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CARLOS “CACHO” MAIZÓN

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30/12/2022

Murió un antiguo poblador de Mascardi que se atrevió a hablar de la situación en la zona

Murió un antiguo poblador de Mascardi que se atrevió a hablar de la situación en la zona
Murió un antiguo poblador de Mascardi que se atrevió a hablar de la situación en la zona

A los setenta y ocho años, falleció Carlos “Cacho” Maizón, conocido poblador de Villa Mascardi y uno de los pocos que, en los momentos más complicados del conflicto que nació con la llegada de la denominada Lafken Winkul Mapu a la zona, se atrevió a hablar del tema.

En noviembre de 2020, por ejemplo, no se anduvo con vueltas cuando, al referirse a los integrantes de aquella comunidad, sostuvo: “Esa gente que está ahí es como si tuviera una vacuna contra la ley; no la acata para nada”.

Y, para que no quedaran dudas sobre su opinión, añadió: “Tienen tanto de mapuche como yo de australiano. Se trata de oportunistas. No son de acá, ni jamás vivieron en este lugar. Son delincuentes de Bariloche, y de la peor estofa”.

Si bien la casa familiar se encuentra al sur del paraje, tras pasar los terrenos que hasta el desalojo del 4 de octubre de este año estuvieron ocupados, vivía en estado de alerta y añoraba los viejos tiempos. “Usted, antes, podía dejar la puerta de su casa abierta, volver a los tres días, y no pasaba nada. Ahora, lo primero es cerrar. Y, así y todo, esperar que no le quemen un galpón o algo así”, le dijo en una ocasión a este cronista.

Cacho había nacido en 1944, en la propia Villa Mascardi.

Al conversar con él, las anécdotas de la zona venían a su mente de manera permanente. Rememoraba gestos de antiguos pobladores, expresiones de confianza y fraternidad que, tras haberse desatado el conflicto, parecían muy lejanas.

Señalaba que el paisaje había pasado a incluir “encapuchados” y cuestionaba: “Si poseen tantos derechos ancestrales como dicen, ¿por qué andan así?”.

Sus padres trabajaban en el Automóvil Club Argentino (ACA), y él, luego, pasó a ser concesionario. Cuando se jubiló –casi obligado–, a los sesenta y largos, le dijeron que disfrutara del tiempo que vendría, de tranquilidad… Con los edificios derruidos como postal habitual, aquello que le habían deseado pasó a ser recordado casi como una broma de mal gusto.

Además, si bien su propiedad en Villa Mascardi no había sido afectada directamente, tenía un campo usurpado, en El Foyel. 

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Igualmente, se mostraba esperanzado: “La situación no la veo perdida, porque nunca hay que bajar los brazos”, decía.

Meses atrás, luego de un accidente vehicular, falleció su esposa.

Él, que cargaba con un estado de salud delicado, acaba de morir.

Descanse en paz.

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