Publicidad
 

LUCAS CARO, EL JUICIO

|
04/08/2021

La espera de los íntimos en la vereda y el pedido del abuelo: “Una justicia sin contaminaciones”

La espera de los íntimos en la vereda y el pedido del abuelo: “Una justicia sin contaminaciones”
La espera de los íntimos en la vereda y el pedido del abuelo: “Una justicia sin contaminaciones”

En la intersección de la avenida 12 de Octubre y John O’Connor, desde el lunes, afuera del edificio de tribunales, durante el tiempo en que dentro de desarrolla el juicio contra Matías Vázquez -por haber atropellado y matado a Lucas Caro-, un grupo de personas permanece firme en el lugar.

Se trata del círculo íntimo de la víctima: la novia, Aymará Fernández, y su madre, Claudia Blasi (ambas estaban con Lucas la noche de su muerte); una tía, y los abuelos maternos.

A ellos, en los momentos en que las obligaciones laborales lo permiten, se suman algunas otras personas.

También, cuando hay algún descanso en el desarrollo del juicio, los papás de Lucas, que, como querellantes, están dentro del recinto, salen a conversar con quienes aguardan en la esquina.

Durante esos instantes, Luis, el papá del adolescente fallecido, quema sus nervios con un cigarrillo, para luego regresar raudo al salón, junto a su esposa.

En la esquina (en general, del lado de enfrente a la sede del Poder Judicial, donde el sol se siente un poco más), mate, café y algún tentempié aligeran en algo las horas que pasan.

Claro que el mayor peso va por dentro: es un peso que responde a una ausencia, porque lo que pesa, precisamente, es el dolor por alguien que ya no está.

Los abuelos de Lucas.

“Con mi mujer (Rebeca Kedikian), tenemos ocho nietos… incluido Lucas”, dice José Salinas, en la vereda.

“Ahora, se siente impaciencia… Y hay dudas por cómo va el desarrollo del juicio; en especial, considerando el entorno de Matías Vázquez”, manifiesta.

“Más allá de todo, tengo esperanza de que le den los seis años que se pidieron, los que, a mi modo de ver, no son muchos. No soy abogado ni conozco el Código Penal, pero creo que, ante la muerte de cualquier persona, esa pena parece poca. Igualmente, el deseo es que, aunque sea por ese tiempo, vaya a prisión”, expresa.

Recuerda la confusión de la madrugada de febrero en que se enteró que su nieto murió: “Estábamos con mi señora, durmiendo. Una de mis hijas nos llamó para avisar que Lucas había tenido un accidente, y, como él siempre fue un chico inquieto, pensamos en algo leve…”.

Luego, llegaría la llamada con la noticia funesta, los gritos… Escenas de un horror descarnado.

“Se nos vino el mundo abajo”, sintetiza José.

“Lucas era muy compinche conmigo”, añora.

Así, rememora escenas vividas en común, y también acciones solidarias de su nieto, como aquella vez que ayudó con dinero a un amigo humilde que no tenía cómo trasladar a su padre enfermo hasta el hospital.

“Es… era un tipo fuera de serie”, afirma, para luego suspirar: “Me cuesta muchísimo hablar en pasado”.

“Lucas estaba convencido de que, al terminar el secundario, se anotaría en Prefectura o en la Policía de Seguridad Aeroportuaria, en Buenos aires… Ya tenía su futuro definido, y, de repente, vino este loco borracho y lo levantó en el aire… Con la gravedad, además, de haberse ido del lugar. Esa actitud duele”, aprecia.

“Lo que ocurrió es consecuencia de que tenemos una sociedad muy enferma de soberbia, prepotencia y egoísmo. Cuando eso no se cura, hace estragos en el cerebro”, considera.

“Ahora, lo que pido es que haya una justicia sin contaminaciones”, sostiene.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?