Publicidad
 

CRÓNICA DE UNA BÚSQUEDA QUE NO DEJA DE SER ESPERANZADA

|
17/04/2021

Encontrar a Andrés Quinteros: una cuestión de perseverancia y fe

Encontrar a Andrés Quinteros: una cuestión de perseverancia y fe
Encontrar a Andrés Quinteros: una cuestión de perseverancia y fe

En la Playa del Viento, sobre el final de la tarde, cuando el reloj marcaba las 19, en ese momento del día donde, en esta época del año, la claridad suele darle lugar a cierto tono gris que precede a la oscuridad neta, el semirrígido llegó a la orilla.

A bordo, iban cuatro personas.

Estaban Pedro Mariano Nowakowski y Leonardo Leocata, quienes crearon la cámara subacuática con la que están intentando dar con el cuerpo de Andrés Quinteros, el muchacho que, el 9 de diciembre de 2020, supuestamente desapareció en las aguas del lago Moreno cuando el kayak en el que iba con Marcelo Vera –que salió del agua con principio de hipotermia– se dio vuelta.

También se encontraba Norberto Pulido, quien, para esta búsqueda puntual, aportó su embarcación, que cuenta con una ecosonda que habitualmente, cuando sale a pescar, suele utilizar para ubicar zonas con peces.

Nowakowski y Leocata aceleraron la concreción del proyecto de la cámara (que, de todo ir bien, servirá para filmar escenas de la película “Bajo superficie”, del cineasta Miguel Ángel Rossi, un filme de docuficción basado en la leyenda del Nahuelito), porque, desde que se enteraron de lo que sucedió con Andrés, se propusieron intentar dar una mano.

Este es el segundo recorrido que hacen con tal fin en el Moreno.

Apenas tuvieron lista la cámara, la probaron a profundidades mayores en el lago Nahuel Huapi, y luego, el viernes santo, en una embarcación de Prefectura, hicieron el primer trayecto en la Playa del Viento.

Esta vez fueron con el semirrígido que facilitó Pulido.

Pero, como ya se dijo, a bordo iban cuatro personas.

A los dos fabricantes de la cámara, y el dueño del bote, debe agregarse la figurita difícil de este rompecabezas: Marcelo Vera, aquel que salió solo del agua el atardecer fatídico de diciembre.

Y, cuando este sábado volvió a emerger del Moreno, resultó curioso que Mirta Nicolás, mamá de Andrés, decidiera acercarse a él.

Por muchos motivos.

Primero, porque siempre la familia comentó cierta frialdad del muchacho, sobre todo en lo que hace a la comunicación.

Es decir, afirmaron, una y otra vez, que el joven no los había llamado nunca.

Y, a fuerza de ser sinceros, vale aclarar que, a excepción del par de veces que se requirió su presencia en diciembre, para que marcara la zona donde habría sucedido el accidente (cuando señaló dos lugares distintos), nadie lo vio participar de los recorridos que se hicieron por la orilla, en pos de encontrar algún rastro de Andrés.

Puede ser que haya quedado afectado, que le haga mal volver sobre el terreno de la desgracia, pero lo cierto es que los familiares del joven desaparecido tomaron su ausencia como una indolencia hacia los deudos.

Este sábado, incluso, a las 16.15, ingresó a la Playa del Viento por un sector alternativo, no por el principal, donde se encontraban los papás de Andrés, junto al abogado de la familia, Jorge Alejandro Pschunder.

Así, sin emitir saludo alguno, hizo señas a quienes estaban embarcados en el semirrígido (que habían comenzado la búsqueda apenas pasadas las 15) para que lo subieran a bordo.

El bote se acercó, y Vera se subió rápidamente las botamangas para meterse en el lago y, de ahí, a la embarcación, cosa de no tener que cruzar palabra con los familiares del muchacho desaparecido.

Por todo eso, resultó extraño que Mirta decidiera ir a hablar con él cuando llegó a la costa.

Incluso se podía temer un momento tenso.

¿Se acercará para recriminarle algo de su accionar?, era la pregunta que flotaba en el ambiente.

Sin embargo, respetuosa, la mujer, en un tono de voz bajito, casi pidiendo permiso, simplemente le requirió si podía informarle por qué sector del balneario habían ingresado con el kayak el día malhadado.

