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BOMBERO VOLUNTARIO SANCIONADO

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15/12/2023

“Uno de los oficiales dijo que si estuviésemos en el Ejército habría que fusilarnos”

“Uno de los oficiales dijo que si estuviésemos en el Ejército habría que fusilarnos”
“Uno de los oficiales dijo que si estuviésemos en el Ejército habría que fusilarnos”

Diego Jelin es uno de los bomberos voluntarios del cuartel Ruca Cura que recibió la baja disciplinaria por permanecer en el lugar junto a un compañero a quien, a su entender, habían sumariado injustamente.

Jelin es verdulero y vive en el barrio Pájaro Azul.

Llegó de Buenos Aires hace siete años (tiene cuarenta y seis).

Si bien su carrera como bombero comenzó pasados los treinta, el asunto le venía dando vueltas desde adolescente.

El lunes 18 de julio de 1994 se produjo el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). Jelin se enteró cuando iba hacia la escuela secundaria. Así, decidió cambiar de rumbo y fue hasta el lugar. Al llegar, se topó con el horror.

A la vez, observó cómo todos –bomberos, policías, soldados, médicos…– se ponían a disposición de un objetivo común. “Lo que importaba era sacar a la gente que estaba bajo las piedras”, recuerda.

Decidió sumarse a colaborar como voluntario. Le dieron un balde y pasó a formar parte de una fila de personas que retiraban los escombros en busca de personas que hubieran quedado sepultadas.

Durante cuatro días, se quedó a ayudar.

Aquella experiencia lo impactó.

Esa sensación de que, ante una catástrofe, surgía un fuerte espíritu solidario lo conmovió, y quedó flotando en su interior la idea de encauzar aquello por algún lado.

Años después, por una cuestión vinculada a una búsqueda de mejor calidad de vida, se mudó a Presidente Derqui, a unos sesenta quilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.

Durante el verano, por las noches, escuchaba que la sirena de bomberos sonaba con insistencia.

Entonces, no tuvo dudas. Eso era lo que quería hacer.

Se presentó en el cuartel, con un pelo que no era largo, sino… ¡larguísimo! Además, estaba bastante barbudo.

En el lugar, donde todos se encontraban rapados, le preguntaban si no se equivocaba en su pretensión.

Tanto insistió, yendo casi a diario durante tres meses, que, finalmente, le dieron la posibilidad de realizar el curso de ingreso. “Como había prometido, me afeité y me rapé a cero”, evoca. “A mí, el pelo me daba igual, si yo era la misma persona”, sonríe.

Luego, su compañera de vida, que es física, tuvo la posibilidad de venir a Bariloche para realizar un postdoctorado, así que él la acompañó.

Finalmente, decidieron quedarse.

“Llegué el 6 de marzo de 2017 por la mañana. A las dos de la tarde fui a Ruca Cura y les dije que quería continuar con mi carrera bomberil", narra.

Le costó ingresar, pero, a fuerza de insistencia, en octubre estaba arriba de un camión de bomberos, feliz.

Después comenzó a ver cosas que lo incomodaban.

“En Derqui jamás tuve una sanción disciplinaria”, cuenta ahora, que en Bariloche le dieron la baja.

¿Cómo llegó a esa situación?

Al bombero Julián Scolaro lo sumariaron y tres compañeros que lo respaldaron –entre ellos, Diego Jelin– decidieron permanecer junto a él en el cuartel de Ruca Cura durante dos días de julio.

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Desde la comisión directiva los tomaron como “acuartelados”.

Luego, incluso, se enterarían de que la jefa de cuerpo había hecho una denuncia por usurpación.

Más allá de eso, cuando, a partir de la presencia de vecinos que llegaron a respaldarlos y también de los medios de comunicación que difundieron la noticia, lograron visibilizar lo que sucedía, los “acuartelados” se marcharon.

“Un par de días después nos llamaron y nos entregaron a nosotros también, además de a Julián, el pase a disponibilidad. Nos iniciaron un sumario administrativo por los hechos de esos días. Nos acusaron de falsedad, de mentirles a los vecinos, de divulgar información de la institución y haber expuesto los nombres de los integrantes de la comisión directiva, algo que es público”, detalla Diego Jelin, quien, a eso, suma que luego se produjeron varios hechos fuera de lo normal. “En una reunión de jefatura, uno de los oficiales dijo que si estuviésemos en el ejército habría que fusilarnos”, manifiesta, a la vez que apunta que a los bomberos en funciones no les permiten decir nada con respecto al tema: “A los integrantes del cuerpo les exigieron que no podían hablar con nadie”, sostiene.

Según relata, la baja disciplinaria implica que no puede desempeñarse como bombero en ningún sitio durante cinco años, y, en caso de que lograra, tras ese tiempo, ingresar en alguna institución, ya no contaría con su antigüedad de grado (era sargento, una jerarquía media). Además, le impide disponer de la obra social. Debe precisarse que, de acuerdo a Jelin, si bien los bomberos voluntarios no cuentan con un sueldo, la provincia les brinda una cobertura médica (que, con la medida disciplinaria, se pierde). Además, existe la posibilidad de tener una pensión graciable después de los cincuenta años –con un mínimo de quince de servicio–, cosa que Diego también perdería. Otro beneficio vinculado a la profesión se relaciona con estar exento de abonar ciertos impuestos municipales.

Más allá de esas pérdidas, Diego Jelin deja en claro que lo que le duele es la acción que se tuvo contra ellos, a lo que suma irregularidades que observa en el manejo del cuartel en general por parte de la comisión directiva.

Pero, pese a todo, destaca el apoyo que sienten por parte de la comunidad.

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