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UN ASTRÓNOMO CON UN OBSERVATORIO EN ÑIRIHUAU

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23/07/2022

Daniel, con la cabeza en las estrellas

Daniel, con la cabeza en las estrellas
Daniel, con la cabeza en las estrellas

“Mi papá, en los ochenta, fundó el Fotoclub Bariloche”, dice con orgullo Daniel Chiesa, en referencia a Ricardo, que falleció en 2014 y, más allá de su labor como fotógrafo, era un amante de la astronomía, pasión que le transmitió a su hijo, quien tiene un observatorio en Ñirihuau.

Al recordar a su papá, Daniel evoca: “Él combinaba la astronomía con la fotografía, el telescopio con la cámara”.

Este hombre, de cincuenta y tres años, se inclinó por los astros como una especie de grata herencia paterna.

Según cuenta, su padre fue parte de la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía.

“Ahí aprendió muchísimas cosas; entre ellas, a armar telescopios”, señala.

Justamente, al referirse al tema, narra: “En casa teníamos un telescopio fabricado por él, así que siempre observábamos el cielo”.

La familia era de Buenos Aires. “Vinimos a Bariloche en 1974; yo tenía cinco años”, indica Daniel.

En lo que respecta a “mirar hacia arriba” en esta parte del sur, explica: “Hay ventajas y desventajas”.

En tal sentido, detalla: “El principal beneficio es que el cielo es 'puro’; el problema radica en las nubes, que se forman por la nubosidad que ingresa del Pacífico, que hace que el aire sea muy húmedo, frío, y las provoque”.

“Por eso la Patagonia no ha sido un lugar elegido para instalar observatorios astronómicos; en general, se buscan sitios como San Juan o Mendoza, donde hay un cielo mucho más seco”, expone.

Daniel, en la actualidad, lleva adelante un emprendimiento llamado Astropatagonia.

El astrónomo, que trabajaba en un hotel en la base del cerro Catedral que tiene un observatorio, hace ya tiempo decidió comenzar a realizar actividades por su cuenta.

“Hacía astroturismo al aire libre”, cuenta.

Luego, fue por más…

“Armar el observatorio fue una cuestión superadora”, apunta.

Lo levantó en la zona que se conoce como Ñirihuau Arriba. “Para el que conoce Bariloche, es el camino de La Paloma al fondo. Está ubicado a veintitrés kilómetros del centro de Bariloche”, apunta.

“Lo hice completamente solo, pieza por pieza, fierro por fierro; lo diseñé y armé desde cero”, asevera.

“Una de las características que tiene el lugar es que está suficientemente alejado de la contaminación lumínica que genera Bariloche, que es un problema que se observa en las grandes ciudades”, puntualiza.

Sobre las actividades que allí se pueden desarrollar, narra: “Primero, lo que hacemos es observar el cielo a simple vista, reconociendo estrellas… Con un puntero laser voy dibujando las constelaciones y las explico, para que la gente pueda entenderlas. Después, utilizamos el telescopio. Observamos cúmulos, nebulosas, alguna galaxia, la Luna, si están los planetas podemos ver algún detalle de su superficie…”.

Daniel describe el observatorio como “una semiesfera, una cúpula, que rota trescientos sesenta grados, donde se cuenta con la ventaja de estar protegido ante las inclemencias del tiempo”.

“Muchas veces tenés cielo despejado, pero hay viento, brisa, temperaturas bajas, lo que es bastante molesto para el confort, entonces el observatorio te crea una protección bastante buena”, remarca.

Y, si bien él llegó a la astronomía de la mano de su padre, reconoce que a sus hijos (tiene dos, uno de dieciséis y una de trece) el asunto “no les gusta mucho”.

“En casa, el único loco con esto soy yo”, bromea, pero aclara que tanto sus hijos como su mujer lo apoyan incondicionalmente con este emprendimiento que nació hace cuatro años.

Aquellos que quieran vivir la experiencia de tener el cielo “más a mano” pueden ubicar a Daniel por redes sociales bajo la denominación Astropatagonia, o bien comunicarse al +5492944639108.

La página web es: www.astropatagonia.com

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