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LA EXPERIENCIA DE DOS CHELISTAS BARILOCHENSES EN ESPAÑA

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12/07/2021

"Tocamos en la sala donde está el cuadro Las meninas"

"Tocamos en la sala donde está el cuadro Las meninas"
"Tocamos en la sala donde está el cuadro Las meninas"

Ana Díaz, de veintitrés años, y Julián Giménez, de veintiuno, empezaron su camino en la música clásica en Fundación La Cofradía (ella, justamente, es hija de uno de sus creadores, Diego), con clases de violoncelo.

“Nos enseñaban y, al mismo tiempo, nos introducían en pequeñas orquestas para ayudarnos en la formación musical. Y allí nos conocimos”, cuenta Ana, desde Madrid.

Porque los jóvenes están en España, hasta donde llegaron convocados por la prestigiosa Fundación Dudamel, para brindar una serie de conciertos, uno de ellos en el Museo del Prado.

Ana expresa: “Tocamos en la sala donde está el cuadro Las meninas (de Diego Velázquez)… Fue increíble. La acústica era muy difícil, porque los techos son altos, cosa que ocasiona que se pueda formar una bola de sonido que complique escuchar a los compañeros y coordinar con precisión, pero el director nos guió y logró solucionar el tema”.

Y "el director" es nada menos que el venezolano Gustavo Dudamel, uno de los músicos de mayor relieve internacional en el área.

“Desde que nací, el chelo estuvo presente”, dice Ana que, aparte de su padre, reconocido músico que con Kyoko Kurokawa lleva adelante el proyecto de La Cofradía (que tanto Ana como Julián califican como “una gran familia”), tiene un hermano mayor que toca el chelo y uno menor que practica piano y contrabajo.

“Y mi mamá es la que nos soporta escuchándonos estudiar”, ríe.

Ana y Julián, a fines de 2018, hicieron la prueba para ingresar al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC), y lograron entrar.

“Conseguir eso fue muy fuerte. En Cofradía aprendimos muchísimo, pero, de repente, el territorio en el que participábamos y tocábamos se expandió, y nos encontramos con muchísimas personas… Pero cada uno fue confiado de lo que estudió, y de lo que nos habían enseñado. Siempre intentamos dar lo mejor, y que nos fuese bien a los dos nos dio mucha satisfacción”, señala, por su parte, Julián.

Ana, en tanto, cuenta: “El año pasado nos invitaron a hacer una audición para participar del encuentro en España, y, cuando nos enteramos que ambos habíamos quedado y viajaríamos juntos, nos dio una alegría enorme… Somos como hermanitos”.

“Desde que empezamos con la música compartimos el camino, y seguir aprendiendo juntos es genial”, añade.

“A partir de esta experiencia, imagino que las cosas van a cambiar mucho. Quedamos muy entusiasmados; nuestras carreras van a tener mucha más fuerza”, expone Ana.

Julián, en tanto, resalta lo que significa poder trabajar junto a Gustavo Dudamel: “Es uno de los directores más importantes que existen”.

“Además, estuvimos con profesores de las más grandes orquestas del momento, como la Filarmónica de Viena, la de Los Ángeles y la Simón Bolívar, de Venezuela”, agrega.

“Ese nivel lleva a que uno quiera dar lo mejor, y plantea intensificarlo aún más en el futuro”, explica, para luego sostener: “Esto no es un hobby, son muchas horas de estudio… Se trata de algo totalmente profesional, y será nuestro trabajo”.

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