UNA DE LAS COSPLAYERS MÁS PERFECCIONISTAS DE LA CIUDAD

| 11/02/2024

Hace dos años diagnosticaron que era autista: “Cuando te enterás, dejás de culparte”

Hace dos años diagnosticaron que era autista: “Cuando te enterás, dejás de culparte”
En primer plano, “Myioru”; detrás, "Paw" Jerez, otra destacada artista del cosplay local (Fotos de Facundo Britos).
En primer plano, “Myioru”; detrás, "Paw" Jerez, otra destacada artista del cosplay local (Fotos de Facundo Britos).

“Cuando me dijeron que podía ser autista, dije: ‘¡No es posible!’”.

La que habla es Natalia “Myioru” Ledesma.

Lo de Myioru viene a cuenta de que ese es el seudónimo que utiliza como cosplayer, es decir, el arte de vestirse y encarnar a un personaje que proviene de la ficción, en particular del universo conformado por el anime, el manga, las películas fantásticas y los videojuegos.

Myiornis es el nombre científico de su ave favorita, un pajarito pequeño, con alrededor de siete centímetros de longitud. Como característica principal, puede señalarse que suele ser tímida y furtiva.

Natalia le cambió el final y le colocó la “u”, en cierto modo como un chiste, ya que, en el mundo del anime, eso se utiliza bastante (recordar lo de “Otaku”). 

La joven es conocida por su perfeccionismo en el arte de realizar la indumentaria que utiliza.

Puede obsesionarse con los detalles más pequeños.

Myioru, vestida como Elizabeth Comstock, del videojuego Bioshock Infinite.

Hace dos años le diagnosticaron autismo.

Puntualmente, su caso se focaliza en el denominado síndrome de disfunción ejecutiva.

“No funciono como una persona común y corriente”, señala, y destaca el papel de su novia en la vida diaria: “Mi pareja me apoya un montón”, dice.

“Es muy difícil hacer cosas cuando tenés esto; soy muy creativa, tengo muchas ideas, pero me cuesta plasmarlas, porque me paralizo”, explica.

Natalia atravesaba una depresión y pensaba que padecía otro padecimiento, cuando quienes trataban su situación le indicaron una evaluación con un especialista. “Después de un mes y medio, me lo confirmaron… Ahí empecé a entender. De alguna manera, fue un alivio, porque, cuando te enterás, dejás de culparte”, aprecia, y suspira: “Seguís sintiendo que estás un poco rota, pero es mucho menos”.

“Creo que la hiperfijación que me agarra con algunos personajes que hago también es parte del autismo”, reflexiona, aunque en ese punto hace una salvedad, porque, en realidad, podría considerarse que la actividad de cosplay podría ser una especie de bálsamo, en el sentido de un lugar donde centrarse, sin pensar tanto en el autismo, pero, a la vez, ella, en ocasiones, siente una parálisis en decidir accionar. “Por un lado, es como un combustible, a pesar de lo que me cuesta…”, trata de sintetizar.

Por ejemplo, mientras atravesaba la depresión, si bien sería factible imaginar que, quizá, trabajar (en un sentido lúdico del término) en lo relacionado con el cosplay habría resultado un “escape”, no resultó así… “No podía hacerlo”, afirma ella.

Natalia nació en Buenos Aires, pero desde los siete años vive en Bariloche, más allá de períodos que pasó en otras ciudades por cuestiones vinculadas al estudio.

“Alrededor de 2010 comenzó a llamarme la atención este mundo. Me encantaba una cosplayer japonesa de esa época que era muy popular y se disfrazaba de un personaje llamado Haruhi Suzumiya, de un anime que me encantaba”, recuerda, y completa: “Terminé armando el cosplay con un amiga y lo usé para ir a una juntada de amigos”.

Pasaron unos años hasta que empezó a intensificar esa faceta.

“En 2016 comencé a hacer cosas más de cosplayer”, apunta.

Sobre cómo elige los personajes que encarna, expresa: “Puede ser porque me siento identificada o porque simplemente me gusta para interpretarlo”.

Al respecto, revela que son varios lo que le agradan, pero opta por llevar adelante pocos e ir mejorándolos.

Con treinta y un años, afirma que “se va rompiendo el pensamiento de que esto es sólo para adolescentes”.

Además, resalta que, en la actividad, se observa “mucha diversidad”, en todo aspecto, incluyendo, claro, el referido a la orientación sexual. “En ese sentido, es un ambiente muy inclusivo”, manifiesta.

Asimismo, devela que comparte con su novia el amor por este universo, ya que su pareja también practica cosplay, aunque Myioru aclara que no fabrica los trajes como sí lo hace ella: “Los compra o se los preparo yo”, sonríe.

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