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EL DOLOR DE LA MADRE DEL KAYAKISTA DESAPARECIDO

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27/10/2022

“No puedo seguir insistiendo porque no lo voy a encontrar”

“No puedo seguir insistiendo porque no lo voy a encontrar”
“No puedo seguir insistiendo porque no lo voy a encontrar”

Conversar sobre la pérdida de un hijo con alguien que padece esa situación es difícil.

Si bien desde hace unos años hay gente que utiliza el neologismo huérfilo para denominar a ese estado, y por más que el vocablo se extienda y finalmente, quizá, sea aceptado por todos, lo cierto es ese sufrimiento no tiene nombre.

En el oficio de periodista toca chocar con situaciones duras, pero pocas como la de enfrentarse a quien ha atravesado algo así.

Mirar a los ojos a una persona que lleva ese hueco en el alma no tiene descripción.

Pero, en la obligación de contar la noticia, un cronista intenta, también, bucear en los sentimientos de quien carga con la ausencia.

Si uno piensa en Mirta Nicolás, la imagina en aquellos días fríos de diciembre de 2020, junto al lago Moreno, aguardando que los miembros de Prefectura salieran del agua con una noticia acerca de su hijo, Andrés Quinteros. 

Los buzos se sumergían, pero cuando reaparecían la esperanza se desvanecía.

Su hijo, Andrés Quinteros, de treinta y cinco años, ingresó a esas aguas el 9 de diciembre, en un kayak en el que también estaba Marcelo Vera, quien había salido con signos de hipotermia.

Ese muchacho siempre mostró una actitud distante con la familia del joven desaparecido.

Quizá el dolor fuera por dentro, pero sus modos transmitían cierta frialdad.

En aquel diciembre, concurrió dos veces cuando lo convocaron para que marcara un sitio donde buscar, y en cada ocasión apuntó a un lugar distinto.

Luego, en abril de 2021, ante una búsqueda que realizaron unas personas que diseñaron una cámara subacuática, volvió al lugar, pero ingresó por una zona distante de la entrada principal a la playa, como una manera de evitar cruzarse con los padres de Andrés.

Se lo vio ir rápido hacia el agua para subirse al semirrígido, sin siquiera saludar a los que estaban a cierta distancia, en la orilla.

Cuando la embarcación regresó, Mirta se le acercó y, respetuosamente, le consultó por el lugar en el que, el día fatal, se habían metido en el agua.

Él contestó que había sido a la altura de donde se encontraban, por el sector de ingreso a la playa, para luego ir cerca del muelle viejo a armar las cañas de pescar y partir lago adentro.

Tras aquel comentario, Vera se secó los pies, se colocó el calzado y partió por uno de los costados, nuevamente en silencio, sin saludar a los familiares de Andrés.

Ese día, al finalizar la tarde, Mirta, que nuevamente se iba sin la certeza definitiva, es decir, sin el cuerpo de su hijo, decía: “Me queda la conciencia tranquila de que voy a agotar todos los medios para encontrarlo”.

Antes, a partir de la búsqueda que se hizo a pie por la costa, surgió también la denuncia de los alambrados de propiedades privadas que llegaban cerca del lago. Aquello implicaba que, incluso en caso de haber podido llegar a la orilla, a Andrés se le hubiese hecho difícil, tras nadar en condiciones climáticas desfavorables, encontrar resguardo.

La idea de la realización de un sendero educativo, con un matiz ecológico, que sirva para concientizar sobre el medioambiente y, también, acerca de los cuidados que deben tenerse a la hora de ingresar al lago, a Mirta la impulsó a desear transformar el dolor en algo positivo.

El proyecto, mediante el empuje de la concejala Julieta Wallace, se transformó en ordenanza.

En diciembre de 2021, a un año de la desaparición de Andrés, se colocó en la Playa del Viento un cartel con una frase de Aristóteles (“La naturaleza no hace nada incompleto ni nada en vano”), anunciando la creación del camino.

Pero, al pasar algo más de diez meses y ver que el asunto no avanzaba, Mirta pidió ver a la jefa de Gabinete, Marcela Abdala.

Tras un par de suspensiones, debido a cuestiones de actualidad que marcan la agenda diaria, la funcionaria la recibió el miércoles.

Al salir de la reunión, Mirta explicó: “Del total del trayecto, que es de siete kilómetros y medio, Abdala dio el visto bueno para comenzar a hacer los tres primeros”.

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“Van a ir acomodando todo, porque hay muchas ramas tiradas y piedras, y pondrán carteles para que se sepa por dónde circular”, explicó la mujer, a la vez que expuso que la intención es que esté listo para el 9 de diciembre, cuando se cumplirán dos años de la desaparición de Andrés.

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Asimismo, indicó que en ese tramo no existirán grandes complicaciones, pero luego, cuando se avance con el resto, “hay sitios con muchos riscos y cercas de propiedades privadas; quienes tienen que pasar lo hacen colgados de los alambres”.

Sobre ese punto consideró que más adelante, al seguir con la obra, las autoridades municipales “tendrán que hablar con los dueños de esos lugares para que corran los cercos”.

En cuanto a la búsqueda, confirmó que desde el año pasado “no hubo más intentos”.

“Supuestamente el cuerpo está hundido, porque el lago, según me indicaron de Prefectura, es como una palangana, y abajo, como a cien metros, hay mucha presión, así que todo lo que cae se hunde”, dijo.

“Ya está, se fue… No puedo seguir insistiendo porque no lo voy a encontrar”, expresó con resignación, para luego añadir que, desde el año pasado, que se colocó el cartel anunciando la creación del sendero, no regresó a la Playa del Viento. “No puedo… Es como si a Andrés lo esperara en casa, como todos los días…”, le había dicho a este cronista en una ocasión anterior.

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