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EL ENSAYISTA BRINDÓ UNA CHARLA EN BARILOCHE

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25/09/2023

Kovadloff ironizó que para Milei "el mal se llama casta hasta que viene Barrionuevo”

Kovadloff ironizó que para Milei "el mal se llama casta hasta que viene Barrionuevo”
Kovadloff ironizó que para Milei "el mal se llama casta hasta que viene Barrionuevo”

El filósofo, ensayista y poeta Santiago Kovadloff, en la charla que brindó en el hotel Cacique Inacayal –organizada por la agrupación Convocatoria a la Participación Ciudadana (CPC)– evocó al mexicano Octavio Paz y su frase “Estamos hechos de palabras”. De esa forma, destacó que “disponer del lenguaje es un milagro” y recalcó el rol fundamental de la Constitución Nacional (“Allí están las palabras que piden ser oídas por quienes quieren aprender a convivir en el marco de una democracia cabal”, afirmó).

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En su Confieso que bebido… perdón, que he vivido, Pablo Neruda escribió: “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos”.

“Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío…”, trazó el poeta chileno. 

Así, allí mismo, y no está mal recordarlo cuando se viven tiempos revisionistas, Neruda enmarcó lo que sucedía en épocas de conquista, sin olvidar el momento y el contexto, y aludió a los conquistadores que llegaron de la vieja Europa: “Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”.

Toda esta nerudiana apología del idioma español (entre otras "especias" culturales) viene a cuenta de que lo que se vivió con Kovadloff en Bariloche fue una clase magistral del uso de la palabra, incluso al destacar que “escuchar es tan importante como hablar”.

Aquellos que llenaron el salón Tehuelche del hotel Cacique Inacayal (hubo más de doscientas personas) navegaron hipnotizados durante algo más de una hora en el viaje oratorio que el ensayista propuso.

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Nadie niega que su voz, en la actualidad, tras aceptar encabezar un consejo de asesores en caso de que Patricia Bullrich sea elegida presidenta, tomó un matiz cargadamente político (en realidad, antes ya lo tenía, pero ahora resalta con otro tono, más activo). Sin embargo, y queda claro cuando se lo escucha, señalar que su palabra se torna política no equivale a calificarla como proselitista.

¿A quién se le ocurriría decir que quien aspira a llegar a la Presidencia, la aspirante a la que se respalda, todavía debe aprender muchas cosas? Kovadloff lo hizo, pero destacando la voluntad de Bullrich de formarse en el camino que emprendió, contrarrestando eso con lo que sucede con Sergio Massa y Javier Milei, uno –según apreció el filósofo– envuelto en un populismo que gobernó el país durante buena parte de las últimas dos décadas, y el otro bajo la pretensión de “destruir las instituciones de la república para generar un neocapitalismo basado en la hegemonía implacable de la economía, pero no al servicio de la persona, sino al de aquellos poderes que garanticen la posibilidad de manipular el Estado”.

Justamente, una de las expresiones más festejadas por la concurrencia apuntó a Javier Milei, ya que Kovadloff manifestó que, para el candidato de La Libertad Avanza, “el mal se llama casta hasta que viene Luis Barrionuevo”, apuntando al acercamiento del aspirante a mandatario y el líder sindical.

En definitiva, e incluyendo ese dardo verbal personalizado hacia el dueño de mastines ingleses con nombre de economistas, el nuevo paso de Kovadloff por la ciudad (había estado en septiembre del año pasado, como cierre del foro de Consenso Bariloche), para los que asistieron, fue un deleite del buen uso de la palabra.

Se puede estar o no de acuerdo con un pensamiento, pero siempre es digno de agradecer que, al menos, lo que se plantea sea expresado con un nivel como el que propone el ensayista cada vez que se dirige a una audiencia. La misma calidad –y eso ya es mucho, muchísimo– que aquella que muestra su pluma.

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