniel Viglietti y pertenecen a la canción A desalambrar, parte de un disco clave en su discografía, Canciones para el hombre nuevo, publicado en 1968.

El secretario general de la Asociación Trabajadores del Estado, Rodolfo Aguiar, pronuncia la letra de esas estrofas en un hotel de Bariloche, cuando faltan unas horas para que la octava marcha a lago Escondido intente alcanzar al espejo de agua.

El dirigente sindical rionegrino participó de las ocho movilizaciones.

“Nunca pude llegar al lago… Siempre fuimos muy violentados en el ingreso”, se lamenta, y, en alusión a la presencia del empresario inglés Joe Lewis, considera: “Tenemos un enclave británico en nuestra provincia”.

Es en ese punto donde recita las palabras de Viglietti para luego afirmar: “Vamos a tener que desalambrar nosotros, porque no lo harán ni nuestros jueces ni los políticos”.

“En este país deberá llegar el momento en que la tierra sea del que la trabaja y todos los argentinos tengamos el derecho de acceder a un lago que es de nuestra propiedad”, sostiene Aguiar, quien viene de escribir en su cuenta de X (antes, Twitter) que existieron amenazas que perseguían el amedrentamiento en relación a la movilización, así como que había recibido información acerca del reclutamiento de gente en El Foyel y El Bolsón para agredir a quienes intentaran llegar al lago por el camino de Tacuifí.

Cabe recordar que, días atrás, otra columna, que tomó el sendero de montaña, el único habilitado en este momento por la Justicia para transitar hacia el lugar debió retornar antes de tiempo porque las malas condiciones del recorrido hicieron imposible la caminata.

–¿Qué tipos de amenazas recibió?

–Se produjeron por vía de las redes, y decían “ojalá los tiren al lago”, “los vamos a voltear” y demás expresiones de ese tipo. Nuestro equipo jurídico está trabajando al respecto y manifiesta que habrá que investigar desde qué ID surgieron esas amenazas. 

–¿Y cómo es eso de que se enteró que reclutaban gente para agredir a quienes intentaran pasar por el camino de Tacuifí?

–Hay testimonios de afiliados al sindicato que fueron tentados a sumarse a grupos para que enfrentaran a los manifestantes.

–¿Afiliados?

–Sí, no por su carácter de teles, sino que fueron sorprendidos como otros vecinos de barrios en El Bolsón. También tomamos conocimiento de algunos casos en los alrededores de El Foyel. Sucede que, detrás de la idea que han intentado instalar desde el círculo de Lewis, acerca de la presencia de buenos vecinos, en realidad, se esconden matones pagos.

–¿Ofrecían plata para ir?

–Exactamente. Y eso nos preocupa. Lo que pasó en otros años da muestra de que la policía, paradójicamente, no estuvo en defensa del pueblo, sino protegiendo a este multimillonario inglés.

–¿Sabe si prometían alguna cifra concreta?

–No, no puntualizaban el monto, sino que decían que los que fueran iban a ser recompensados.

–¿Cómo definiría el contexto en que se produce esta movilización?

–Llegamos con una victoria. Ganamos una batalla al frenar la Ley Ómnibus, lo que, para Lewis, también significó una derrota. Se apuntaba a poner en venta a la Argentina. Pero todavía queda el decreto de necesidad y urgencia (DNU), que, en la parte titulada Bioeconomía, permite que la tierra se venda de manera irrestricta y que los extranjeros puedan comprar grandes extensiones de terreno a bajo costo, con permiso de desmonte. Si no le ponemos freno a eso, Argentina se va a llenar de Lewis. Esta vez, venimos sabiendo que Lewis comete delitos. Así lo acaba de asentar él mismo. Se declaró culpable en Estados Unidos (por tráfico de información privilegiada). Por lo tanto, para nosotros, afuera es un delincuente y, acá, lo tratan como a un señor. La Justicia y gran parte de la dirigencia política dan vergüenza ajena. Creemos que apoderarse de manera ilegítima de más de doce mil hectáreas de tierras y cercar un lago en zona de frontera lesiona de manera grave la soberanía de nuestro país. Hasta ahora, han tenido impunidad institucional. Con estas marchas, dando continuidad al tema, tenemos que impedir que tengan impunidad social.

–¿Puede explicar por qué dice que se apoderó de manera ilegítima de ese sitio?

