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LA HISTORIA TRAS EL ABRAZO AL LIMAY

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07/10/2021

Una nota del diario El Cordillerano que despertó la conciencia ambiental de la comunidad

Una nota del diario El Cordillerano que despertó la conciencia ambiental de la comunidad
Una nota del diario El Cordillerano que despertó la conciencia ambiental de la comunidad

El 8 de octubre de 1995 se produjo un hecho significativo para el medioambiente: el Abrazo al Limay.

“La Fundación Huala se opone a la represa de la Segunda Angostura”, decía un titular del diario El Cordillerano del jueves 5 de enero de aquel año.

Cabe recordar que, en ese momento, el medio tenía poco más de un mes de vida.

La nota anunciada en la tapa contenía el testimonio del ecologista Alejandro Beletzky, que por aquel entonces tenía un programa radial de corte medioambiental y, al enterarse de la idea de llevar a cabo la construcción de la represa Segunda Angostura, había comenzado a instalar el tema entre sus oyentes.

José “Pepe” Gamez, un vecino de Dina Huapi, al leer aquel artículo se estremeció.

Se había mudado en 1992 a una propiedad que había heredado, y, al año siguiente, una serie de lluvias fuertes habían dejado su terreno como un pantano. Justamente, en el diario se advertía que, con la obra, sería factible que se produjera una inundación. (Luego se confirmaría que no era así, sino que, en realidad, con la represa los niveles de agua quizá bajarían; pero, igualmente, el costo sobre el medioambiente, de haberse construido, hubiese sido altísimo.) 

Gamez comenzó a comunicarse con diversos vecinos, y se hicieron varias reuniones. 

En uno de esos encuentros, alguien consiguió una copia de la síntesis del proyecto, y un geólogo que estaba presente, al observar el documento, apreció que el rango de operación no llegaría nunca  a los niveles máximos; al contrario, los evitaría.

De cualquier modo, la obra representaba una perturbación del ecosistema.

Más allá de que algunos -al saber que supuestamente no se propiciarían inundaciones- se desmovilizaron, el núcleo que había comenzado con la señalización del problema continuó en su intención de oponerse a la represa.

Se formaron diversas comisiones y se planearon estrategias.

Una de las ideas que mayor proyección tuvo fue la llevada a cabo por los docentes, que conversaban sobre el tema junto a los alumnos; luego, a su vez, los chicos planteaban la cuestión en sus hogares.

También, con la mente puesta ya en una difusión nacional, comenzaron las denominadas “oleadas del Nahuel Huapi”, que consistían en el envío de cartas escritas por los niños de los colegios a periodistas de renombre de Buenos Aires.

De esa manera, se consiguió que la temática se instalara en todo el país.

Cabe recordar que a fines de 1991, dentro de la política privatizadora menemista, una ley había permitido que las represas se vendieran a capitales extranjeros. Y la Segunda Angostura, si bien hubiese sido generadora de poca producción en relación a otras de Argentina, tendría la llave reguladora de un embalse enorme, con lo cual, la ganancia para las empresas agua abajo podía ser enorme.

Pero la gente se movilizó para impedir que se concretara. 

En aquel momento, la tecnología era otra: Internet no se usaba para difundir convocatorias y los celulares no eran de uso corriente.

Además, la población en la zona era cuantiosamente menor a la actual.

Pero el llamado a un encuentro a la orilla del río desembocó en un hecho histórico.

Se calcula que alrededor de cinco mil personas formaron parte, aquel 8 de octubre, del abrazo al Limay.

La llamada reunió a gente muy diversa, e incluyó aeroplanos que surcaban el cielo y kayaks que apoyaban la postura desde el río.

Gamez con un ejemplar del diario EL Cordillerano de 1995 donde salió reflejado el Abrazo al Limay (foto: Facundo Pardo).

“A los niños, a los jóvenes, quiero decirles que hoy nos toca a todos luchar por la vida del río. Mañana, cuando nosotros no estemos, ustedes deberán convocar a los niños y a los jóvenes, para oponerse con toda su fuerza a la destrucción. Les pedimos que no lo olviden jamás. De ustedes depende”, dijo Gamez aquella vez.

Hubo presencia de varios coros, y Edgardo Lanfré musicalizó la jornada.

Las estrofas de la canción “Dulce Limay” que se escucharon aquel domingo aún resuenan: “Sueña mi blanco río, sueña y corre veloz, que escucho en tu voz, como si trajeras de la cordillera, murmullos de amor”.

La movilización popular fue el punto de quiebre.

Poco después algunos impulsores de la movida viajaron  a Buenos Aires acompañados por el intendente electo de Bariloche, César Miguel, y el entonces diputado Miguel Ángel Pichetto, para reunirse con María Julia Alsogaray, secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano de ese momento, quien les dijo que enviaría una carta para que el proyecto se archivara.

Más allá de eso, y de otros pormenores que siguieron, la gente, aquel 8 de octubre, con su presencia, ya había decidido que la represa de la Segunda Angostura no se haría.

“Cada vez que llega el 8 de octubre significa la enorme alegría de no habernos rendidos ante una estructura muy fuerte que pretendería avanzar sobre nuestros bienes naturales con una impunidad asombrosa”, sintetiza Alejandro Beletzky.

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