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ROPERO COMUNITARIO

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25/07/2021

Cuando se abriga el cuerpo y el alma

Cuando se abriga el cuerpo y el alma
Cuando se abriga el cuerpo y el alma

En donde Pasaje Gutiérrez se cruza con Mascardi, se ubica la sede vecinal del barrio Bella Vista II.

La gente de la zona acordó prestar el sitio a la agrupación solidaria Don Juan.

Por eso, ahora, en el lugar, un grupo de mujeres organiza la ropa que la gente alcanza para que otras personas que la necesiten se la lleven.

“Teníamos ganas de ayudar, entonces pedimos donaciones y armamos un ropero comunitario”, indican acerca del espacio que funciona miércoles y viernes, de 14 a 17.

Más allá de lo que la gente dona, mucho de lo que llega aquí proviene de sus propios hogares, especialmente en lo referido a ropa de niños, ya que todas son madres, por lo cual, cuando los nenes crecen, las prendas suelen pasar a integrar el roperito.

“Las personas vienen, eligen, y lo que consideran que les sirve se lo llevan. Muchas, a su vez, traen cosas que dejaron de utilizar”, cuentan.

En los estantes se ve de todo: desde remeras a ropa de abrigo, tanto de niño como de adulto. También calzado.

Incluso frazadas, que ellas mismas cosen a partir de la indumentaria que ya no está en condiciones de ser usada.

Por ejemplo, recientemente hicieron una con retazos de jeans.

Esas frazadas son destinadas especialmente a quienes pasan por momentos por demás complicados, como gente en situación de calle. 

Las mujeres a cargo del ropero son amables, y ayudan a todos los que acuden.

María Belén Guajardo dice que la motiva colaborar.

Su hermana, Karina Noemí, por su parte, recuerda que esas ganas de dar una mano que la impulsan, antes, la hacían recorrer las calles llevando viandas para quienes tenían hambre, actividad que desarrollaba con una compañera: repartían la comida con sus hijos, para que ellos también le tomaran el gustito al hecho de auxiliar a quien lo precisa.

Melani Abril Salinas, en tanto, explica que acude a poner el hombro porque: “Lo que hacemos nos ayuda a todos”.

Roxana Méndez se suma y resalta que ella también pasó por momentos duros, así que conoce lo que es necesitar que alguien brinde un apoyo. “Por eso colaboro; me gusta hacerlo”, señala.

En la actualidad, el sitio no cuenta con luz ni gas, porque se deben impuestos y los servicios están cortados.

Se calefaccionan con leña.

Las mujeres destacan que cualquier cosa que la gente ya no use les puede ser de utilidad, ya sea para equipar el lugar o bien para colaborar con quienes acuden al sitio por algo de abrigo.

Y sueñan con tener luz y gas, para poder inciar otras actividades, e incluso cocinar.

Expresan el deseo en voz alta, motivadas en que así logre concretarse.

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