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LA HISTORIA DE VALENTÍN, UN PEQUEÑO GUERRERO HABLADOR

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30/03/2021

Nació con un problema cardíaco y necesita ayuda

Nació con un problema cardíaco y necesita ayuda
Nació con un problema cardíaco y necesita ayuda

Valentín Balmaceda habla mucho.

Las palabras le brotan.

Habla, habla, y después, según cuenta su madre, habla un poco más.

Hasta dos segundos antes de dormirse, posee algo para decir.

Tiene ganas de contar la vida.

La suya no ha sido fácil.

A punto de cumplir once años, se ha hecho más estudios médicos que gran parte de los adultos.

Nació el 24 de abril de 2010, en el Hospital Zonal "Dr. Ramón Carrillo".

En la jornada siguiente, durante el control que se realiza a las veinticuatro horas del parto, le notaron algo raro.

“Lo llevaron y, después, me vinieron a decir que tenía un problema en el corazón”, cuenta Rosa Ávila, su mamá.

“Se me cayó el mundo”, afirma.

Le indicaron que deberían trasladarlo.

Aunque en un principio se pensó en Neuquén, luego los médicos consideraron que la mejor opción era Buenos Aires.

Valentín cumplió cuarenta y ocho horas de vida arriba de un avión sanitario.

“Viajó en una incubadora, todo entubado”, dice la mamá.

Al llegar al hospital Garrahan, por la mañana, lo condujeron a hacerle estudios, y, recién a las 22, le explicaron a Rosa que Valentín padecía tetralogía de Fallot.

Se trata de un defecto cardíaco congénito que implica cuatro anomalías en el corazón y sus vasos sanguíneos: comunicación interventricular (orificio entre los ventrículos izquierdo y derecho); estrechamiento de la arteria pulmonar (la válvula y la arteria que conecta el corazón con los pulmones); cabalgamiento o dextraposición de la aorta, que se traslada sobre el ventrículo derecho y la comunicación interventricular, en vez de salir únicamente del ventrículo izquierdo; engrosamiento de la pared muscular del ventrículo derecho. 

“Las valvulitas del corazón están mal”, resume la mamá.

Esta malformación puede hacer que se reduzca la cantidad de oxígeno de la sangre que va hacia el resto del cuerpo.

“Lo podemos estabilizar, o se nos muere…”, anunció una médica.

“En ese momento resultó horrible, chocante, pero fue sincera y nos dijo las cosas como eran… ahora lo agradecemos”, relata Rosa, quien recuerda que, en aquel momento, se descompuso, y la misma doctora le soltó: “O te tranquilizás y ves a tu hijo, o venís mañana; hay que tratar de no llorar, porque él necesita fuerza”.

Así, la mamá destaca la mirada que, desde bebé, ha tenido el nene, “llena de esperanza, con ganas de salir adelante”.

A Valentín le gusta la música.

Su grupo preferido es Queen.

Y el primer vocablo que se le escuchó, la primera de esas palabras que ahora le salen a borbotones, no fue “mamá”, sino el nombre de un músico de One Direction, tal vez influenciado por sus hermanos (tiene dos: Mariel y Ramiro, que ahora poseen 21 y 18 años, respectivamente).

A los cinco meses de edad, en un viaje de revisión a Buenos Aires, los médicos decidieron que había que operarlo.

Cuando salió de la anestesia, vomitó y, hablador precoz, balbuceó “perdón”…

Le cerraron la comunicación interventricular con un parche, pero los médicos advirtieron que había quedado una pequeña fuga.

 

Valentín debe hacerse revisiones todos los años en el Garrahan.

Lo ideal sería no volverlo a intervenir hasta que alcance los dieciséis años, cuando habría que colocarle una válvula pulmonar artificial.

Si se la pusieran antes, como su cuerpo está en crecimiento, la prótesis quedaría chica y tendrían que operarlo en varias ocasiones, lo que resultaría por demás complicado.

Las revisaciones son importantes porque, si no quedara otra opción, de acuerdo a su estado, igualmente debería intervenirse.

En Bariloche solo se efectúa ecocardiogramas, mientras que en Buenos Aires los estudios son mucho más profundos.

Por ejemplo, en el próximo viaje, debe llevarse a cabo un monitoreo con un Holter, un dispositivo electrónico de pequeño tamaño que registra y almacena el electrocardiograma del paciente durante al menos veinticuatro horas.

También se realizará una resonancia.

“Le explicamos de qué se trata, porque es la primera vez que se hará una. Le mostramos fotos del aparato del Garrahan, y él, además, estuvo investigando”, indica Rosa.