–Hablo de ilegitimidad porque, en distintas actuaciones judiciales, existen sobradas pruebas que tienden un manto de sospecha permanente acerca de cómo fueron adquiridas esas tierras, a un precio lejano al promedio de mercado. A eso se suma que estaba prohibido por ley que ciudadanos extranjeros pudieran tener tierras en zona de frontera. Los rionegrinos y patagónicos fuimos estafados en nuestra buena fe. Se nos presentó a un anciano inglés que, como tenía algo de plata, quería construir un chalecito frente al lago para pasar sus últimos días, gozar de los paisajes y escuchar el canto de las aves, pero resulta que el ancianito terminó siendo un magnate que construyó una mansión, y no sólo se apoderó de un lago, sino que construyó una usina, comenzó a utilizar nuestra agua para producir energía y, durante el gobierno de Macri, conectarse al sistema interconectado nacional, además de proyectar exportarla a Chile… Intentemos un ejercicio imaginario, donde cualquiera de nosotros viaje a Gran Bretaña y le diga al gobierno inglés: “Tengo algo de plata, quiero comprar un lago y cerrarlo para mí, ahí construir una mansión y, también, usar el agua para producir energía y vendérsela a ustedes, los ingleses, más cara que lo que indica el mercado, además de exportarla a otros países”. ¿Qué ocurriría? No necesitaríamos pasaje de regreso, porque de la patada que nos darían nos depositarían directamente en el Obelisco…

–Cuando se enteró de que Lewis, en Estados Unidos, había reconocido haber actuado de manera inadecuada, ¿qué sintió?

–Por un lado, alegría, pero, por otro, bronca e impotencia, porque estos personajes afuera son delincuentes y acá les ponen una alfombra roja…

–¿Cómo calificaría el modo de actuar, o de no hacerlo, de la Justicia argentina con respecto a Lewis?

–En otros países no se jode, mientras que acá nuestros jueces y fiscales son corruptos o temerosos… No se sale de esas dos variantes. Lewis comete, en la Argentina, los mismos hechos por los que será condenado en los Estados Unidos. La mansión de lago Escondido prácticamente se ha convertido en un apéndice más del gobierno nacional, casi forma parte de la estructura orgánica del Estado. Por ahí desfilan dirigentes políticos, grandes empresarios, jueces y fiscales. Es decir que, en ese sitio, se definen políticas. Este ajuste que estamos sufriendo se planificó ahí, sin lugar a dudas. Y todo se organiza en la impunidad.

–¿Por qué cree que Lewis puso su mirada en la Argentina?

–Porque se dio cuenta de que hay muchos criollos que nos quieren vender. Hoy está más vigente que nunca aquello que Arturo Jauretche dijo acerca de que “si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”. No es casual que Lewis también haya adquirido tierras a tan solo metros del mar, en Sierra Grande, y tenga un aeropuerto de dimensiones similares al Jorge Newbery de Buenos Aires, que permite que aterricen y despeguen aviones de carga. Buscan, en la Patagonia, saquear las riquezas para sólo dejar tierra arrasada. Se están llevando todos nuestros recursos naturales.

–Desde el sector que critica la presencia de Lewis en la zona de lago Escondido, siempre se hizo hincapié en la relación de Mauricio Macri con el británico. ¿Qué piensa que ocurre ahora? ¿Cree que esta gestión tiene un vínculo con el magnate inglés?

–Sin ningún lugar a duda. Me parece que los planes expansionistas a través de sus empresas están más esperanzados por la presencia de Javier Milei que con Macri. Para Lewis, este es un momento mejor. La Argentina, ahora, está prácticamente en venta, y eso conforma una oportunidad que estos empresarios ven para continuar ampliando sus negocios y multiplicando sus ganancias en nuestro país… Pensar que a Lewis, alguna vez, lo sentarán en el banquillo de los acusados en un tribunal nacional es una fantasía… No lo van a juzgar los mismos que toman whisky con él en su mansión. Tendrá que ser el pueblo movilizado el que eche a estos usurpadores de la Patagonia, como los Lewis, los Benetton y los Zorreguieta. No tendremos una segunda y definitiva segunda independencia hasta que no lo hagamos. La lucha en defensa del lago Escondido y el acceso a él ha ido creciendo en su legitimidad, y se ha transformado en una causa nacional.

–¿Por qué decidió involucrarse de manera activa en lo que hace a la problemática vinculada al lago Escondido?

–Tal vez por un sentimiento patriótico… Formo parte de un sindicato que cree que hay que defender un modelo distinto, que los trabajadores no sólo tenemos la tarea de reclamar por el salario, proteger los puestos de empleo y resguardar las condiciones laborales, sino que, además, debemos discutir las políticas públicas así como al servicio de quién tiene que estar el Estado. Marchamos porque nos enseñaron que tenemos que defender la soberanía y que estas tierras son nuestras.

–¿Qué les contestaría a aquellos que consideran que el camino de Tacuifí es privado?

–Que están colonizados… Comprobamos que el trayecto por el sendero de montaña es intransitable. El acceso por Tacuifí siempre fue, es y será público. No puede ser que un millonario inglés decida qué argentino puede ingresar al lago Escondido y cuál no. Si no somos capaces de seguir condicionando la actuación de estos grupos económicos en la Patagonia, no nos sorprendamos de que, en algunos años, en esta parte del sur, ni siquiera nos llamemos argentinos.

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