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ES PARTE DE LA ORGANIZACIÓN DE LA FIESTA DE LA TRADICIÓN

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10/11/2022

Argentina Salazar: está en silla de ruedas porque un potro le cayó encima pero ama a los caballos

Argentina Salazar: está en silla de ruedas porque un potro le cayó encima pero ama a los caballos
Argentina Salazar: está en silla de ruedas porque un potro le cayó encima pero ama a los caballos

Sucedió en Puelén, La Pampa, hace cinco años.

“Tuve un accidente en una jineteada… Me aplastó un potro y quedé en silla de ruedas”.

Lo dice Argentina Salazar. Sin darle vueltas al asunto. A pesar de todo, agradecida de haber podido ser jinete y competir en varias provincias argentinas, como así también al otro lado de la cordillera.

Reconoce que sabía acerca de los peligros que existían.

Cada tanto lanza un “gracias a Dios” para acompañar alguna frase relacionada con su sobrevivencia.

Es cierto. Ahí está esa silla de ruedas que le recuerda que su vida ya no es la misma, pero sigue siendo eso: vida.

Está por cumplir cuarenta y cuatro años, y se muestra muy activa. Por ejemplo, es una de las organizadoras de la Fiesta de la Tradición de este año.

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Es la primera vez que lo hace, aunque tuvo una experiencia previa con otra festividad, para el Día Internacional de la Mujer, en marzo de 2020, justo antes del aislamiento por la pandemia de COVID-19.

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Como se ve, ha seguido unida a los caballos.

Esos animales han formado parte del paisaje de su existencia.

“Nací y me crié en Villa Llanquín”, cuenta ella, que después del accidente se radicó en Bariloche.

“Tengo tres hermanos varones que siempre anduvieron en las jineteadas. Traemos esa pasión. Yo los admiraba y me sentía orgullosa cuando sacaban algún premio. Recuerdo que cuando era chica me ponían las espuelas y me subían arriba de un potrillo. Ahí empezó todo. Después se me dio a mí”, narra, a la vez que destaca: “Incluso pude cumplir el sueño de estar en el campo de jineteada de Jesús María”.

Luego, el eclipse en Puelén y, por un momento, todo se volvió oscuro.

“Fue un segundo”, suspira, y rememora: “Nunca perdí el conocimiento. Siempre recuerdo que cuando salió el caballo de encima ya no sentí las piernas. Fue chocante. Dije: 'Algo pasó, algo está mal’. Pero no me desesperé”.

“Se me fracturaron seis vértebras y tuve también una lesión en la médula, por eso la discapacidad que me quedó”, explica, a manera de informe.

De esa forma, señala: “La silla de ruedas la voy a tener que usar siempre”.

La mujer evoca: “Mi mamá tenía miedo de que me pasara algo… Y cuando sucedió, para mí, era difícil… Cada vez que la miraba y veía que a ella se le caían las lágrimas sentía ganas de pedirle perdón, pero… Yo había estado haciendo lo que me gustaba”.

“Era consciente de lo que son las jineteadas, de que algo podía pasar. Tratamos con un animal. Todos los jinetes sabemos que corremos riesgo, incluso de vida”, reconoce.

“Gracias a Dios, tuve la oportunidad de sobrevivir, y todos los días agradezco estar entre mi familia”, expresa.

Más allá de que el uso de la silla de ruedas será perpetuo, a partir de unas prótesis que le colocaron en los pies, con la ayuda de un andador, puede caminar pequeños recorridos.

Tras el accidente, no quiso alejarse de los equinos.

“Con los kinesiólogos, fue una lucha. Yo quería subirme al caballo y ellos me decían que tenía que esperar hasta tener más estabilidad. Un día me dijeron: ‘Vas a poder, pero empezá de a poquito, tranquila…’. Tengo un amigo que hace cabalgatas en cerro Leones, así que un día fui y cabalgué dos horas”, sonríe.

Ella dice que el período en que no anduvo a caballo (dos años) “fue una eternidad”.

En la Fiesta de la Tradición será “capataz de campo” en una competencia. “Sigo participando, arriba del caballo y organizando. Es lo que me gusta, lo que me hace sentir bien, mi cable a tierra”, confía.

A  la vez, a raíz de lo que tuvo que atravesar con el accidente, apoya a una amiga que lleva adelante un nuevo seguro para jinetes. “Hay que concientizar”, afirma, y añade: “Los organizadores tienen que sacar el seguro y los jinetes deben exigir uno que sea bueno… Yo la pasé bastante mal”, manifiesta.

Y, como más allá de la pasión, no todo en la vida son caballos, Argentina participa también en el grupo Actividad Deportiva Adaptada Municipal (ADAM). Hace poco trajo una medalla de oro de Santa Rosa, La Pampa, por competir en tenis de mesa en la primera edición de los Juegos de la Integración. Ahora practica también básquet y arquería.

Por otra parte, tiene un programa de radio. Se llama La Criolla Argentina, es de folklore y sale por FM Terrena los martes y jueves de 18 a 20.

“No me arrepiento de haber sido jinete, de haber representado a mi Patagonia, a Bariloche, a Villa Llanquín. A donde iba llevaba la bandera de Río Negro. Fue una experiencia muy linda… Gracias a Dios volví a andar a caballo”, apunta, siempre con una sonrisa.

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