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EL MEJOR AMIGO DEL POLICÍA

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15/11/2021

Cuando las fuerzas se ponen al servicio de las personas… y de los perros

Cuando las fuerzas se ponen al servicio de las personas… y de los perros
Cuando las fuerzas se ponen al servicio de las personas… y de los perros

El domingo, en Pablo Mange al 200, la Escuela N.° 255 mostraba la postal típica de una jornada electoral, con gente ingresando, la entrega del documento a las autoridades de mesa, la entrada al cuarto oscuro, la salida con el sobre, la comprobación de que todo está bien por parte de los fiscales, y la urna que “come” el voto.

Pero, de vez en cuando, ocurre algo que se sale del libreto y la estampa del día de sufragio muestra una imagen fuera de lo habitual; quienes llegan se sorprenden y se observan codazos entre los integrantes de un grupo familiar para que todos dirijan la mirada hacia un punto determinado.

Esta vez, al arribar al colegio las personas miraban hacia donde estaban los policías, en el sector externo de la institución. Incluso entre los mismos oficiales había sonrisas.

Sucede que a uno de ellos, minutos antes, le habían solicitado un favor muy especial. Una joven llegó en compañía de un perro pequeño, mayormente negro, con sus patas delanteras, pecho y parte del rostro (donde sobresalían dos marcas sobre sus ojos) marrón claro.

Como la muchacha se percató de que no podría ingresar a sufragar con el can y no quería dejarlo atado afuera en soledad, surgió la solución: el agente sostendría al animal mientras la chica votaba.

Así que allí estaba el miembro de la fuerza, a cargo por unos minutos de ese perrito que –hay que decirlo– acató la voz de la ley sin un “guau” que mostrara desacuerdo.

Cuando el agente observó al reportero gráfico con la cámara en mano, riendo soltó: “No me vas a sacar una foto”.

Pero el aliento de sus camaradas, como también la voz de un hombre que pasaba (“Dale, si no estás haciendo nada malo, al contrario, ayudás a la gente”, le dijo), lo convencieron.

Así que cambió de opinión y, dirigiéndose al fotógrafo, señaló: “Bueno… sacala” y posó para la eternidad, junto a su fugaz compañero canino.

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