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El ORGULLO DE PODER

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21/12/2021

Una abuela escolta de la bandera

Una abuela escolta de la bandera
Una abuela escolta de la bandera

Paola Vásquez fue mamá muy joven.

Tenía diecisiete años cuando nació el primero de sus dos hijos, que hoy anda por los treinta (el otro cumplió veintiocho).

“Ya soy abuela”, cuenta, y detalla que sus nietos son cuatro.

Sus hijos no terminaron el secundario: “Uno llegó a cuarto año; el otro, a tercero”, dice ella, que se acaba de recibirse en el Centro Educativo de Nivel Secundario N° 5.

“Esto, en parte, lo hice para motivarlos a ellos, para mostrarles que es posible”, señala.

“También por mis viejos”, suspira, y reflexiona: “A pesar de los problemas que haya en la vida, todos los sueños son posibles”.

Y Paola sabe de inconvenientes en el deambular por esta tierra.

“Nací en Chile el 8 de diciembre de 1973”, apunta. “Con mis papás, vinimos el 24 de abril del año siguiente a la Argentina”.

Cuando se le pregunta qué motivó la mudanza, no se anda con vueltas: “El hambre”, responde.

“Mis padres no tenían nada… Se vinieron con un juego de cucharas, ni una cosa más… Acá pudimos tener nuestro terreno, comer, vestirnos... y educarnos”, enumera.

Pero, en su caso, la educación en un momento se interrumpió.

“Conocí al padre de mis chicos y… Son decisiones que una toma, para bien o para mal… Pero están mis hijos, que son lo mejor, y lo que me motiva para todo esto”, expone.

Así, Paola tuvo que dedicarse a ser mamá, y no pudo continuar con los estudios.

“Yo tenía veintiún años cuando el papá de los nenes me dejó sola con ellos”, suspira.

Ese fue otro golpe al que debió sobreponerse…

También tuvo que superar que hace unos años se le quemara la casa.

E incluso un hermano suyo desapareció en circunstancias extrañas en 2013.

Como se ve, su vida no ha sido fácil.

Vive en El Frutillar, y se desempeña en un supermercado.

Ingresa a trabajar a las cinco de la mañana; sale a las dos de la tarde.

En época donde cursaba, trataba de dormir una pequeña siesta y luego estudiaba.

Ingresaba al colegio a las 18.50; salía 22.30.

“Sábados y domingos eran una fiesta”, bromea, ante la posibilidad de poder descansar un poco los fines de semana.

Paola aclara que hubo momentos donde se le complicaba seguir el ritmo. “Yo lo hice por un objetivo, pero muchas veces tuve ganas de bajar los brazos”, confía, y recuerda por ejemplo que, en tiempos de presencialidad, combinar horarios era complicado, pero cuando se cursaba en forma virtual tampoco era fácil. Con el incendio de su hogar, se habían ido la mayor parte de los electrodomésticos, incluida la computadora. “Trabajaba con los datos del teléfono”, dice, y aclara que luego el colegio le prestó una compu (que ya devolvió).

“Yo era una burra… Me costaba hablar, entender… Pero me esforcé… Es cuestión de voluntad”, asegura Paola.

“Todos necesitamos que se nos abra un poco la cabeza”, aprecia, y resalta: “En la escuela, aprendí muchísimo”.

Orgullosa, suelta: “¡Saqué un promedio de 9,40! ¡Estoy feliz! Jamás en mi vida pensé que iba a ser escolta de la bandera de Río Negro, como ha pasado…”.

“Este era mi sueño… Ahora voy por la universidad. Quiero seguir Seguridad e Higiene”, anuncia.

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