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A 45 AÑOS DEL GOLPE, MARCHARON PARA NO OLVIDAR

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24/03/2021

Las voces del Día de la Memoria

Las voces del Día de la Memoria
Las voces del Día de la Memoria

A cuarenta y cinco años del golpe que instauró en el país a la última dictadura, cientos de personas marcharon por la ciudad, desde Onelli y Brown hasta el Centro Cívico, con un canto predominante que prometía: “Como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar”, en referencia a los que llevaron adelante acciones de terrorismo de Estado durante aquella época.

Pero, más allá del recuerdo hacia los años de plomo, también sobrevolaron pedidos de justicia puntuales, sobre crímenes perpetuados más acá en el tiempo.

Por ejemplo, Liliana Ceballos, del Frente Popular Darío Santillán, reclamaba por la resolución del asesinato de Giselle Monje, quien despareció el 8 de diciembre de 2013, y tres días después su cuerpo apareció apuñalado en un descampado del barrio Vivero Municipal. Aún no se sabe quién la mató.

“Me parece honorable salir por las calles para pedir por las personas que no están”, dijo Liliana, quien además comentó: “Tengo hijas, y deseo caminar tranquila junta a ellas, sabiendo que vamos a regresar vivas a casa”.

Liliana, de treinta años, sabe sobre el denominado Proceso de Reorganización Nacional lo que le comentó su madre, quien con dolor le decía que, en Buenos Aires, donde vivía, no se podía estar en paz. “Siempre tenía que andar a las corridas; iba a tomar mate a una plaza y llegaban los militares a patotear”, manifestó la integrante del Frente Popular Darío Santillán.

En la marcha, abundaron insignias de agrupaciones de izquierda. Al pasar frente al Hospital Zonal Ramón Carrillo, se produjo un momento particular.

Cuando notaron que personal del nosocomio, desde las escalinatas ubicadas en el ingreso de la calle Moreno, aplaudía el paso de las columnas, quienes encabezaban la manifestación con una bandera de H.I.J.O.S. frenaron el andar, giraron, y ellos también brindaron aplausos dirigidos a las enfermeras que, desde lo alto, saludaban.

Algunas de las pancartas que se vieron respondían a la Asociación Trabajadores del Estado (ATE). La secretaria general de la seccional local, Úrsula Caracotche, indicó que marchaban para “exigir justicia por los crímenes de ayer y hoy”.

La mujer, que nació en el año en que se produjo la llegada de los militares al poder, recordó que, de chica, en su casa, a pesar de que su madre era un ser comprometido socialmente, con actividad en juntas vecinales, no se hablaba mucho de lo sucedido en los setenta.

“Soy de Lincoln, un pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires, y allá, en general, no había demasiados comentarios sobre aquella temática. Incluso, en la ciudad hubo un desaparecido, y recién mucho tiempo después comenzaron a producirse referencias a él”, señaló.

Así, al comparar aquel silencio preponderante de años atrás, con lo que sucede en los colegios en la actualidad, donde la cuestión es parte de las charlas de maestros y alumnos, consideró: “Que se plantee el tema en el aula es un avance histórico. Es muy importante que haya un espacio para reflexionar acerca del Día de la Memoria; cuando yo era chica, eso no sucedía”.

“Recién al entrar en la adolescencia, y por inquietud propia, por ahí a partir de algún dato que aparecía, comenzabas a indagar y te enterabas que había muchos hijos de tu edad que estaban lejos de sus familias. Ahí empezabas un camino en la lucha por los derechos humanos”, explicó.

Norberto Rodríguez tiene sesenta y un años, y es parte del Observatorio por el derecho a la ciudad de Bariloche, un grupo que definió como “apartidario, aunque con una posición de izquierda”.

Contó que en el 76 él cursaba el último año de secundario en la Escuela Nacional y Comercial de Vicente López.

“No sabía bien lo que sucedía, porque no estaba muy metido en política, aunque recuerdo que, ya desde 1975, con la Triple A en funcionamiento, había mucho movimiento, incluso con tomas del colegio”, rememoró.

Más allá de todavía no intervenir en política, cosa que haría bastante más tarde, sobre finales de la dictadura, con un acercamiento al radicalismo que luego derivó en una simpatía por el Partido Intransigente, en aquellos revolucionados setenta solía pasar que padres de allegados transmitieran que no sabían nada de sus hijos…

“Duele mucho recordar a compañeros con los que jugaba a la pelota, con los que compartía el aula, que seguramente  pasaron por la tortura y fueron desaparecidos”, expresó.

Mencionó también la vez que fue a un recital de Sui Generis que, ante la llegada de la policía, se suspendió.

Los uniformados pidieron los documentos y, como no los llevaba encima, un amigo tuvo que ir en busca de los padres para que lo fueran a retirar.

Además, recordó que si caminabas junto a más de una persona también te paraban y pedían la documentación.

“Me pasó varias veces. Si iba con un par de amigos, frenaban dos Falcon, se bajaban seis u ocho tipos y te ponían contra la pared”, contó.

“No se podían hacer reuniones de ninguna clase. Te limitaban la libertad absolutamente, sobre todo a los jóvenes”, redondeó.

Nery Cárcamo, en tanto, de la Comisión Pro Encuentro Nacional de Mujeres, sostuvo que el 24 de marzo “remite a la violación de todos los derechos, tanto de las mujeres como de los varones que fueron asesinados”, y vinculó lo que sucedió durante la dictadura con el femicidio de Guadalupe Curual en Villa La Angostura, hace poco más de un mes, ya que, según relacionó, “también ahí se violó el derecho a la vida”.

Igualmente, aclaró que, por más que está por cumplir sesenta años, ella no vivió la época del Proceso, ya que se encontraba en su país de origen, Chile, donde sí le tocó vivir la violencia de Estado de muy cerca.

“Era aberrante lo que pasaba en Latinoamérica en aquellos años, cuando no se respetaba a las instituciones”, reflexionó.

Ella vivía en el sur del territorio trasandino, donde aseveró que la violencia era incluso mayor que en Santiago. “Todo era más alevoso; actuaban con mayor impunidad”, sostuvo.

Su familia militaba en el destituido socialismo, y, cuando tenía doce años, le tocó sentir cómo un carabinero apoyaba un fusil en su pecho.

Nery cruzó a la Argentina en 1984, cuando acá había vuelto la democracia, pero en Chile todavía reinaba el terror pinochetista. En ese sentido, dijo que, con su familia, conformó un grupo de “exiliados políticos y económicos”.

La sociedad chilena debería esperar hasta el 11 de marzo de 1990 para festejar la llegada de la democracia.

Christian Masello/ Fotos: Fabio Hernández

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