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A DOS AÑOS DE SU MUERTE

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27/02/2023

Lucas Caro, el joven que hizo movilizar a Bariloche para pedir justicia

Lucas Caro, el joven que hizo movilizar a Bariloche para pedir justicia
Lucas Caro, el joven que hizo movilizar a Bariloche para pedir justicia

Fue hace dos años, en la línea divisoria brumosa donde el 27 de febrero daba paso al 28.

Lucas Caro tenía diecisiete; hoy andaría por los diecinueve (había nacido el 4 de diciembre de 2003).

Pero todo cambió aquella noche en que la muerte se hizo presente.

El clima que invitaba a caminar, una cena con la novia y la madre de la joven en un restaurante, el regreso por la vera de Bustillo, un conductor que se sale del camino, el auto pasa por al lado de la mujer y embiste al adolescente por detrás, la chica siente el tirón en el brazo y el mundo ya no será igual para mucha gente.

Porque luego se pudo palpar el cariño que había por aquel muchacho; quedó claro que era alguien muy apreciado.

Estuvieron, por ejemplo, las marchas masivas pidiendo justicia, mientras se iban conociendo datos de aquella noche.

Que quien manejaba tenía alcohol en sangre.

Que no frenó para socorrer a la víctima.

Que venía de una fiesta en un camping donde estuvieron varios funcionarios municipales.

Que, tras el hecho, pasaron dos camionetas blancas que no se detuvieron a pesar de los pedidos desesperados de la chica y su mamá (para ellas, venían del mismo lugar que quien había atropellado a Lucas).

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Un auto que transitaba por la otra mano sí paró; a bordo iban dos muchachos que indicaron que sabían realizar reanimación cardiopulmonar e hicieron lo posible por hacerlo reaccionar.

Los bomberos que arribaron después, al igual que los profesionales que llegaron en una ambulancia, también lo intentaron.

Pero Lucas no respiraba.

La postal del desasosiego se completó con el dolor de los padres del adolescente, que, al ver la escena, no podían creer lo que les informaban.

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Luego llegó el juicio.

La sentencia para quien mató a Lucas: cinco años de prisión efectiva y diez de inhabilitación para manejar.

Queda una estrella amarilla que recuerda el lugar de la muerte.

En la escuela a la que Lucas asistía (la secundaria N° 2), pusieron su nombre al salón de usos múltiples.

El Centro de Educación Física N° 8 organizó un torneo de básquetbol en su memoria.

Y están los pequeños homenajes, esos que se presentan sin pensar, cuando se lo cita en una conversación.

Porque, no está de más repetirlo, mucha gente lo quería –y lo quiere–.

Su muerte, por cómo sucedió, por las circunstancias que hubo alrededor, sacudió a Bariloche.

Pasaron dos años y el eco de aquella noche retumba en un presente que llora su ausencia.

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