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DÍA DEL FOTÓGRAFO

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20/09/2021

Fabio Hernández, con la cámara al borde del ring

Fabio Hernández, con la cámara al borde del ring
Fabio Hernández, con la cámara al borde del ring

Fabio Hernández es una institución en El Cordillerano.

Hace doce años que trabaja como fotógrafo en el diario.

Y, más allá de que la estampa recia pueda asustar al desprevenido, cuando su sonrisa aparece delata que bajó la guardia.

La imagen pugilística no es casualidad.

Fabio forma parte de una familia de boxeadores. Cuatro de los ocho hermanos (dos mujeres, seis varones) se pusieron los guantes: Héctor (“Yeyé”), Hernán Raúl (“Nanan”), Hugo Ariel (“Pajarito”) y él mismo, que despuntó el vicio en el amateurismo.

Quizá por eso, uno de sus mayores gustos es tomar imágenes de combates.

Entre los grandes peleadores a los que fotografió, recuerda, por ejemplo, al chubutense Omar Narváez. 

Así, más allá de la actividad para el diario, no se imagina lejos de un cuadrilátero: “De cualquier modo, estaría al lado del ring, sacando fotos”, sostiene.

A los cincuenta y tres años, recuerda sus inicios en la fotografía: “Empecé en 2007, ‘foteando’ jineteadas, noches de boxeo y partidos de fútbol”.

Ramón Córdoba, múltiple campeón de jineteadas.

“Siempre me gustó hacerlo, y mi viejo, de pibe, también sacaba fotos”, cuenta.

Su padre, además, iba a las peleas de los hijos y los inmortalizaba con su cámara.

“Tenía un baúl de los recuerdos repleto de fotos”, rememora.

Fabio cree que en aquel gusto del papá está el germen de su presente como fotógrafo.

“Me llamaban la atención las cámaras. Cuando empecé, lo hice con una analógica, una Nikon que me habían prestado”, revela.

Erica Farías: noche de boxeo en Bariloche.

El gran salto lo dio en 2009, cuando los periodistas deportivos que cubrían distintos acontecimientos, y lo veían siempre fotografiando, le aconsejaron que se diera una vuelta por El Cordillerano.

Desde entonces, forma parte del diario.

Explica que hizo diversos cursos: “Siempre trato de ir actualizándome con la tecnología de las cámaras”, indica.

En ese sentido, le vienen a la mente viejas épocas: “El cambio de lo analógico a lo digital fue un golpe durísimo”, manifiesta.

“Me daba vergüenza decirle a alguien que me enseñara, pero, a la vez, lo pedía, porque quería adaptarme”, sostiene.

“Vivía practicando”, asevera.

En la actualidad, sin embargo, se siente más cómodo con lo digital: “Antes, con el rollo, era un lío. Había que ir al laboratorio a imprimir y, por ahí, decías: ‘Pucha, no salió ninguna buena’. Ahora sacás diez y si te sirve sólo una el resto lo borrás”, comenta.

Concentración en el Centro Cívico.

Asegura que disfruta con el fotoperiodismo (“me enfoco en lo que tienen que escribir mis compañeros”), como así también tomar imágenes en sus ratos libres: “Cuando estoy de franco suelo ir a algún lugar donde haya, por ejemplo, pájaros o algún paisaje… ‘Fotear’ ese tipo de cosas me fascina. Por ahí, me voy a pescar y, si no llevo la cámara, al menos tengo el celular y sigo sacando fotos”.

“Yo soy bien directo: si algo no me gusta, desisto de hacerlo y me dedico a otra cosa, pero a la fotografía le tomé mucho cariño. Ojalá que pueda disfrutar esto el máximo tiempo posible”, concluye, tras los doce rounds, sin tirar la toalla.

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