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EL RECUERDO DE LOS BALCANES Y DE CHIPRE

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29/10/2021

Carlos Roch, un argentino en misiones de paz

Carlos Roch, un argentino en misiones de paz
Carlos Roch, un argentino en misiones de paz

“Llegué a la Escuela Militar de Montaña después de haber ido a los Balcanes, como casco azul, en 1993”, cuenta el suboficial principal de Infantería Carlos Roch, a punto del pase a retiro por el tiempo de servicio transcurrido en el Ejército.

El militar cuenta que nació hace cincuenta y seis años en Floresta y que ya a los quince se dio cuenta de que su vida transcurriría en la fuerza.

Así, indica que en 1992 se encontraba “destinado en el Estado Mayor General del Ejército”, cuando Argentina comenzó a mandar contingentes de soldados a la antigua Yugoslavia, en misión de paz, para sumarse a la Fuerza de Protección de las Naciones Unidas (UNPROFOR).

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Desde 1958, el país enviaba observadores militares a distintos conflictos bélicos, con el objetivo de informar acerca de violaciones a los armisticios y tratados, pero nunca había trasladado tropas.

“Estuve allá desde octubre de 1992 a abril de 1993”, detalla Carlos.

“Fuimos para prestar una misión de paz, para desmilitarizar la zona”, continúa.

Recuerda que le tocó intervenir en puestos de inspección, tanto móviles como fijos, donde realizaba “control de documentación, de tránsito, revisando que no hubiera armamento y, si lo había, labrando actas y capturando las armas, que se enviaban a los depósitos de Naciones Unidas”.

“En definitiva, actuábamos de acuerdo a lo establecido por el Consejo de Seguridad de la ONU”, sintetiza.

“Uno es neutral entre los bandos, que en aquel momento eran los formados por los croatas y los serbios”, explica.

El suboficial principal recuerda que cuando estaba en los Balcanes también había soldados de Canadá y España y que particularmente a él le tocó tratar más con los canadienses: “Ellos operaban en el marco logístico y nosotros en el operativo, es decir en lo referido a controles, retenes, procedimientos, escoltas…”, apunta.

Habla de aquello como de “una muy buena experiencia profesional”, pero a la vez destaca lo que le proporcionó desde lo afectivo: “Uno realza los valores relacionados con la familia y los amigos, por ejemplo”, desliza.

“Acá, en un país sin riesgo de conflicto, uno vive con tranquilidad, en paz, pero en un territorio como aquel, sin tus seres queridos ni saber qué va a pasar mañana, el peligro se palpa y uno está compenetrado en la misión, porque en las Naciones Unidas no hay horarios, se trata de una labor full time”, desarrolla.

En ese sentido, aunque la situación estaba neutralizada, reconoce que “el riesgo era permanente”.

Prueba de ello es que tras el regreso de las fuerzas a la Argentina, periódicamente en aquella zona se produjeron enfrentamientos de importancia.

Más allá de la historia bélica balcánica, a Carlos lo aguardaba una ciudad de la Patagonia argentina que se transformaría en su nuevo hogar: “Cuando estaba en Croacia, me salió el nombramiento para venir a Bariloche”, dice.

Pero, en 2012, nuevamente partió al exterior.

“Me tocó ir a la isla de Chipre por el conflicto entre turcos y griegos hasta 2013”, comunica.

La cuestión chipriota es algo de lo que poco se conoce en esta parte del mundo, pero se trata de una problemática que aún hoy causa gran preocupación en Europa (continente con el que se vincula desde lo político y lo cultural, aunque la isla en el aspecto geográfico pertenece al suroeste asiático, lo que se conoce como Cercano Oriente).

Se trata, además, de un sitio paradisíaco: “Está el escenario turístico por un lado y el bélico por el otro, aunque todo se encuentra controlado por las fuerzas. Igualmente, el peligro está latente; se trata de una cajita de Pandora”, metaforiza Carlos.

“Cuando regresé a la Argentina, me salió un nombramiento. El Ejército me mandó al Centro Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz (CAECOPAZ). Estuve como instructor y como jefe de operaciones”, informa.

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“En 2018 volví a la Escuela Militar de Montaña”, refiere.

En la última etapa en la institución, desarrolló diversas funciones: fue encargado de prensa, del museo (por el que siente un gran cariño) y, en este momento, de dirección, asistiendo a quien está al frente de la entidad, el coronel Pablo Rolando.

“Cumplí los treinta y cinco años de servicio”, expone y detalla que el domingo será su último día antes del pase a retiro.

Restaurando un cañón (foto de Facundo Pardo).

Durante la pandemia, nació en él un particular interés por la conservación del patrimonio histórico de la entidad. Así, se capacitó en la restauración y durante las últimas semanas “rejuveneció” bustos, cañones, figuras y vehículos que forman parte del ornamento visual de la Escuela.

Incluso, imagina que tras el pase a retiro por los años de servicio cumplidos se dedicará a la restauración, aunque también apunta a desempeñarse en el cerro, porque es parte de la Asociación Argentina de Instructores de Esquí, Snowboard y Pisteros Socorristas (AADIDESS).

En su rol de instructor de esquí.

De lo que está seguro es de que, más allá de planear viajes relacionados con su nueva pasión vinculada a restaurar monumentos, su futuro continuará en Bariloche con su familia (su mujer, cuatro hijos, seis nietos).

En estos momentos, cuando la despedida de la institución se acerca, sostiene que “toda la vida le pasa por la cabeza”.

“Quedan muchos recuerdos lindos vividos con los compañeros, los éxitos logrados… Dejo un poco la sangre en los más jóvenes: la inquietud, tenacidad y el deseo de que la Escuela se sostenga como hasta ahora, con todo lo que avanzó, porque cambió mucho desde que llegué, hace tantos años… Ha evolucionado a nivel académico y creció a la par de la ciudad”, reflexiona.

Por otra parte, en el cajón de su escritorio descansa un legado en tinta que tiene la intención que pronto se difunda.

Porque en sus viajes a los Balcanes y Chipre, durante los momentos donde encontraba un poco de tranquilidad, escribía sobre lo que veía jornada tras jornada.

Luego, ya en la Argentina, continuó dándole forma a los recuerdos de esas experiencias.

El resultado es un libro que espera ser publicado. Su título: “Un argentino en misiones de paz”.

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