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LA SALUD MENTAL Y CAMINO ABIERTO

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08/12/2021

En busca de un faro que sirva de guía

En busca de un faro que sirva de guía
En busca de un faro que sirva de guía

En el barrio Ñireco, en las paredes externas del centro cultural comunitario Camino Abierto -dispositivo intermedio dependiente del área de Salud Mental del Hospital Zonal- se observan colores (que se multiplican en el interior) y cristales brillantes -pedacitos de vidrio- pegados a la pared.

En esos pequeños destellos cristalinos, quizá los pacientes de salud mental que se acercan al lugar intentan encontrar un faro que los guíe, porque muchos de ellos, tanto por sus padecimientos, como por la mirada torva de parte de la sociedad, suelen sentirse algo perdidos.

Al ingresar hay una especie de salita de espera, con una biblioteca al paso, y fotos y pinturas en las paredes (mayormente relacionadas a cuestiones de índole social).

Además de los pasillos coloridos que se abren a distintas oficinas, hay un patio, donde quienes se acercan se sientan en derredor.

Algunos fuman, otros toman algo…

La operadora de salud mental Patricia Franco guía al cronista y al fotógrafo hacia otro sector, al otro lado del patio.

Abre una puerta y muestran un sitio amplio. Se observan, por ejemplo, vestimentas de murga.

Luego, va subir por una escalera para dar a conocer otro sitio, pero se detiene ante una pareja.

No es algo raro en Camino Abierto.

Parece ser que Cupido pasa seguido por acá.

Los jóvenes comentan que pronto vivirán juntos, que él ya consiguió lugar y que ella está apurada por mudarse.

Ahora sí, Patricia sube las escaleras.

Arriba funciona “Maquinando”, la empresa social que nació en Camino Abierto, que en la actualidad tiene ocho integrantes.  

“Es mixta, hay usuarios de salud mental y vecinos de la comunidad. Así se demuestra que se puede trabajar juntos”, expresa Patricia.

La idea es, por un lado, derribar mitos, pero, por el otro, obtener ganancias.

Por ejemplo, si bien antes solían dedicarse a confeccionar principalmente ambos hospitalarios, ahora apuntan a la manufactura de bolsas.

“Es nuestro fuerte”, dice Patricia, que tiene una formación en economía social y solidaria que le sirve particularmente en el desarrollo de “Maquinando”, donde las ganancias se reparten en partes iguales entre los emprendedores que trabajan.

Esta empresa social surgió como una manera de, además de servir para la socialización, conseguir que mejore la economía personal de los usuarios de salud mental, que solo suelen contar con una pensión que ronda los veintidós mil pesos.

Tras mostrar cómo imprimen las bolsas con serigrafía, Patricia, retorna al patio, donde siguen los tortolitos, anticipando la convivencia…

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