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REGISTRO ÚNICO DE 1936

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18/04/2021

Las recorridas aéreas y terrestres de Bustillo con las que planificó el hotel Llao Llao y la región

Las recorridas aéreas y terrestres de Bustillo con las que planificó el hotel Llao Llao y la región
Las recorridas aéreas y terrestres de Bustillo con las que planificó el hotel Llao Llao y la región

La historia de Bariloche, sin dudas está ligada a numerosas personas que forjaron el crecimiento y desarrollo del pueblo que luego se convertiría en ciudad. También de lugares, que son protagonistas de maravillosas postales que recorren el mundo y que generan que miles de potenciales visitantes suspiren al verlas y quieran estar dentro de ese entorno natural.

Uno de esos nombres es el del arquitecto Alejandro Bustillo y uno de esos lugares, es el emblemático hotel Llao Llao. En la década de 1930, Alejandro delineó una tipología de arquitectura con lenguaje constructivo propio en San Carlos de Bariloche, imprimiéndole una inconfundible impronta europea, basada en la idea de cimentar la “Suiza argentina”.

Vista aérea de la planta urbana de San Carlos de Bariloche y lago Nahuel Huapi. Foto Antonio Lynch. Ca. 1936 (Colección Ayerza Lynch en Archivo Visual Patagónico).

 

Este admirado profesional, surgido del seno de la clase acomodada porteña, ya tenía por entonces en su haber magníficas obras en cascos de estancias, embajadas, museos y bancos. La mayoría de ellas, en Buenos Aires y alrededores.

En Bariloche, de la mano del joven urbanista y arquitecto Ernesto De Estrada, ideó la planificación urbanística de la región, creando las diferentes villas turísticas complementarias o anexas a Nahuel Huapi: Villa Llao Llao, Tacul, Catedral, Traful, Mascardi. Incluso en La Angostura, donde la arquitectura de Bustillo dejó sus huellas en mansiones y residencias, varias de ellas inspiradas en castillos franceses.

Para proyectar todo eso, primero requería de un conocimiento vasto de la zona, con una panorámica amplia. Hoy sería más sencillo hacerlo: con fotos satelitales, utilización de drones o simplemente usando Google Maps, es posible “recorrer” en pocos segundos, toda la topografía de la región, con sus bosques, montañas, lagos, llanuras y estepa.

Sobrevuelo por la región del Nahuel Huapi. Panorama del lago Gutiérrez mirando al Sur. Foto Antonio Lynch. C. 1936 (Colección Ayerza Lynch en Archivo Visual Patagónico).

 

Pero estamos hablando de hace casi 100 años y desde ya, todas esas herramientas tecnológicas no estaban ni a disposición, ni en la imaginación de nadie. Por lo tanto, entre su hermano Exequiel (quien por entonces era presidente de Parques Nacionales) y el propio Alejandro, encomendaron a Antonio Lynch, otro “gran planificador” de la época, un relevamiento fotográfico aéreo por toda la región.

Lynch formó parte de la comisión de Parques Nacionales siendo vicepresidente y mano derecha de Exequiel Bustillo. Sus opiniones y consideraciones tuvieron mucha injerencia en el proyecto de desarrollo de Nahuel Huapi. Fue un amante de la fotografía, así como del andinismo y el esquí.

Emplazamiento de la futura cancha de golf. Llao Llao. Foto A. Lynch. C. 1936 (Col. Ayerza Lynch en Archivo Visual Patagónico).

 

Ese amor inmenso por el deporte blanco lo llevó a ser un actor protagónico en el Club Argentino de Ski (CAS), miembro de la Federación Argentina de Ski y Andinismo (FASA), y gran parte de su vida la dedicó a la proliferación, fomento y difusión de las competiciones sobre las dos tablas, lo que le valió que se bautizara con su nombre al cerro Catedral, en su condición de Centro de Deportes Invernales.

Ese informe, Lynch lo hizo a bordo de un biplano de observación Vought Corsair, una aeronave diseñada en la segunda mitad de la década del 20 para cubrir un pedido de la Armada de los Estados Unidos. Su fuselaje estaba formado por tubos de acero, con alas de madera forradas de tela. Muchos fueron fabricados como hidroaviones o anfibios.

Así fue que un par de esos Corsair surcaron el diáfano cielo barilochense y crearon un documento histórico, que sirvió a Bustillo para planear todo lo que después se construiría en Bariloche: la iglesia Catedral, la hostería de la isla Victoria, la Intendencia de Parques, la capilla San Eduardo y muchos de los caminos que permitieron la comunicación vehicular y acceso, a los principales escenarios naturales y áreas protegidas, hoy una de las más extensas del país y de Sudamérica.

Antonio Lynch, Alejandro Bustillo, Exequiel Bustillo, Emilio Frey y amistades en el emplazamiento de la futura cancha de golf. Llao Llao. C. 1936 (Col. Ayerza Lynch en Archivo Visual Patagónico).

 

Hoy en estas líneas, compartimos las imágenes que datan de 1936 y pertenecen a la colección de Rafael Ayerza -nieto de Lynch-, quien las aportó al Archivo Visual Patagónico. Este importante registro aéreo, fue de suma utilidad para tener referencias geográficas de toda la zona y a partir de allí, realizar en paralelo, un relevamiento sobre el terreno, para tener las perspectivas precisas para cada proyecto que Bustillo pretendía llevar adelante.

