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APROVECHAR LA MONTAÑA

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30/03/2021

El refugio Jakob promete un otoño de aromas y colores

El refugio Jakob promete un otoño de aromas y colores
El refugio Jakob promete un otoño de aromas y colores

En vísperas de Semana Santa, el refugio San Martín (más conocido como refugio Jakob, por el nombre de la laguna situada en sus inmediaciones), renueva su propuesta para un otoño que promete estar lleno de aromas y colores. Aromas por la buena gastronomía que ofrece y colores por los tonos que adquieren las lengas durante el otoño.

“Fue un verano diferente, atípico a todos los años que llevo en el Jakob”, afirmó Claudio Fidani, quien trabaja hace más de cuatro décadas en el lugar. El coronavirus, que modificó muchísimas cosas en el mundo, también cambió los hábitos en los refugios de montaña.

La obligación de realizar una reserva previa por internet y la limitación en la afluencia modificaron sustancialmente las costumbres del lugar, donde históricamente todos los caminantes tenían albergue después de llegar. Y los grupos numerosos no suben más. Pero no todo es negativo, la menor afluencia permitió que el servicio sea más personalizado y la estadía más confortable.

Fidani administra el refugio con sus hijos, lo que constituye el mejor sistema para operar un albergue en montaña. Por algo, el Jakob es uno de los dos mejores refugios del Parque Nacional. Y su sendero, por el valle Casa de Piedra, luce en perfecto estado y garantiza un acceso seguro.

Fue diseñado para ser transitado durante el invierno con esquíes, lo que hace que sea bien amplio. Otro plus que tiene es que en el inicio de la picada el automóvil puede estacionarse en el puesto de los Baez, donde debe pagarse 200 pesos diarios, pero hay custodia. El trayecto, de 18 kilómetros, demanda entre 4 y 6 horas de marcha. Se debe llevar una mochila, bolsa de dormir y algo de abrigo para la noche.

Claudio, y sus hijos, Lucas, Nicolás, Bianca, Ananda e Indira, se aprestan a recibir a los visitantes en Semana Santa. “No haremos la tradicional paella de años anteriores, pues no podemos recibir más de 30 personas por noche, pero habrá buena gastronomía”, explicó Fidani.

El refugio tiene cuartos independientes, para 3 y 4 personas, y todo el servicio fue modificado a los protocolos del COVID-19. El salón comedor es amplio y las mesas están separadas. Hay una promoción de contratar el pernocte y una cena completa con desayuno por 3.600 pesos. La comida tiene entrada, plato principal y postre y puede complementarse con variedad de bebidas. Pero se permite que cada uno lleve su vino. El desayuno incluye cereales con yogurt, café o chocolate con leche y tostadas de pan y dulce casero.

Desde el refugio pueden emprenderse varias excursiones, siendo la más tradicional la visita a la laguna Los Témpanos. Otra opción es subir los cerros Cella, Cuernos del Diablo o realizar la tradicional travesía a Laguna Negra. Pero también puede admirarse el paisaje que rodea el refugio y la laguna, que en otoño se tiñe de múltiples colores. El inmueble pertenece al Club Andino Bariloche y la primera construcción data de 1952. Desde entonces, muchas cosas cambiaron. El refugio actual se asemeja a una pequeña hostería en la montaña. Pero mantiene el espíritu de los pioneros y ofrece comida y refugio a los caminantes que, con reserva previa, llegan al lugar.

En el Jakob, y en todos los refugios de montaña, hay esperanza que a pesar del coronavirus los senderos y los albergues del Parque Nacional no se cierren nunca más. Comprobaron que en la naturaleza es donde menos contagios de COVID se generan.

Por Tonchek Arko

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