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OCHO CANDIDATOS Y UN FALTAZO CON AVISO

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14/04/2023

¿Fue un debate?

¿Fue un debate?
¿Fue un debate?

El debate televisivo entre los candidatos a gobernador de Río Negro que se realizó en Bariloche, en el marco del programa televisivo De la A a la Z, tuvo varias características.

En principio, hay que destacar que, tal como indicó al inicio de la emisión el conductor, Mario Sandoval, una de las nueve personas que aspiran al cargo, Aníbal Tortoriello, rechazó la invitación. “Lamentamos profundamente que haya decidido no estar presente”, dijo el periodista.

“Hay una silla que estaba dispuesta para el candidato de Cambia Río Negro, pero está vacía”, apuntó Sandoval.

En vista a la discusión política que se avecinaba, el reportero hizo referencia a una encuesta sobre la cantidad de gente que tenía o no definido el voto. Así, contó que un cuarenta y nueve había dicho que sí, pero un cincuenta y uno, que no.

El orden de las exposiciones fue determinado por un sorteo.

De esa forma, hubo tres disertaciones “por cabeza”, dos de cinco minutos y una de tres, en un lineamiento dispuesto por el azar.

Igualmente, cabe preguntarse si se trató de un debate propiamente dicho.

Porque más que debatir, es decir, discutir sobre determinados temas planteados por un coordinador, cada quien simplemente tuvo la opción de hablar sobre lo que quisiera mientras que respetara el tiempo previsto.

De tal manera, más allá de algunos que optaron por responder sobre cuestiones sobre las que se había manifestado el candidato que los precedió, en general se vieron disertaciones que parecieron más discursos divididos en tres segmentos que un debate.

Igualmente, cabe resaltar que aquellos que decidieron salirse brevemente de un libreto claramente ensayado (todo, al fin y al cabo, no dejó de ser una actuación para el electorado) fueron los que cargaron contra el senador Alberto Weretilneck.

Eso puede hacer referencia a tres cuestiones: la primera, que apuntaría a una visión naif del asunto, sería que existe una carga ideológica que los enfrenta con quien ya ha sido gobernador y pretende reincidir en el cargo; la segunda tendría que ver con un encono personal; la tercera, en tanto, se vincularía a un intento por destronar a quien encabeza la carrera, o sea, entorpecer el rumbo de quien parece tener todas las de ganar.

Un condimento extra se planteó sobre la hora: ¿Silvia Horne hablaría de las acusaciones que afloraron horas previas al debate, que la ponían en la guillotina de la opinión pública por fondos estatales que habrían desembocado en una asociación civil vinculada a su persona, con el supuesto fin de apuntalarla en el último tramo electoral?

Finalmente, la candidata sí habló del tema, emulando, a su manera, el latiguillo patentado en su momento por Néstor Kirchner: “Clarín miente”.

Pese a todas estas apreciaciones, hay que sincerarse y expresar que hubiera sido bueno estar en el set para apreciar las reacciones fuera de pantalla, aquellos gestos que suelen decir más que las palabras, como también poder observar hasta qué punto los participantes estaban guionados por sus asistentes personales.

Lamentablemente, desde la organización se indicó que, por una cuestión de espacio, no podían estar en el piso televisivo personas ajenas al canal.

Así, en base a lo que se pudo ver por la pantalla, vale decir que, salvo algunas consideraciones puntuales salidas de libreto, más que un debate, se trató de disertaciones individuales divididas en tres segmentos, donde quizá algún televidente haya podido pensar o reconsiderar su voto, aunque, ante la falta de sorpresas y de un ida y vuelta más concreto, es de suponer que el encuentro de candidatos llegó para no cambiar nada, o, incluso, para, a las ya existentes, sumar otras dudas.

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