“Sabe que se tiene que quedar tranquilo, porque, si no, lo van a anestesiar, y va a estar más tiempo en el hospital; además, se encuentra al tanto de que una anestesia puede traer complicaciones, entonces ya se mentaliza acerca de que debe mantenerse quieto”, añade.

Los estudios médicos no son algo nuevo para Valentín.

En algún momento, le tocó hacerse un cateterismo cardíaco.

Aquella vez, sus papás le explicaron que le iban a dar algo para tomar, se dormiría, y luego se reencontrarían.

En esa ocasión, al igual que sucedió cuando era bebé, al salir de la anestesia, vomitó.

La enfermera que lo acompañaba reveló que Valentín, todo un caballero, con una inocencia suprema, y el pensamiento puesto en los demás, no paraba de disculparse…

Si bien debería ir todos los años al Garrahan, ya van a hacer tres que no va.

En 2019, los padres no consiguieron turno.

“Las agendas estaban saturadas”, recuerda Rosa.

En 2020, en tanto, la pandemia puso un freno impensado. 

La llegada del COVID-19 no solo impidió que Valentín acudiera a Buenos Aires, también lo aquejó emocionalmente.

Lo que no pudo la afección cardíaca, que él acepta como algo casi natural, ya que nació con ella y está acostumbrado a convivir con esa característica, lo consiguió el coronavirus: ponerlo nervioso.

“Tengo miedo, ¿qué va a suceder?”, preguntaba. 

Rosa afirma: “Realmente la pasaba mal. En casa, dejamos de ver las noticias; y comenzó a ir al psicólogo”.

Ahora está más tranquilo, pero la familia igualmente trata de que no mire televisión en el horario de los informativos.

En cuanto al colegio, el sexto grado lo está cursando en la escuela 266 en forma virtual; no puede concurrir al establecimiento porque utilizar el barbijo durante tres horas seguidas lo ahoga.

“Camina cuatro cuadras y se agota”, ejemplifica Rosa, sobre la fatiga que implica para Valentín hacer un esfuerzo físico.

“No puede jugar a la pelota como otros nenes de su edad, porque se cansa enseguida”, sostiene la mamá.

“No se esfuerza, sabe que el cuerpo no le da, entonces juega un rato y se sienta”, apunta.

“Si se extenúa, puede ponerse azul (lo que es una característica producida por la afección). Ahora no pasa mucho, pero, de bebé, sí le sucedía. No lloraba, pero se teñía de azul”, añade.

“Es consciente de sus limitaciones. Por ejemplo, sabe que no debe comer con sal, entonces, si va a algún lado, pregunta si lo que le ofrecen es salado, y, si le contestan que sí, dice que no puede comer; se cuida solo”, sostiene.

Tras la imposibilidad de acudir al Garrahan en 2019 y 2020, el horario de las 8 del 31 de mayo de este año está reservado para que Valentín se haga la resonancia en aquel nosocomio.

Esa misma jornada, a las 11, debe encontrarse con su cardiólogo.

Falta que le confirmen el día del Holter.

Mientras tanto, continúa hablando.

También practica beatbox, es decir la imitación de sonidos rítmicos con la boca.

Y habla.

No para de escuchar música.

Y habla.

Cuando descubre una banda, investiga todo sobre ella, pero su grupo preferido sigue siendo Queen.

Y habla.

Es un niño muy sociable.  

“Habla hasta por los codos, no hay forma de que se calle”, dice la mamá.

Valentín ambiciona narrar la vida.

Ayuda

Los viajes a Buenos Aires, a lo largo de los años, han significado un esfuerzo enorme para una familia humilde.

Desde hace tiempo, allegados comenzaron a realizar encuentros donde bandas de diferentes géneros ofrecen shows a beneficio del pequeño.

La séptima edición del Valentín Fest se realizará el viernes y el sábado, a partir de las 13, en el Paseo del Lago. 

Durante los recitales, habrá alcancías para reunir fondos destinados a solventar el próximo viaje.

La familia nunca sabe cuántos días deberán quedarse.

En ocasiones, han surgido contratiempos que extendieron las estadías mucho más de lo imaginado.

Trasladarse, el alojamiento, la comida… todo significa un gasto importante.

Por eso, más allá del festival, también se pusieron a la venta números para una rifa, que, en principio, contará con cuadros y una cena como premios.

Aquellos que deseen participar del sorteo, como también colaborar con alguna donación, pueden comunicarse al +54 9 294 461-3102.

En Facebook, en tanto, se puede obtener información en el grupo público Todos por Valentín.

Christian Masello

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