Así fue como los hermanos Bustillo llegaron a Nahuel Huapi, para alojarse en la residencia de la familia Ortíz Basualdo en la estancia Huemul y luego recorrer la zona de Llao Llao, la cual había sido arrasada tiempo atrás por un gran incendio, que consumió un centenario bosque andino patagónico, donde predominaban los coihues, cipreses y otras especies de la región. La postal evidenciaba un paisaje único, en medio de un cementerio de árboles quemados.

En el libro “El despertar de Bariloche”, Exequiel Bustillo relata la impresión que le produjo el momento: “Llegamos a Bariloche y antes de seguir a Huemul nos pusimos de lleno en la tarea de ubicar el hotel. Recorrimos rápidamente el pueblo que en ese sentido no nos suscitó ninguna tentación. Seguimos entonces a Llao Llao, donde Alejandro, como quien descubre un brillante, no vaciló un solo minuto y descartando cualquier otra ubicación, aconsejo una pequeña meseta cubierta de bosque quemado como el sitio indicado para levantar el hotel”. Pretendían que ese lujoso alojamiento sea disfrutado por la aristocracia argentina de la época.

Alejandro Bustillo y Exequiel Bustillo sobre el sitio a emplazar el Hotel Llao Llao. C. 1936 (Col. Ayerza Lynch en Archivo Visual Patagónico).

 

En ocasiones, los Bustillo fueron acompañados por diferentes asesores y proyectistas, entre los que se encontraba don Emilio Frey, director del Parque Nahuel Huapi y presidente del Club Andino Bariloche, además de ser un destacado y comprometido vecino, topógrafo de profesión que durante años, puso en práctica sus conocimientos adquiridos en Europa, formando parte de la Comisión de Límites entre Argentina y Chile bajo la dirección de Francisco Pascasio Moreno.

No había lugar a dudas. La zona de Llao Llao, por su cercanía con los lagos Moreno y Nahuel Huapi y la proyección de un puerto, con los cerros López, Tronador y Capilla a sus espaldas y la magnificencia natural de ese punto, era el lugar indicado para erigir esa fantástica mole de piedra y madera que hoy es símbolo mundial de Bariloche y de la Patagonia.

Desde un principio, se pensó un hotel rodeado de una cancha de golf profesional, por lo que se convocó al experto en la materia, Alberto Del Solar Dorrego. De inmediato, comenzó a despejarse toda la zona devastada por el fuego con cuantiosas horas hombre, utilizando bueyes para mover frondosos troncos y mientras tanto, se fue analizando de dónde saldrían los materiales que tendrían que representar a la región.

Limpieza del emplazamiento de la cancha de golf. Llao Llao. Foto A. Lynch. C. 1936 (Col. Ayerza Lynch en Archivo Visual Patagónico)

 

El ingeniero Luther Koontz fue el responsable de la obra y por eso también fue parte de los relevamientos y fue quien decidió que el establecimiento sea construido con un especial estilo canadiense, con madera de ciprés a la vista, que fue trasladada en balsas desde la isla Victoria, lo cual llevó innumerables viajes por las frías aguas del Nahuel Huapi. Los relatos de época versan que fueron más de 5 mil, los cipreses utilizados del vivero forestal de la isla Victoria para dicha obra.

Para el techo, se eligieron tejuelas de alerce y las piedras fueron retiradas de una cantera de la zona.

El objetivo estaba claro: se buscaba construir un hotel internacional para desarrollar el potencial turístico de la zona, como así también crear poblaciones y comunicaciones. En ese marco, Exequiel Bustillo fue el responsable de que cientos de familias potentadas del país, construyeran en esta incipiente aldea, sus estancias, viviendas y chacras de veraneo. Bariloche era prácticamente un country de puertas abiertas.

La noche del 31 de diciembre de 1937 se llevó a cabo el primer baile social en sus salones, que "revistió brillantes contornos" según los diarios de la época. Pero fue oficialmente inaugurado el 9 de enero de 1938.

Se celebró una gran fiesta, que contó con la presencia del presidente de facto, el general Agustín Justo, además de personajes de la alta sociedad porteña. Todos de rigurosa etiqueta. Esa noche, la acaudalada dama Juana Devoto (a quien Alejandro le había construido su chalet) anunció que donaría el dinero necesario para construir la capilla San Eduardo.

Además, de la cancha de golf, el hotel contaba con telégrafo, correo, una sede del banco Nación, y hasta una farmacia. La explotación comercial fue confiada al Plaza Hotel de Buenos Aires, considerado entonces como el mejor del país, y gracias a la certera administración de esta empresa se contribuyó a que muy pronto el hotel fuera considerado como el de mayor prestigio dentro de la sociedad argentina.

A partir de allí, familias enteras viajaban con choferes y niñeras para alojarse por largas temporadas en este ostentoso resort que además tenía áreas de servicio, habitaciones intercomunicadas y una intensa vida social y cultural.Proyecto Hotel Llao LLao. A. Bustillo. C. 1936 (Col. Ayerza Lynch en Archivo Visual Patagónico)

 

Por Diego Llorente / Fotos: Archivo Visual Patagónico

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