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CUBANOS EN BARILOCHE

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18/07/2021

“Los más grandes todavía defienden la Revolución; los más jóvenes quieren un cambio”

“Los más grandes todavía defienden la Revolución; los más jóvenes quieren un cambio”
“Los más grandes todavía defienden la Revolución; los más jóvenes quieren un cambio”

Osniel Garrido Azcuy tiene treinta y siete años.

Hace algo más de cuatro arribó a la Argentina desde Cuba, de donde es originario, porque se casó con una argentina a la que conoció en la isla.

El domingo estuvo con otros cubanos en el Centro Cívico, apoyando el movimiento social que se originó en su país exigiendo un cambio ante la situación actual.

“El pueblo cubano lleva unos sesenta años así, pero antes podía conseguir la comida, y lo demás ya no importaba mucho. Con comer, estábamos bien, porque nos habíamos adaptado al régimen… Lo que pasa es que ahora, allá, no tienen acceso al alimento”, dice Osniel.

“Comparándome con los demás, en Cuba yo no estaba tan mal, porque trabajaba en el sector turístico, y tenía una entrada buena a través de las propinas”, cuenta.

“Pero el salario en sí, cuando yo salí, era de trescientos cuarenta pesos de moneda nacional, y una botella de aceite salía sesenta pesos”, informa.

La cuenta es fácil: un sueldo equivalía a menos de seis envases de aceite.

“Siempre se le echa la culpa al bloqueo, y aunque es cierto que estamos bloqueados, eso no impide, por ejemplo, que lleguen alimentos y remedios, ya que eso está permitido, y sin embargo no hay ninguna de las dos cosas”, expresa.

“En plena pandemia, el gobierno cubano abrió más de setenta supermercados abarrotados de comida, en los que únicamente se puede comprar en dólares, por lo que solo puede acceder el que tiene un familiar fuera que le manda remesas en billetes verdes”, expone.

Según relata, para el resto solo queda acudir a los pequeños mercados donde es posible abonar con moneda local.

Pero, para eso, deben ir de madrugada a pedir un turno. Si cuando toca su número, tienen suerte y todavía queda algo de comida, tienen permitido comprar solo dentro de los límites impuestos: por ejemplo, dos kilos de pollo por semana.

Osniel indica que, en su propia familia, el sentir está dividido: “Los más grandes, que vivieron lo que fue la Revolución, todavía la siguen defendiendo, a pesar de que dicen que ahora las cosas están muy malas; pero los más jóvenes no tienen perspectiva de nada, no ven ningún futuro, entonces quieren un cambio”.

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