Vera le dijo, sin mayores detalles, que se metieron en el agua por el mismo lugar donde estaban ubicados en ese momento, es decir la entrada principal.

Ante un par de repreguntas de la mujer (que siempre le habló con amabilidad), el joven le indicó que armaron las cañas de pescar en uno de los costados, sitio en el que se ubica un muelle viejo, y que luego habían ido lago adentro, donde se habría producido el vuelco del kayak.

Después, Vera se secó los pies, se colocó el calzado, y partió por uno de los costados, nuevamente en silencio, sin saludar a los familiares de Andrés.

Quizá sea la forma en que lleva su cruz particular, su pesar por la ausencia del amigo.

Pero es entendible que, en los allegados a Andrés Quinteros, su actitud cause cierto resquemor.

Igualmente, el resto de los embarcados en el semirrígido coincidió en destacar que, a bordo, el muchacho había sido de utilidad, y que, en todo momento, intentó colaborar y ser lo más preciso posible en la ubicación.

Aunque quienes estuvieron las ocasiones anteriores en que Vera marcó dos supuestos puntos del accidente, al observar desde la orilla hacia dónde dirigía el joven esta nueva búsqueda, pensaron que se trataba de un tercer lugar, los mismos dueños de la cámara confirmaron que, en realidad, el sector al que los llevó estaba dentro del espacio que Prefectura les había demarcado como posible sitio.

Más allá de todo, lo cierto es que esta vez tampoco hubo suerte: el cuerpo de Andrés no fue detectado.

Pero, a partir del nuevo artefacto tecnológico, se abre una esperanza que quién sería capaz de negarle a la familia…

“Ya se lo habíamos dicho, señora, esto es una aguja en un pajar”, le dijo Leonardo Leocata a Mirta, apenas salió del agua.

Y la mamá de Andrés contestó: “Lo sé, lo sé…”, como un mantra de aceptación en el que todavía perdura un atisbo de fe.

Nowakowski y Leocata le prometieron que, cuando el tiempo lo permita, seguirán en la búsqueda.

Fue una tarde larga la del sábado…

Los padres de Andrés, Mirta y Juan, llegaron temprano.

La orilla fue un lugar de confesiones, de sentimientos que se hacían voz, de agradecimientos, e incluso de proyectos.

Por ejemplo, Anita, la hermana menor de Andrés, contó que la posibilidad de buscar al joven con el nuevo artefacto había surgido a partir de un comentario de su tía, Claudia, hermana de Mirta, quien leyó un artículo sobre la fabricación de la cámara en relación a una película sobre el Nahuelito (la ya mencionada “Bajo superficie”).

Claudia misma, de bajo perfil, un rato después confirmó el dato.

También hubo charlas sobre lo que sucedería si la cámara detectara los restos de Andrés.

Así, por un lado, se citaba la posibilidad de utilizar buzos tácticos, acostumbrados a bucear a grandes profundidades (aunque se requeriría una cámara hiperbárica que los asistiera durante el proceso), como incluso la idea de colocar una especie de gancho en la misma cámara subacuática, para que actuara a modo de un brazo mecánico de un ROV sumergible (es decir un vehículo operado en forma remota), aparato que, al menos con el que cuenta la Armada, se afirmó que no podría actuar en el lago Moreno, ya que la cantidad de piedras que se ubican en el fondo sería un impedimento para su accionar.

También es cierto que Mirta se daría por satisfecha con tener la certeza de que su hijo se encuentra ahí, en algún lugar de la profundidad del lago, y aun en caso de que no fuera factible sacarlo, al menos saber que sería posible depositar flores en la orilla, como una forma de recordarlo.

La mamá aprovechó para agradecer una y otra vez a la fiscal Betiana Cendón. “Dijo que iba a agotar todas las posibilidades existentes antes de tomar la medida de cerrar el caso”, señaló.

Según contó Mirta, fue justamente la fiscal quien le solicitó a Marcelo Vera que acudiera para brindar precisiones sobre el área a registrar.

Por otra parte, el letrado Pschunder se refirió a las grabaciones de las cámaras de seguridad de las viviendas de la zona, ya que se tenía la esperanza de que alguna de esas imágenes pudiera confirmar el ingreso de Andrés en el lago, porque sólo se cuenta con la palabra de Vera al respecto, y, como se ha dicho, la relación de ese muchacho con la familia Quinteros, tras los sucedido, no se desarrolló (y, con anterioridad, era inexistente, debido a que no era alguien sobre quien Mirta o Juan supieran demasiado, más que alguna vez había compartido alguna salida con el hijo).

