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VERICUETOS DE LA MENTE

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31/08/2023

La tormenta de Santa Rosa y una abuela

La tormenta de Santa Rosa y una abuela
La tormenta de Santa Rosa y una abuela

Mi abuela no conoció la nieve.

Nunca visitó la Patagonia.

No lo tengo muy en claro, pero creo que nació en Entre Ríos.

Su apellido, Stadelmann, hablaba de raíces alemanas.

Sé que tuvo una vida dura.

Que escapó de un hombre que la maltrataba.

Que luego conoció a mi abuelo.

Que con él tuvo una hija –mi madre–y un hijo.

Que hubo otro, de la relación con aquella persona de la que huyó.

Que le dijeron que había nacido muerto.

Que ella nunca terminó de creer que eso fuera verdad.

Esa duda la acompañó toda la vida, como un dolor imperecedero.

Quizá la falta de certezas sobre el destino de su primer hijo haya sido la causante de un carácter áspero.

Sin embargo, esa característica no podía ocultar la ternura de la que era dueña bajo una coraza rígida.

Tenía debilidad por los niños.

No se cansaba de jugar con ellos.

Ese cariño llegaba especialmente a mí. Incluso cuando dejé de ser un nene –al menos en edad–.

Su cumpleaños coincidía con el Día Internacional de la Mujer.

Falleció en septiembre de 2003.

Hacía ya un par de años que me dedicaba al periodismo.

Sus restos están en un nicho de un cementerio marplatense. Al menos, así era hasta unos años atrás. 

Hace mucho que no visito aquel lugar.

Es un sitio feo, pero me gustaba acudir porque allí también están los restos de mi padre. Solía ir y brindar “con él”, tirando un poco de líquido a la tierra de un patio interno del panteón. Cada vez que lo hacía, pasaba también por “lo de mi abuela”, y la saludaba. A veces le dejaba alguna flor.

Ahora, en Bariloche, la nieve llegó con fuerza, en coincidencia con Santa Rosa. 

Todos hablan de la famosa tormenta vinculada a la figura venerada.

Por mi parte, al mirar nevar, pienso en mi abuela.

Se llamaba Rosa. Y no conoció la nieve.

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