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LA EXTENSIÓN EN EL HORARIO NO DERIVÓ EN MAYORES VENTAS

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31/05/2021

Mientras en Mitre rezan por turistas, en Onelli esperan que la gente cobre pronto

Mientras en Mitre rezan por turistas, en Onelli esperan que la gente cobre pronto
Mientras en Mitre rezan por turistas, en Onelli esperan que la gente cobre pronto

La extensión del horario de cierre en Bariloche apenas cambió el panorama para los comercios de las principales arterias de la ciudad.

En la calle Onelli, si bien las nuevas medidas propiciaron que se vea algo de gente caminando por las veredas (no demasiada), eso se tradujo solo en una leve alza de ingreso en las cajas.

Según los comerciantes, se observa que hay poca disponibilidad de dinero.

Apuntan a que, al estar a fin de mes, los ciudadanos aguardan cobrar en los próximos días -cuanto antes, mejor- el sueldo correspondiente a mayo.

Para colmo, en varios habitantes está el temor de un eventual nuevo cierre, y la poca plata disponible la atesoran para cuestiones esenciales, y, así, varios locales quedan afuera de la ecuación.

En el centro, en tanto, lo que se añora es la presencia de turistas.

Creyentes y no creyentes ponen velas a todos los santos para que arriben visitantes.

Macarena Tonon, por ejemplo, es empleada en una casa dedicada principalmente a las artesanías, y dijo que, tras haber vendido muy poco los días en que se vieron obligados a entregar solo encargos hechos en forma previa por Facebook o WhatsApp, el lunes no deparó mayores novedades. “Entraron dos o tres personas, nada más”, contó.

“Sin turismo, nosotros no trabajamos”, afirmó.

“Espero que esto se reactive para las vacaciones de invierno. Es un deseo, pero no sé si se cumplirá, aunque intento ser positiva”, expresó.

En cuanto a lo que sucedió en el verano, expuso: “Nuestro fuerte está dado por los chilenos, y obviamente no vinieron. Así que la temporada no tuvo punto de comparación con las anteriores. Pero, antes que la nada, puede decirse que fue buena”.

Anabela Peralta, que trabaja en una chocolatería ubicada en Mitre y Rolando, señaló que el sábado 22 se comenzó con atención por delivery, pero cerca del mediodía abrieron las puertas.

“Se consultó a la Municipalidad, y todos los negocios del rubro chocolates pudieron funcionar del mismo modo, restringiendo solo la cantidad de gente en el interior del comercio", apuntó.

Igual, aclaró que hubo pocos compradores.

En un primer momento, se notó la presencia de turistas que habían ingresado el viernes y se encontraban en pleno cambio de pasajes.

“Estaban a las corridas, buscando chocolates”, señaló Anabela.

“Otra cosa no podían hacer, porque no había ni excursiones”, añadió.

“De por sí, en mayo hay poco movimiento, pero esta vez, incluso hubo menos”, manifestó, para luego recordar viejas épocas, que hoy parecen muy lejanas, cuando, durante ese mes, “al menos se veía a algunos extranjeros y grupos de jubilados”.

Blanca Soto trabaja en una casa de empanadas. “La semana anterior, con el modo delivery, no se movió casi nada”, reveló, para enseguida aclarar que el lunes “tampoco hubo muchas ventas”.

“No hay turismo, y el que consume acá es el turista”, sostuvo. “Semanas atrás todavía se veía gente de Buenos Aires, Córdoba y otros lugares…”, suspiró.

Añadió que en el verano, con el visitante nacional, se vio movimiento, “pero la gente consumía lo justo y necesario”. “Se extrañan los turistas del exterior”, aseveró. 

Agustín Arregui atiende en un kiosco.

Explicó que, durante la semana anterior, había tan pocos transeúntes que se decidió abrir más tarde (de las 9 pasó a funcionar desde las 10).

“Por ahí pasaba una hora sin que entrara nadie”, soltó, en referencia a una situación impensada para un kiosco en plena calle Mitre.

En cuanto a lo que se vivió el lunes, expresó: “Por suerte, algo de movimiento se apreció. Que hayan extendido el horario ayuda bastante, sobre todo a comercios como este”.

En Onelli, en tanto, si bien se veía mucha circulación de autos, la tarde del lunes ofrecía un panorama con poca gente deambulando.

Resultó claro que, en gran parte, se debió al mal tiempo.

La lluvia y el frío no colaboraron.

Pero, sobre todo, los comerciantes hablaban de una falta notoria de efectivo en circulación.

Carlos Alonso es encargado de una zapatería, y apuntó a que “la gente todavía no ha cobrado, además de que eso se mezcla con cierto miedo a salir”.

Si bien la semana pasada, el local se mantuvo cerrado, cree que el sábado próximo, en caso de poder abrir con la modalidad de retirar en la puerta, como muchos negocios de esa arteria hicieron jornadas atrás, él se sumará a la modalidad.

“Porque es un momento importante para nosotros, ya que para esa fecha mucha gente cobra”, detalló.

Frente a la zapatería, Rubén Ley tiene un minimercado.

Indicó que “la semana anterior hubo muy poca gente”.

“Además, la falta de colectivos por un par de días, dificultó la situación”, sumó. Informó que, con la apertura, no se observaron muchas más personas.

“No hay dinero. Por ahí, algún empleado, cuando sale de su trabajo, puede comprar algo por la extensión del horario, pero no demasiado más”, manifestó.

“Veremos qué pasará a principio de junio, cuando la gente cobre”, comentó, para luego aclarar que, en vista al futuro, “habrá que tener en cuenta si la situación mejora y hay menos infectados, para poder mantener este horario”.

Justamente, en ese punto, dijo estar conforme con cerrar cerca de las 20 (vive cerca, así que demora solo un par de minutos en llegar a su casa), aunque reflexionó que los comercios esenciales (como el suyo) deberían trabajar una hora más que el resto, para evitar cierto amontonamiento que puede producirse sobre el cierre.

Rubén también se refirió a la falta de turistas: “Acá las personas vienen y comentan que no trabajan porque no hay turismo… Están los mozos, las mucamas, incluso los trabajadores de obra, porque toda la ciudad, directa o indirectamente, vive de eso”.

“Al menos, que venga turismo interno, para dar un giro comercial”, deseó.

En la feria Sin Fronteras, Jorge Castro Salinas vende buzos, remeras, pantalones de jogging, gorros, viseras y algunas cosas más.

Tiene setenta y un años.

Nació en Bolivia, pero vive en Argentina desde hace aproximadamente sesenta años.

Procedente de Buenos Aires, llegó a Bariloche en 1997.

Acá no podía conseguir trabajo. “Con cuarenta y pico de años, para la sociedad, yo era viejo”, recordó.

Así, comenzó a circular por los trueques que habían aflorado en aquella época. Luego, empezó a vender en la calle. De ahí, pasó a la feria.

Ante lo que sucede con la pandemia, sostuvo: “Es difícil mantenerse. Yo, dentro de todo, me arreglo, porque vivo solo, pero la gente que tiene familia no sé cómo hace”.

La semana anterior, la feria permaneció cerrada.

Y el regreso del lunes deparó apenas una escasa presencia de clientes.

Tras contar que la gente se fija cada vez más en el precio, para gastar lo menos posible, opinó: “No creo que vuelvan a cerrar todo… Muchas personas no lo aguantarían”.

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