Los registros visuales, según indicó el abogado, fueron borrados por la policía sin que ellos llegaran a observarlos. Según les dijeron, no se detectaba nada que fuera de utilidad para la causa. Igualmente, ante la duda, el profesional expresó que le solicitaría a la fiscal que, de ser posible, volviera a requerir ese material, en caso de que los vecinos aún contaran con copias, para verificar que realmente fuera así, ya que la cuestión quedó en una nebulosa difícil de comprender.

Pschunder aclaró que ellos no están actuando como querellantes, por lo que destacó precisamente la buena voluntad de la fiscalía en cuanto a la recepción de sus opiniones y el tenerlas en cuenta a la hora de proceder en la causa.

La tarde del sábado también estuvo presente el tío de Andrés, Leonardo Nicolás, quien se ha puesto al frente de un proyecto derivado de lo que sucedió con su sobrino.

Tras la desaparición, hubo varias caminatas por la orilla del lago, donde se apreció lo dificultoso que resultaría, para cualquier persona que tuviera un inconveniente en el lugar, tratar de deambular por ahí.

Más allá de lo complicado de la geografía (pendientes, vegetación, zonas rocosas), notaron que alambrados de propiedades privadas iban mucho más allá de lo permitido, imposibilitando el paso.

Desde entonces, Leonardo se propuso delinear un sendero ecológico educativo, para que, por un lado, ese sitio sea transitable, y, en caso de que alguien tuviera un accidente, pudiera contar con una salida, pero, además, para que la población de Bariloche, especialmente el sector escolar de la sociedad, contara con un lugar donde aprender de la ciudad y disfrutar del paisaje.

Así, en medio de una tarde con sus bemoles (expectativas, pero también preocupación por la posibilidad de un nuevo revés), el tío de Andrés (que en realidad se sentía un hermano, porque se criaron muy unidos) contó que el lunes comenzará a tratarse en comisiones el proyecto de ordenanza acerca de ese trayecto.

Leonardo señaló que hace aproximadamente un mes se reunió con el intendente, quien dio su visto bueno a la propuesta.

Además, unos días atrás, teniendo en cuenta que el proyecto es impulsado por la concejala Julieta Wallace, del Frente de Todos, pero que la idea es que el sendero por la costa del Moreno se concrete más allá de partidos políticos, el tío de Andrés conversó con la titular del Concejo, Natalia Almonacid, de Juntos Somos Río Negro, quien también se mostró entusiasmada y, días después, le comunicó que Gustavo Gennuso había señalado que “el Ejecutivo estaba interesado, y se dispondría del presupuesto para concretarlo”.

En ese sentido, tanto para Leonardo como para el resto de la familia, la idea de impulsar algo luminoso es una especie de quitapenas que los mantiene a flote.

Y eso, en una situación de dolor sin fin, es digno de destacar.

Porque, a medida que las jornadas pasan, el tormento no merma; al contrario, suele acrecentarse.

En un aparte, junto a la orilla del Moreno, Mirta confió que eso sucede con su marido.

Juan careció de una figura paterna y, padre de tres hijos, el único varón se transformó en su compañero.

Ahora, lo extraña cada vez más.

Mirta develó, por ejemplo, que, en sus viajes nocturnos (es remisero), resulta común que termine con su auto estacionado junto a la costa, en la Playa del Viento.

“A él le cuesta mucho”, dijo la mujer, ante un suave vaivén del lago.

“Por eso, cuando le agarra la pena, él se viene, a la noche…”, añadió.

Mirta también habló de su propio sentir: “Lo tuve en mi panza, le di el pecho, lo crié, le di todo lo que una mamá puede darle a un hijo… Era un chico reservado, bueno… Me queda la conciencia tranquila de que voy a agotar todos los medios para encontrarlo”.

Luego, le confió al cronista: “Y si se tiene que quedar acá… Mire el paisaje… El lugar es hermoso… Si no lo puedo sacar, así será, pero, al menos, quiero saber que está en este sitio… Ya algún día me encontraré con él… es lo que me dice mi fe”.

Christian Masello Fotos: Facundo Pardo

¿Que opinión tenés sobre esta nota?