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ARTE CALLEJERO

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13/09/2023

Ángela Olivera, corazón de tiza

Ángela Olivera, corazón de tiza
Ángela Olivera, corazón de tiza

Los transeúntes, al pasar por la intersección de Mitre y Villegas, en la vereda del banco Nación, suelen sorprenderse y detener unos instantes su caminar para apreciar una obra de arte de carácter efímero.

Es decir, si no se pararan a verla en ese momento –o poco después– difícilmente la volverían a encontrar.

Porque las pinturas sobre las baldosas de esa esquina están hechas con tizas.

Ángela Olivera es su creadora.

Nació hace veinticinco años en La Matanza.

En 2021, una vez que pasó el momento más duro de la pandemia, decidió partir. En Buenos Aires no había contado con un espacio cercano de naturaleza, así que surgió la idea de buscar nuevos horizontes.

Tras pasar por Bahía Blanca, llegó a Bariloche.

Un conocido que había arribado a esta parte del sur le habló de la ciudad como de un lugar propicio para que ella mostrara su arte.

“Dibujé toda la vida”, cuenta Ángela, para luego ampliar: “Estudié en una escuela secundaria con orientación en arte; en la Escuela de Arte Leopoldo Marechal, de La Matanza; y en la Universidad Nacional de las Artes, de Buenos Aires”.

Y, más allá de la pintura, le agradan otras expresiones artísticas.

“He explorado un poco la actuación en performances”, cuenta, y suma: “Me encanta la música”. Sobre el último dato, especifica que tomó clases de guitarra y que le gusta cantar, además de incursionar en instrumentos de percusión.

“También me interesa escribir. Por ahora, pensamientos… algo cercano a la poesía”, revela, acerca de una faceta que, por ahora, no se ha decidido a mostrar, aunque es algo que la tienta para el futuro.

Incluso en sus pinturas en tiza suele existir un costado literario, pero, en ese caso, a través de citas de otros autores.

Sus creaciones aparecen acompañadas de frases que muestran una amplitud de opciones tan disímiles como una frase que se atribuye al filósofo chino Confucio (“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio”) y un fragmento de un tema del rapero español Kase.O (“Tienes gran poder, sólo quiérete; puedes lograr cualquier cosa esforzándote”).

A la hora de ponerse a leer, se inclina por la ciencia ficción. Por estos días, tras haber terminado un libro de Stephen King, ha comenzado uno de Ray Bradbury.

Jornadas atrás, quizá como una extensión de ese gusto literario vinculado a lo fantástico, trazó en el piso de la calle Mitre una serie de marcianos y ovnis.

Cada una de las obras que plasma sobre las baldosas suele llevarle, por lo menos, cuatro horas de trabajo. En ocasiones, si el dibujo precisa mayores detalles, bastante más.

Para sus creaciones en la vereda, utiliza tiza y carbón, nada más.

Dice que realizar ese tipo de arte en Bariloche ha sido todo un desafío.

Si bien ya había practicado esa modalidad en Buenos Aires, al hacerlo en esta parte de la Patagonia apreció que implicaba dificultades diferentes, por el tipo de baldosas y el clima. “A veces las circunstancias meteorológicas, como la lluvia y el viento, te modifican el dibujo”, señala.

Sobre cómo mejoró el estilo para dejar plasmadas sus obras en la calle, revela: “Uno puedo dibujar con carbonilla y pasteles a la tiza en cierto tipo de hojas, y eso me dio mucha experiencia”.

En cuanto a lo que la orienta a la hora de trazar su arte, cuenta: “Me suelo guiar por imágenes de animales o paisajes, también por fotos que saco”.

“Otra cosa que me gusta es el retrato, porque el dibujo realista me agrada”, añade. En ese punto, recalca que “Lionel Messi y Diego Maradona son los favoritos, porque la gente disfruta mucho viéndolos”.

Sobre el porqué de la elección de la esquina del Banco Nación como sitio que sirve como galería de arte al paso, devela: “Estoy contenta acá porque es una vereda espaciosa; no me gusta entorpecer el paso de la gente, y este lugar me permite trabajar tranquila”.

Cada pintura puede permanecer aproximadamente dos días, hasta que se “evapora”.

Más allá de este arte con una fecha de vencimiento tan próxima, Ángela Olivera es muralista. En ese sentido, ya con otros materiales y diversos espacios donde proyectar su arte, las creaciones ganan extensión de vida.

“Intento dedicarme a lo que a mí me gusta. Ahora estoy trabajando para una ilustración infantil de un libro. También disfruto de hacer pinturas por pedido”, manifiesta la joven, quien a través de su Instagram (aliwen_artevisual) muestra sus intervenciones callejeras. “Lo efímero me da la posibilidad de volver y hacer algo nuevo”, dice justamente sobre esa labor quien de pequeña disfrutaba de rayar con tiza las veredas de su barrio, en La Matanza, y ahora sueña con recorrer Latinoamérica para mostrar cómo avanzó –y continúa avanzando– en su arte.

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