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EN EL CENTRO CÍVICO SE APRECIÓ UNA COMPARACIÓN ENTRE LA GESTIÓN ACTUAL Y MOMENTOS CONTROVERSIALES DEL PAÍS

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11/01/2024

Espejo de otros tiempos

Espejo de otros tiempos
Espejo de otros tiempos

Si bien el “ruidazo” que se llevó a cabo en el Centro Cívico, en el marco de un llamado nacional a manifestarse, puso el foco en cómo se vería afectada la cultura en caso de que las medidas anunciadas por el presidente Javier Milei sigan adelante, en el ambiente se apreció la sensación de que, para muchas personas, lo que se vive en la actualidad es un reflejo de lo que sucedió en otros tiempos.

Porque, así como para un sector importante del país Milei representa un cambio, “lo nuevo”, hay un porcentaje elevado de argentinos que, en realidad, en esta gestión ve posturas y decisiones que ya se implementaron en el pasado con resultados nefastos.

Por ejemplo, en la plaza emblema de Bariloche un hombre golpeaba una sartén al grito de “esta es la de 2001”. Y, en esa referencia, no sólo recordaba lo que sucedió puntualmente sobre fines de aquel año, con los cacerolazos que se reprodujeron en cada rincón del país, sino la política económica que en los noventa marcó a la Argentina, creando una burbuja que, cuando explotó, dejó ver la otra cara de la convertibilidad impulsada por Domingo Cavallo, quien no tan curiosamente fue ministro de Economía desde 1991 a 1996, reincidiendo en 2001, con el funestamente recordado “corralito”.

Por estos días, el nombre del economista ha vuelto a la palestra, porque salió a elogiar al actuar titular de la cartera que alguna vez estuvo a su cargo, Luis Caputo. 

El propio Milei le ha tirado flores a Cavallo, a quien calificó como “el mejor ministro de Economía de toda la historia”.

Así las cosas, una comparación entre ciertos períodos y el actual, al menos ideológicamente hablando, no suena tan descabellada.

Por otra parte, en el Centro Cívico, el miércoles, como ha sucedido en ocasiones anteriores, se vinculó al presidente con los años de plomo. “Milei, basura, vos sos la dictadura”, fue el cántico que preponderó.

Y ahí sí ya se entra en una temática a tomar con pinzas.

¿Es Milei un reflejo parido bajo el ala de la democracia de lo que sucedió entre 1976 y 1983 en la Argentina?

En materia económica están quienes observan similitudes, pero también quienes las desmienten. Ahora, en cuanto al discurso, la temática ofrece brumas cuestionables. Por ejemplo, cabe recordar la afirmación disparada por Milei durante el debate rumbo a las elecciones presidenciales, donde negó la existencia de 30.000 desaparecidos y, en cambio, dijo que habían sido 8.753, poniendo el acento en el número y no en el crimen. Es decir, así cambien las cifras, el terrorismo de Estado no deja de serlo.

Además, el discurso de la vicepresidenta, Victoria Villarruel, sobre lo que sucedió en el país durante el denominado Proceso de Reorganización Nacional, resulta al menos –siendo muy decorosos– confuso.

Días atrás, en tanto, se anunció la decisión de que un hijo de un militar al que diversas organizaciones de derechos humanos califican como genocida sea el nuevo jefe del Ejército. Y si bien nadie es responsable por el accionar de sus progenitores, lo que se le endilga, por parte de esas agrupaciones a quien fue escogido para el cargo, es que no haya brindado una opinión clara sobre el accionar del padre.

En definitiva, es indudable que la grieta que muchos decían que desaparecería no lo estaría haciendo, sino que, más bien, parecería que ha ingresado en una metamorfosis donde los rasgos en discusión toman formas más ríspidas de las que se propiciaron durante gestiones anteriores.

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