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A UN AÑO DE LA MUERTE DE LUCAS CARO

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28/02/2022

Ecos de una ausencia

Ecos de una ausencia
Ecos de una ausencia

Esta nota está programada para salir a las dos de la mañana, cuando el 28 de febrero dé los primeros desperezos de la jornada.

Eso quiere decir que, en el instante en que estas líneas ganen la virtualidad, pocos minutos antes se habrá cumplido un año del fallecimiento de Lucas Caro.

Pero, al momento de escribir el artículo, antes de que se “internetice”, todavía faltan unas horas para el aniversario luctuoso.

Y aquí, frente a la máquina, arriban las imágenes de los padres de Lucas: Verónica y Luis, en Bustillo, sitio al que tuvieron la gentileza de acudir para que el fotógrafo los retratara junto a la estrella que marca el lugar de aquello a lo que se hace difícil encontrarle un nombre.

También estuvieron: la hermana de Verónica, Andrea, y la mamá de ambas, Rebeca Kedikian, además de los hermanos menores de Lucas, Agustina y Santiago, junto a Guadalupe, una de sus primas.

Asimismo, concurrió Claudia Blasi, la mamá de la novia de Lucas, Aymará.

Cabe recordar que aquella noche trágica de 2021, un vehículo embistió por atrás al joven y lo arrancó de la mano de su compañera, mientras la pareja caminaba acompañada, justamente, por Claudia.

Frente al teclado, vuelven las imágenes del momento en Bustillo donde el fotógrafo le solicita a Claudia que se coloque a la vera del asfalto, para captarla con el camino detrás, y la amabilidad de la mujer, que se ubica en el sitio, mientras –aunque intente disimularlo– el rostro deja ver un rictus de dolor.

Detrás de todo, la estrella, con el triste recordatorio: “Aquí hubo una víctima fatal”, el nombre de la víctima y las fechas que dejan en claro que ahí pereció un joven de diecisiete años.

Hay flores dispuestas por la familia y también algunas por manos anónimas.

Además, dos rosarios que acompañan a un retrato.

La foto de Lucas la pusieron los familiares, pero nadie sabe quién colocó los símbolos religiosos.

En torno a este caso, desde un principio, se vivió un dolor verdaderamente social.

Pocas veces una comunidad se agrupa de la manera en que lo hizo con este hecho: desde las marchas, que clamaban por justicia, hasta las expresiones en las redes.

Varios factores colaboraron a esa conjunción.

Por un lado, que la víctima era alguien que recién comenzaba a tomar esas decisiones que anuncian el camino a recorrer: qué estudiar, cómo hacer para no despegarse de la que ya consideraba la mujer de su vida…

Lucas estaba despertando a la adultez, aún con su espíritu juvenil.

Y, más allá de que, en general, ante una pérdida, entre los allegados, en especial en lo que respecta a la familia, se suele hablar cariñosamente de quien se fue como si se tratara de la mejor persona del mundo, en este caso, los testimonios de mucha gente tienden a apuntar hacia un ser especial, donde varios sueltan la palabra “ángel”.

Era un muchacho que se supo ganar el cariño del barrio.

Alguien servicial.

Muy querido en el colegio.

Ni una voz se alzó para señalar algo malo sobre él.

Mientras que el victimario, por encima de su conducta al volante, de las pruebas, del alcohol en sangre, la velocidad (que durante el juicio no pudo comprobarse si era excesiva o no), más allá de todo, siempre cargará con el hecho irrefutable de que abandonó a quien acababa de atropellar por atrás al desviarse del camino.

Luego vinieron las idas y vueltas judiciales –que aún continúan, aunque ya existe un fallo: cinco años de prisión y diez de inhabilitación para conducir a Matías Vázquez, quien arrolló y mató al joven–, y el viraje de timón efectuado por la familia de Lucas, que pidió que el culpable espere en libertad hasta que se considere firme la sentencia, para que luego, cuando acuda tras las rejas, no se descuente más tiempo al que ya sumó mientras estuvo en prisión domiciliaria.

En definitiva, infinitas voces que hablan de una persona excelente -la víctima– y una sumatoria de errores en quien lo embistió confluyeron en un despertar solidario hacia la familia Caro.

Y los padres de Lucas lo agradecen, no cesan de hacerlo.

Verónica, la mamá, reconoció: “Al principio, es fácil llorar, las lágrimas salen sin avisar, nada te consuela. Con el pasar de los días y los meses, el llanto te deja cansada, con sentimientos de vacío y silencio”.

Así, explicó lo que experimenta ante la estrella que sirve de monolito de la barbarie: “Paso todos los días, y me da mucho dolor. Es volver a esa noche, cuando se nos detuvo la vida, pero voy… Le cambiamos las flores, limpiamos el sector, acomodamos el cuadro, y los rosarios que le dejaron…”.

Luis, el papá de Lucas, añadió: “Es una sensación de volver al primer día; cuesta creerlo y aceptarlo, porque se trata una falta enorme para la familia... Resulta cruel, pero cierto”.

Y, ante la espera de que la sentencia contra Vázquez quede firme, el hombre suspiró: “Que todo siga tan lento provoca tristeza”.

Por lo pronto, los datos concretos son: esta nota se publica a las dos de la mañana, hace un rato comenzó el 28 de febrero, a las 0.30 se cumplió un año de la muerte de Lucas Caro.

Descanse en paz.

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