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EL PÁRROCO DE SAN CAYETANO HABLA DE LA REALIDAD EN EL ALTO Y LA CULTURA DEL TRABAJO

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08/08/2022

“Cuando las situaciones vienen complicadas, algunos santos son como soguines de ayuda”

“Cuando las situaciones vienen complicadas, algunos santos son como soguines de ayuda”
“Cuando las situaciones vienen complicadas, algunos santos son como soguines de ayuda”

Pablo Bustos, el cura de la parroquia San Cayetano –de Bariloche–, es oriundo de Santa Rosa, La Pampa.

Tiene cincuenta y tres años, es salesiano y, antes de arribar a esta ciudad, estuvo en Viedma y en Carmen de Patagones.

Llegó el 11 de febrero de 2020; el 30 de marzo se declaró la cuarentena…

Igualmente, aquel año, cuando el calendario marcó que era 7 de agosto, Día de San Cayetano, decidió sacar al santo por las calles. “Recorrimos todos los barrios, lo pusimos en una camioneta, con un parlante”, evoca el párroco.

En cuanto al 2021, rememora que, como todavía había ciertas restricciones, se hizo “una misa por la tarde, afuera, al aire libre”.

Este año, en tanto, el templo abrió a las 8, cuando empezaron a llegar los primeros peregrinos. A las 11 hubo misa, y luego un almuerzo que alimentó cuerpo y alma (guiso de lentejas). 

El día siguió con jóvenes músicos diocesanos, que tocaron y bailaron folklore.

La intención, luego, era emprender la tradicional caminata, pero el estado de las calles –repletas de barro, con algo de nieve, y unos agujeros que hacían temer– hizo desistir de la idea, así que la jornada continuó dentro del templo, donde los miembros de cada centro comunitario brindaron la oración que habían preparado, con sus intenciones particulares.

A las 17, nuevamente misa; luego, chocolatada con tortas fritas, y, a las 19, la última celebración religiosa.

La parroquia acogió a una cantidad importante de fieles durante todo el domingo.

“Cuando las situaciones vienen complicadas, algunos santos -por ejemplo, San Cayetano- son como soguines de ayuda”, metaforiza Pablo.

“El 7 de agosto la gente viene a agradecerle al santo o a pedirle que le dé una mano. Lo fundamental es la fe de las personas en que es posible vivir de otra manera, mejor. Frente a la enfermedad, la falta de trabajo, la carencia de cosas materiales, las realidades familiares complejas, es como decir: ‘No estoy solo, confío en alguien’. Y lo hacen comunitariamente”, expresa.

Así, considera que esa necesidad de depositar la esperanza en una figura santa forma parte de “la dimensión profunda del ser humano”, y reconoce: “Las religiones, a veces, nos hemos encargando de ir destruyendo eso, porque te ponen en un sistema donde te cargan de cosas que no se sabe bien para qué son”. 

En ese sentido, profundiza: “Me parece que hay que ayudar a desplegar la espiritualidad y a conectarse, porque es algo que está en toda la gente… Cuando le ponemos un rótulo, dentro de un esquema, es como si Dios quisiera escaparse de eso…”.

El párroco reflexiona que en el acto de acercarse a la iglesia el 7 de agosto “hay mucho de fe profunda, de sentirse acompañado”.

–A San Cayetano, en la Argentina, se lo relaciona fundamentalmente con el trabajo, pero en el resto del mundo no es tan así. En otros lugares se lo vincula especialmente con la Providencia… ¿Por qué cree que pasa eso?

–Creo que tiene mucho que ver con nuestra realidad como país, con la necesidad de ganarse el pan y de hacerlo dignamente. La gente que lo busca o es devota de San Cayetano es laburante. Hay otros santos que quizá no conectan tanto con las personas trabajadoras. San Cayetano fue un abogado que vio una realidad compleja y a una Iglesia muy alejada de la situación de los pobres, y quiso acercarla a ellos. Eso conectó con la gente sencilla. Y por eso los laburantes de nuestro pueblo se relacionaron con este santo.

–Se suele decir que en la Argentina se está perdiendo la cultura de trabajo, ¿considera que es así?

–Más que perderse la cultura del trabajo, para mí, se trata de una realidad donde, ante la falta de oportunidades, se han ido naturalizando ciertos estilos de vida. Las ayudas sociales a veces se han utilizado como clientelismo político, para obtener votos más que para colaborar a que el ser humano despegue. Uno descubre el valor del trabajo cuando tiene uno, porque el trabajo es más que la plata. Se trata de sentir: “Yo soy alguien”, “Soy capaz”, “Puedo”… A veces ciertas políticas sociales y culturales no favorecen a ese despegue. Hay ciertos hábitos que se han ido perdiendo, pero la capacidad la tenemos. Se deben generar oportunidades y hacerle descubrir al otro el potencial que tiene dentro.

–Estamos en El Frutillar, pero la parroquia acoge a vecinos de todo El Alto, ¿cómo observa esta zona de Bariloche?

–Algunos barrios han progresado, y a otros se los ve con ganas de hacerlo pero sin tener cómo. Veo a muchas familias con ganas de mejorar su casita, de lograr una calidad de vida mejor, pero con mucha pobreza. Por ejemplo, con la calefacción… Hay muchas realidades… Y están las calles, que hacen que, a veces, ante estas nevadas, se haga imposible salir. Pero la gente le pone ganas. Son personas luchadoras, emprendedoras. En este tiempo, por el tema de la inflación, ha crecido la demanda de alimento.

–Desde la parroquia, ¿cómo se responde a esa situación?

–Tenemos las donaciones que llegan a través de Cáritas, y después la ayuda de algunas personas generosas. 

–A la Iglesia de hoy, desde el papa hacia abajo, ¿la ve cercana a la realidad?

–Son ciclos… En el actual me parece que, con la figura de Francisco, con todos sus signos y gestos, ayuda a toda la Iglesia a airearnos un poco. Mucho tiempo estuvimos como encerrados, enquistados en nosotros mismos. Esta parroquia se ha caracterizado por salir a visitar a las familias, ir al encuentro… Este tiempo de pandemia nos obligó a encerrarnos un poquito, pero también se vio cómo muchos espacios de las iglesias se abrieron a dar una mano. Hay ciertas situaciones que, si se saben ver como oportunidades, te ayudan a acercarte. Me parece que, por lo menos en algunos ámbitos de la Iglesia, hay más apertura y cercanía con la gente. No creo en una Iglesia tan doctrinal, de “esto está bien” y “esto está mal”, sino en una que te acoge, te recibe, te invita a hacer camino, a creer que Dios puede transformar tu vida. 

–En este 7 de agosto, ¿desea dejar algún mensaje para los fieles?

–Este año, con la comunidad, pusimos como lema “San Cayetano, queremos vivir con Dios en la justicia y en el amor”. Vivir con Dios en referencia a la posibilidad de saber que en el fondo de cada ser humano hay algo que nos sostiene y nos unifica: nuestra fe en Dios. Tenemos que vivir con esa conciencia de que Dios nos une y, desde nuestra naturaleza humana, ya hay algo común en nosotros y una invitación a mirarnos de esa manera, como seres unidos en lo más profundo. Y, justamente, una forma de unirnos es siempre trabajar por la justicia, porque podemos estar bien todos, no solo algunos, y para eso falta esa capacidad de amar, que es la que tenía San Cayetano.

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